Clérigos vs Laicos

Foto: Ketzalkoatl

Mikhail Robles| Editor del periódico Ketzalkoatl

El adjetivo «laico» procede del latín laicus y este a su vez del griego laikos (de laos, pueblo y de ico, acerca de, relativo a,) que en conjunto significa «relativo al pueblo, los asuntos de lo que eligen los ciudadanos», es decir, el poder democrático. Esta voz y concepto se oponía desde entonces al concepto de «clérigo », que proviene del griego klerikos, que significa «lo relativo a la herencia o la fortuna heredada», el poder heredado, o sea, la monarquía.

Por ello en la Edad Media los trabajadores de la Iglesia católica y/o del Estado Vaticano eligieron denominarse clérigos, para así refrendar el supuesto de que eran representantes del poder divino heredado al apóstol Pedro por Jesús, en aquel versículo de Mateo 16, 16-19: Tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Y respondiendo Jesús, dijo: Bienaventurado eres Simón hijo de Jonás; porque no es la carne ni la sangre quien te ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos; y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Los clérigos católicos interpretan este versículo como un hecho literal para concluir que al apóstol Pedro se le dio potestad sobre las cosas divinas y humanas en la Tierra y por tanto a la cadena de Papas, obispos y sacerdotes que se congregaron alrededor de este dogma –entre otros- en el año 325, en el famoso Concilio de Nicea, formando entonces la Iglesia católica; por ello se denominan clérigos: los herederos del poder de Pedro, Cristo y Dios en la Tierra, en consecuencia creen tener el derecho heredado por Dios mismo de meter sus narices en todo lo que se les ocurra.

La Iglesia católica no ha aceptado la separación de la Iglesia y el Estado, porque eso implica la renuncia al poder y control sobre millones de seres humanos. Al ser la institución eclesiástica católica una empresa que quiere disfrazarse de organismo cultural mundial que vela por los valores humanos (tipo ONU, UNESCO, etc.), mantiene un aparato burocrático que empleó en la década de 1970 a 2 millones de clérigos, y en esta década a 1.3 millones de clérigos-burócratas que han olvidado el sentido humano de la doctrina de Jesús y en cambio se dedican a defender un corpus doctrinario oligárquico y conservador, ajeno del beneficio de la sociedad actual.

Los clérigos promueven una agenda doctrinaria útil para mantener una iglesia burocrática, un modo de vida incongruente y antidemocrático, que es indigno en la actualidad porque la única monarquía absoluta en el mundo es el papado del vaticano. Promueven creencias irracionales sobre la sexualidad condenando a los homosexuales y a las mujeres que abortan, condenando los anticonceptivos, prohibiendo a los sacerdotes casarse y obligándolos a mantener un celibato cuestionable biológica y moralmente, pues muchos de sus sacerdotes mantienen concubinatos, otros son homosexuales y otros muchos, pederastas.

Las reformas constitucionales que desde Salinas de Gortari (el 28/01/1992 se publica en el Diario Oficial de la Federación, la reforma del artículo 130 constitucional y los relativos del propio ordenamiento en materia de culto público, libertad religiosa y relaciones del Estado con las iglesias; el 20 de septiembre de 1992 se restablecen las relaciones de México con el Estado Vaticano) se promueven hasta el día de hoy con los gobiernos panistas de filiación católica, tienen el objeto de desmantelar el estado laico y poco a poco convertir el estado mexicano en un estado confesional católico.

El pasado 14 de diciembre por la noche, integrantes del Partido Revolucionario Institucional y del Partido Acción Nacional, pertenecientes a la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, dieron otro golpe al carácter laico de nuestro país modificando el artículo 24 de la Constitución, para permitir que los cultos religiosos puedan practicarse en público sin dar aviso a la autoridad civil respectiva, suprimiendo la prohibición de que sólo se realicen en los templos de culto.

El clero quiere que se imparta religión en las escuelas públicas y que el Estado (los ciudadanos) la pague, esto significaría volver al México confesional anterior a las leyes de Reforma. El cardenal Tarsicio Bertone, brazo derecho de Ratzinger, se pronunció arrogante, contra el laicismo decimonónico mexicano desde el teatro de la República en Querétaro, símbolo magnifico del congreso constituyente laico de 1917. Sin duda hace falta reformar al artículo 24, pero sustituyendo el concepto decimonónico de la libertad de cultos, para que no solamente se garantice la libertad para profesar una religión, sino -inclusive- para no tener ninguna.

Benedicto XVI alienta un movimiento integrista que busca la unión de la religión católica y la política, mediante el restablecimiento de Estados confesionales. Ratzinger ha dado su bendición al movimiento de neocatecúmenos que encabeza en España Kiko Argüello y que pretende acabar con lo que llaman laicismo negativo del siglo XIX, para establecer un laicismo positivo que propicie la religiosidad católica. Por ello es muy negativa la noticia para la libertad en México, para el laicismo, el catolicismo social laico (como la teología de la liberación y la teología india), de la próxima visita de Ratzinger a este país, pues de seguro los políticos harán nuevas concesiones al Vaticano.

La tradición clerical no cambia, desde la edad media promovió guerras armadas e ideológicas contra el laicismo, porque el laicismo es la libertad de conciencias para aceptar o negar lo divino, para cuestionar como los laicos griegos e ilustrados cualquier creencia fundamentalista que se presente como verdad absoluta y que controle mediante el miedo, amenazas y excomuniones a una de por sí humanidad ignorante.

La lección que debemos aprender como seres racionales y laicos, es que la iglesia católica nunca va a renunciar al poder terrenal, quiere gobernar desde estados confesionales, ejercer un poder absoluto clerical, para recuperar el status perdido; niegan la doctrina de Jesucristo pues él dijo: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36). Amén.

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