El romanticismo en música

Mario Guzmán | Músico.-

El pensamiento occidental tiene sus raíces en la filosofía y pensamiento griegos, cuyas teorías y cosmovisiones van a tener mayor o menor peso en diferentes épocas. En la historia moderna, encontramos una alternancia entre períodos apolíneos y dionisiacos, términos que utilizó Nietzsche para describir los impulsos centrales de la cultura griega. Apolo simboliza lo ordenado, moderado, proporcionado y racional, mientras que Dionisio, dios del vino y la festividad simboliza lo instintivo, lo orgiástico, emocional e irracional.

Durante el periodo romántico, van a  tomar una gran importancia las teorías derivadas del pensamiento de Platón. En el cosmos platónico todo tiene su origen en el mundo suprasensible, es el universo de las ideas, de lo ubicuo y lo eterno, un universo fijo e inmutable, donde no existen ni el tiempo ni el espacio.  Este es el mundo que conoció el alma humana antes de encarnarse en esta vida. Un universo donde lo que existe no es más que el reflejo de los absolutos: lo bueno, lo bello y lo verdadero. El alma, al unirse al cuerpo olvida este mundo suprasensible, aunque no completamente. El hombre como unión alma-cuerpo experimenta una nostalgia esencial, se siente incompleto, solo y desorientado en este mundo y busca regresar a ese origen.

El romanticismo entonces, es un periodo predominantemente dionisíaco, cuyo pensamiento inicia principalmente en la literatura y donde la idea del alma como fuente de conocimiento y la introspección como método, va a dar origen a una serie de características. Es preciso que el hombre descienda a su interior y encuentre ahí los múltiples vestigios que, en el amor, en el lenguaje, en la poesía, en todas las imágenes del inconsciente, pueden recordarle aún sus orígenes. Es preciso que redescubra, en la naturaleza misma, todo aquello que, oscuramente, despierta en el fondo de su alma la emoción de una semejanza sagrada; es preciso que se apodere de estos gérmenes adormecidos y que los cultive.

Anteriormente, la música cumplía funciones meramente utilitarias y recreativas. El músico era un asalariado al servicio de la iglesia o de sus mecenas, con la obligación de producir música adecuada a las exigencias inmediatas. La música debía acompañar y raramente se le otorgaba una función autónoma. En la liturgia, debía predisponer al creyente para la oración, mientras que en otras ocasiones debía contribuir a generar un ambiente festivo para acompañar banquetes y reuniones. La asemanticidad musical, colocaba a la música en un lugar en la periferia.

Para el pensador romántico en cambio, es precisamente esta asemanticidad la que va a constituir el máximo valor intrínseco musical. La música va a tomar una posición central entre las artes por primera vez en su historia. Se le considera un lenguaje que puede comunicarse directamente con el alma y que es capaz de expresar lo esencial y lo universal. Esto originó varios cambios en la relación entre el músico y la sociedad:

Los mecenazgos llegaban a su fin, por lo que los compositores debían complacer a una naciente clase media burguesa, formando una relación comercial con ella. De esta relación nacen los conciertos públicos.

Comienzan a separarse los roles de compositor e intérprete. Las exigencias técnicas en el instrumento, necesarias para sustentar por un lado los nuevos requerimientos formales y por otro la viabilidad comercial de los conciertos, tuvieron como consecuencia que cada vez fuese más difícil para los compositores ejecutar su propia música y al mismo tiempo alejaron a los ejecutantes especializados de la práctica compositiva.

Se consideraba al artista como a un talento sobrenatural, poseedor de una personalidad hipersensible. Es la época del artista-héroe que se encuentra en contacto constante con su yo interno y que tiene la posibilidad, por medio de esa relación, de experimentar la anamnesis y recordar aquéllas melodías perdidas en el comienzo del tiempo y de penetrar en los misterios del universo.

“El arte por el arte”. Hay ya una conciencia de creación artística. Ya no es necesaria la justificación fuera de su excelencia intrínseca.

Se produce arte no para el consumo diario sino para la ocasión especial y para la eternidad. El artista se dirige sólo a unos elegidos: quienes hayan padecido el rito iniciático del sufrimiento.

En el ámbito formal, el músico romántico rechaza todo lenguaje previo para buscar procedimientos de expresión personales. La originalidad, se convierte en uno de los criterios esenciales, lo que resulta en una mayor libertad formal.  Es precisamente durante los periodos romántico y post-romántico que se da la disolución final del lenguaje armónico tonal que había constituido la base del lenguaje musical desde principios del barroco. La música tonal había llegado hasta sus últimas consecuencias.

sensemaya.qro@gmail.com

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