Trabajadoras domésticas: sin derechos laborales

90% de los trabajadores domésticos son mujeres, mayormente de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Puebla.

Más de dos millones de empleadas domésticas perciben menos de dos salarios mínimos al mes.

sirviente

Alfonso Martínez | Antropólogo.-

En Querétaro como en otros estados del país, se les ha adjudicado el término muchachas o  servidumbre a aquellas mujeres  que son empleadas con un fin en común, realizar labores del hogar; estas pueden variar desde sacudir, lavar  planchar y hacer de comer, hasta  realizar compras, ir por los niños al colegio, contestar llamadas o recibir invitados, entre otras muchas actividades por las cuales deseamos pagar.   La pregunta es, si son parte de un grupo de personas que se dedican a la misma actividad,

¿Por qué no reconocerlas como empleadas domésticas?

La respuesta a la incógnita anterior se refleja en la percepción que  socialmente se tiene de ellas. El sector laboral en el que están inmersas es  visto como un oficio informal e inestable y, sobre todo, sin un respaldo de los  derechos laborales, son contratadas por periodos  temporales inciertos, sueldos que no suelen corresponder al mínimo dictado por la ley, pocas o nulas prestaciones, reconociéndose prácticamente un panorama  de explotación laboral; ante esto,  reconocerlas como parte del núcleo familiar justifica mayoritariamente la evasión de sus garantías laborales expresa Martha Lucía Mícher, titular del Instituto de las mujeres del DF.

En este ambiente de discriminación  puede ir sustentada la idea de ofrecerles un empleo a mujeres originarias –en su mayoría– de pueblos o comunidades rurales aledañas del estado cuyo futuro, se cree, está en manos de quienes pueden contratarlas, por ser un oficio.  Rosario Flores de 60 años, afirma haber comenzado  desde los 18 años como empleada doméstica para múltiples familias en diversos puntos de  la ciudad de Querétaro. Originaria de la comunidad de Tierradura en el municipio de Colón, narra su juventud plagada de carencias y pocas oportunidades alcanzando únicamente a leer y escribir, lo que le permitió incorporarse – como ella le llama- al  oficio del aseo “Quise trabajar en esto porque quería salir adelante, mis papás no me dejaban ir a la escuela por ser mujer. Una señora me enseñó a cocinar y de ahí yo empecé a laborar como empleada doméstica”.

El caso mencionado ilustra uno de tantos suscitados en el que mujeres principalmente, son empleadas por  familias que no pueden, o simplemente no desean otorgar  las prestaciones obligatorias por una jornada laboral de ocho horas.  De acuerdo con el  Consejo nacional para prevenir la discriminación (Conapred), el no proporcionarles seguro médico afecta al 95 por ciento de las trabajadoras, 61  no cuentan con vacaciones, mientras a 46.5 no se les da aguinaldo y casi 45 por ciento no tienen horario fijo.

“A mí no me dan ninguna prestación y no la he solicitado por lo tanto, yo pienso que sí deberían darles a las empleadas que llevan mucho tiempo trabajando con una familia, por lo menos el aguinaldo, reitera la señora Rosario que en sus  treinta años haciendo el aseo  recibe mil pesos mensuales, sin ningún tipo de prestación, hablemos de seguro médico, aguinaldo, bonos etc.

Actualmente el panorama no pinta con optimismo  para Rosario y demás personas dedicadas a esta actividad, aunque desde hace algunos años se crearon  empresas con el fin de normativizar  la labor doméstica, colocarlas en puestos fijos de trabajo y brindarles  prestaciones de acuerdo a sus derechos laborales. Esta no es la vía  de solución al  problema ya que sólo  una minoría compone este grupo en donde las condiciones no son lo que parecen y no siempre se obtiene lo que ofrecen estos negocios.

Las condiciones para las trabajadoras domésticas tanto en el área urbana de Querétaro como en el resto del país, reflejan índices de precariedad en cuestión de reconocer sus labores  respetando sus derechos en materia humana y laboral. Ser una muchacha o parte de la servidumbre continua siendo, todavía, una promesa de poder obtener ingresos sin importar los horarios de trabajo, los sueldos bajos e incluso la omisión de prestaciones. Dar identidad  a las  empleadas domésticas queda de lado, ya que no buscan quien las reconozca como tal, incluso tampoco aguardan temerosas en las oficinas de gobierno con peticiones de reglamentar su situación como empleadas, únicamente requieren de un trabajo que les dé la posibilidad de atender a los suyos, sin reconocimiento, sin precedentes; sólo trabajar para subsistir.

alfonso_martz@live.com.mx

  1 La Jornada, Sábado 2 de abril de 2011, p. 35

2  La Jornada, Miércoles 30 de marzo de 2011, p. 18

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