Mohandas K. Gandhi: Ahimsa, el camino de la no violencia

Caricatura de Tolexdo
Caricatura de Tolexdo

Mohandas Gandhi, «Todos los hombres son hermanos» | Sociedad de educación Atenas.-

Una serie de experiencias a lo largo de los treinta últimos años (de ellos, los ocho primeros en África del Sur) me ha confirmado que el porvenir de la India y del mundo depende de la adopción de la no violencia. Es el medio más inofensivo y el más eficaz para hacer valer los derechos políticos y económicos de toda la gente que se encuentra oprimida y explotada. La no violencia no es una virtud monacal destinada a procurar la paz interior, sino una regla de conducta necesaria para vivir en sociedad, que asegura el respeto a la dignidad humana y permite que progrese la causa de la paz, según los anhelos más fervientes de la humanidad. La primera exigencia de no violencia consiste en respetar la justicia alrededor de nosotros y en todos los terrenos. No se puede ser no violento de verdad y permanecer pasivo ante las injusticias sociales.

La no violencia no consiste en “abstenerse de todo combate real contra la maldad”, por el contrario, veo en la no violencia una forma de lucha más enérgica y más auténtica que la simple ley del talión, que acaba multiplicando por dos la maldad. Contra todo lo que es inmoral, pienso recurrir a armas morales y espirituales. No deseo embotar el filo del arma que me presenta el tirano, utilizando un tajo más cortante todavía que el suyo; procuraré apagar la mecha del conflicto sin ofrecer ninguna resistencia de orden físico. Mi adversario tiene que quedar sujeto por la fuerza del alma. Al principio quedará desconcertado; luego tendrá que admitir que esta resistencia espiritual es invencible. Si se pone de acuerdo, en vez de sentirse humillada, saldrá de ese combate más noble que antes. Podría objetarse que es una solución ideal. Estoy totalmente de acuerdo.

La no violencia es la fuerza más grande que la humanidad tiene a su disposición. Es más poderosa que el arma más destructiva inventada por el ser humano. La destrucción no corresponde ni mucho menos a la ley de los Hombres. Vivir libre es estar dispuesto a morir, es preciso a manos del prójimo, pero nunca a darle la muerte. Sea cual fuere el motivo, todo homicidio y todo atentado contra la persona es un crimen contra la humanidad.

Rechazo la expresión “resistencia pasiva”, porque, no traduce por completo la realidad y podría verse en ella el arma de los débiles. A mi juicio la no violencia no tiene nada de pasivo. Por el contrario, es la fuerza más activa de mundo… Es la ley suprema. No he encontrado ninguna situación que me haya desconcertado por completo en términos de noviolencia. Siempre ha llegado a tiempo algún remedio.

Sólo el amor es capaz de vencer al odio.

La no violencia no consiste en amar a los que nos aman. La no violencia comienza a partir del instante en que amamos a los que nos odian. Conozco perfectamente las dificultades de ese gran mandamiento del amor. ¿Pero no pasa lo mismo con todas las cosas grandes y buenas?. Lo más difícil de todo es amar a los enemigos. Pero, si queremos realmente llegar a ello, la gracia de Dios vendrá a ayudarnos a superar los obstáculos más temibles. Nuestro mundo no reposa en una estructura social no violenta. Por doquier se ve a hombres defender sus posesiones empleando medios de naturaleza coercitiva; pero sin ellos, solamente hubieran podido vivir los individuos más feroces. Afortunadamente, también existen vínculos de amor, como puede comprobarse en las familias e incluso en las comunidades que se llaman naciones. Lo que pasa es que no se reconoce la supremacía de la no violencia.

Preferiría mil veces correr el peligro de recurrir a la violencia antes de ver cómo castran a una raza. Mi no violencia no admite que se huya ante el peligro, dejando los bienes sin ninguna protección. No tengo más remedio que preferir la violencia a la actitud de los que huyen por cobardía. Aunque no tenga fuerza física, es vergonzoso huir; el deber exige que se resista y se muera cada uno en su puesto. Esto sería una actitud no violenta y animosa. Por el contrario habría coraje, pero faltaría la no violencia si uno emplease la poca fuerza que tiene en combatir y aniquilar al adversario, con riesgo de su vida. La cobardía está en huir ante el peligro. En el primer caso es menester que uno tenga amor o caridad; en los demás casos, sólo tiene uno odio, miedo o recelo.

Lo mismo que hay que aprender a matar para practicar el arte de la violencia, también hay que aprender a morir para entrenarse en la no violencia. La violencia no nos libra del miedo, sino que procura combatir las causas del miedo. Por el contrario la no violencia está libre de todo miedo. El no violento tiene que prepararse a los sacrificios más exigentes para superar el miedo. No se pregunta si va a perder su casa, su fortuna o su vida. Hasta que no supere toda aprensión, no podrá practicar el ahimsâ en toda su perfección. Por consiguiente según se entrene uno en la violencia o en la no violencia, tendrá que apelar a técnicas diametralmente opuestas.

La no violencia y cobardía se excluyen entre sí. Me imagino fácilmente a una persona armada hasta los dientes, pero sin nada de valentía. El hecho de poseer un arma supone cierto miedo, por no decir cierta cobardía. Si no hay auténtica intrepidez, tampoco hay verdadera no violencia. Hay que rechazar por completo toda cobardía y hasta la más pequeña debilidad. No es posible esperar que un cobarde se convierta en no violento; pero si cabe de esperar esto de un violento. Por eso, nunca lo repetiré bastante, si no sabemos defender nosotros mismos nuestras esposas y nuestros templos recurriendo a la fuerza que brota de la renuncia, esto es, si no somos capaces de la no violencia, debemos por lo menos, si somos personas, atrevernos a emprender la lucha para defendernos.

En este siglo lleno de sorprendentes inventos, nadie puede decir ya que una cosa o una idea carezca de valor por el hecho de ser nueva. Afirmar de una empresa que se trata de algo imposible, por el hecho de ser difícil, sería obrar contra el espíritu de nuestra época. Todos los días vemos realizarse cosas que no podían imaginarse el día anterior. Lo imposible no deja de ceder terreno a lo posible. En el terreno de la violencia, los más recientes descubrimientos son especialmente asombrosos. Pero estoy seguro que todavía se realizarán descubrimientos más maravillosos en el campo de la no violencia.

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