La cerveza más famosa del mundo

GUINESS

El Sibarita | Bon vivant.-

“Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas”, Oscar Wilde. Igual la Guinness,  ha sido hecha para ser amada, no para ser comprendida. Y es que no consigo entender su magia, su encanto, su poder…

Irlanda, tierra de tréboles, colinas verdes, divertidos duendes, lluvias casi infinitas, humedad vivificadora y riqueza insospechada.  Mágicas laderas. Dónde si no, la fortuna puede dar tantos y tan variados giros.

El joven Arthur Guinness, fue hijo de un mayordomo y parecía que continuaría con el empleo familiar, sin embargo heredó -la entonces fortuna-  100 libras, que le vinieron como anillo al dedo para poner en marcha una pequeña cervecería en Leixlip. Luego se marcharía a Dublín y empezaría una historia tanto misteriosa como sorprendente.

La historia se vuelve leyenda la víspera de 1760, es decir, el 31 de diciembre de 1759 cuando Arthur firmaba el mítico contrato de arrendamiento de una cervecería dublinesa, válido por 9 mil años, a un costo de 45 libras anuales (aunque no se indica la hora exacta, para añadir un toque de suspenso, pensemos que era justo la media noche), el contrato original puede apreciarse en la capital irlandesa, en la casa matriz de la Guinness brewery.

La Guinness es una stout, una muy robusta cerveza negra ‘The black stuff ’, donde ese color profundo le es dado gracias a la acción benefactora de la cebada tostada. Aseguran que su adición fue para reducir los costos, quizá sea así, pero lo cierto es que  —afortunadamente— la mano del destino se interpuso para crear así a la bebida más famosa de Irlanda, hoy una de las 25 compañías cerveceras más grandes del mundo, que inició su expansión exportando a Inglaterra 6 barriles del cremoso líquido.

Pero la Guinness típica no fue siempre tal y como la conocemos, los primeros ensayos fueron cervezas ale, rubias o rojas. Geniales tesoros que aguardaban sin duda el más preciado de ellos, el negro diamante que es esta cerveza, corría el año de 1770.

La primera vez que la probé fue durante mi juventud, en un viaje, ¿que por qué elegí Irlanda? Entonces alegué en mi defensa que me interesaba la cultura y el arte que —de paso sea dicho, son alucinantes— se expresaban en cada esquina de la ciudad, claro que mis padres no me creyeron nada, pero de todas formas accedieron. En realidad la elegí por la fama de bebedores que tienen los irlandeses, ya de whiskey, ya de cerveza. Es que era decidir entre convivir con irlandeses o con ingleses, pensaba en aquellos años de mocedad que era similar a elegir entre el día y la noche, diversión bohemia y aburrimiento. Viva la vida.

Entrado en materia de bebidas, me dediqué con ahínco a estudiar profundamente qué hacía tan especialmente famosa a la Guinness. Descubrí que más allá de los libros y las pelirrojas se encontraban los pubs, donde la Guinness de barril en pintas (de casi medio litro) corría a rabiar. La primera vez que la ví me sentí como si hubiera atrapado a un leprechaun! (¡¿un qué?!),  uno de esos esquivos cuidadores de bienes, quienes entregan sus más preciados tesoros a los osados que les miran fijamente. Y es cierto. No podía dejar de mirarla, su piel era tan  oscura que me preguntaba cuántos insondables secretos albergaría en el fondo de su alma, ¿eran tortuosos e inconfesables? o por el contrario, ¿eran tan transparentes como el amanecer? Seguí mirandola resbalarse a chorros dentro del cristal, formando poco a poco el cuerpo espumoso de Sabh, la mujer más bella que ojos humanos hubiesen visto jamás. Su figura de proporciones perfectas mostraba la lozanía y frescura juvenil, la espuma cremosa me acariciaba e intoxicaba a la vez, sentí que nunca me saciaría… a partir de la segunda pinta. Porque aunque la visión de la primera me hechizó, el sabor me pareció bastante peculiar —por decir lo menos. No fue cuestión de atracción instantánea, sino de amor duradero, de esos donde hubo  afinidad al principio, pero el trato afable y cariñoso, el día a día y la cotidianeidad  me condujeron a un amor insondable e imperecedero.  Como el de Sabh y Finn MacCumhail.

La fama de la Guinness va más allá de U2, Bernard Shaw, Enya, The cranberries, James Joyce o el mismo Wilde. Hace poco lo constaté cuando pregunté a un chico si sabía algo de Irlanda, claro —me contestó— ahí hacen la Guinness.

elsibarita@chef.net

Para los curiosos

Para servirla bien hay que inclinar el vaso 45°, luego, cuando faltan dos dedos para el borde del vaso, se deja reposar 119 segundos y 53 centésimas.

Por eso su slogan dice good things come to those who wait, “las cosas buenas llegan a aquellos que esperan”.

Su espuma cremosa y consistente (Guinness draught) se logra gracias al rocket widget (como una pequeña bolita) patentado para estimular la nitrogenación de la variedad de cerveza de barril.

La Guinness draught en lata incluye una especie de bola en su interior por la misma razón.

Otras variedades son: Guinness’s brite lager, Guinness’s brite ale, Guinness light, Guinness XXX extra strong stout, Guinness cream stout, Guinness gold, Guinness pilsner, y Guinness special light.

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