Cine porno en Querétaro, una leyenda urbana

Obra anatomía de la gastritis original de Itzel Lara, dirigida por Agustín Meza y representada por la Compañía teatral EL GUETTO. Foto: Agencia Obtura fotógrafos

por Alfonso Martínez | Reportero

En México el surgimiento de una idea comercial por exhibir los trabajos cinematográficos con alto contenido sexual se convertiría en un negocio igual de exitoso que el del cine de largometrajes hollywoodenses. A partir de su construcción los niveles de interés y aceptación por la nueva atracción se presentarían de maneras distintas en todo el territorio nacional.

Para el caso queretano, en la década de los sesenta y setentas se instalarían en el centro de la ciudad las opciones inmobiliarias que reproducirían las películas taquilleras prohibidas del momento. Eran los tiempos donde se crearían carteleras con clasificaciones dictaminando lo que se debía, o no, presenciar en una sala de cine. La letra A representaba el símbolo del orden y la confianza; la B contenidos de prevención y la C una restricción social profunda a causa de imágenes que no estaban autorizadas en el imaginario colectivo de las autoridades tanto eclesiásticas como familiares de la época.

A los cazadores de recuerdos no les será difícil ubicar en tiempo el cine Reforma, ahora transformado en una tienda Elektra ubicada en la calle 16 de septiembre. O los dos hermanos de corregidora El Plaza, ahora la tienda del Sol, y El Premier 70. Incluso, no menos importante, el Cine Alameda desapareció para ser sustituido por el ahora cine-teatro Rosalío Solano. Más retirados y no tan populares, el cine Hércules perteneciente al sindicato de trabajadores de esa zona y el de la CTM resguardaría un ínfimo espacio en la colonia Palmas al sureste de nuestra periferia.

Aunque el cine de esos años no era en su sentido pornográfico, el despertar de la inconformidad social se hizo presente. Imágenes que proyectaban rebeldía, lenguaje inapropiado, violencia y algunos desnudos eran suficiente material para provocar a las autoridades eclesiásticas cristianas afirma José Rodolfo Anaya Larios profesor investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Anaya Larios1 reiteró que en un intento irónico por controlar el acceso de público joven, se pedía como requisito la cartilla militar liberada. Aunado a lo anterior la iglesia, con un elaborado discurso, hipnotizó a los grupos conservadores para desamortizar a los denominados “enemigos de la fe”; así, se crearía la Liga de la decencia conformada por padres de familia que alertarían a otros acerca de los contenidos exhibidos en los cines de renombre.

Ya en los 80 el Cinema 2000 (hoy el monte de piedad) iba a conceder a sus interesados la única posibilidad de presenciar filmes con una estructura de comienzo y desenlace sexual que atraería a los más fieles seguidores del séptimo arte, incursionando en un tópico que para la sociedad queretana implicaba exterminar a un enemigo de la moral. Sus funciones dominicales de media noche permitieron que los aventurados con esperanzas de desvelarse, recibieran una dosis fílmica por la que habrían esperado una semana entera.

Dichos espacios fueron vinculados por las autoridades eclesiásticas y la misma sociedad como nidos de posibles violadores, pederastas y personas con deficiencias mentales. Lo que era exhibido se calificó en su momento de reprobable y promulgador de información incorrecta.

La desaparición de estos, principalmente del Cinema 2000, no sólo se debió a una constante presión social que les provocó inestabilidad financiera, también por la inminente incorporación del sistema de video en casa (VHS por sus siglas en inglés) que dio la posibilidad de poder disfrutar distintos géneros de películas sin ser juzgados ni tener limitaciones de la sociedad. El recurso tecnológico, el video por ejemplo, de acuerdo con Lourdes C. Pacheco, investigadora de la universidad de Nayarit2, sería capaz de responder a las acciones del sujeto, mismo quien manipularía el consumo – de acuerdo a su propio ritmo y necesidad- del cine erótico y pornográfico. Los cines de aquellos años no garantizaban por cuestiones de inversión la calidad requerida. Eran demasiado amplios para una clientela que se restringe cada vez más. Y no soportaron la competencia del formato Beta, luego de VHS, y ahora, irresistiblemente del DVD. En América Latina, sólo 30 por ciento de los espectadores de cine va a las salas. Estos cines ya no podían con la competencia. Entonces, la idea de volver la sala en gran familia fue insostenible. Lo anterior contribuyó a que estos santuarios del pueblo desaparecieran. El problema es que la idea de conglomerado que veía una película desapareció. Eso ya acabó. “Recuerdo que yo podía ver hasta tres películas diarias” indicó Carlos Monsiváis en una entrevista hecha en el 2008.

La realidad es que la existencia de lugares que fungieran como un espacio totalmente dedicado a la proyección de cine triple equis es ahora una leyenda. Nunca los hubo en Querétaro como en la ciudad de México. En este centro urbano las carteleras y sus instalaciones están a la vista de toda persona que pase por ahí, estos se resisten a desaparecer, todavía hay señales de lo que fueron sus épocas de bonanza, como la vitrina que antes sirvió de rebosante dulcería y que ahora sólo ofrece pequeñas bolsas de kleenex, cacahuates japoneses, tortas de jamón de puerco, sopas Maruchan y café negro. Se trata del único cine del circuito porno entre las viejas salas del DF —el Teresa, el Nacional, el Ciudadela, el Savoy— que exhibe las cintas en formato de 35 milímetros. “No es video”, anuncian con plumón negro en otra cartulina color verde. “Estos cines agonizan, se sostienen con hilos”, dice Manuel Acosta Tostado, uno de los escasos empleados del Tacuba con 42 años en la industria cinematográfica.

En comparación con el caso del Distrito Federal, la resistencia y oposición tanto política como social en Querétaro clausuró cualquier oportunidad de impregnar a sus ciudadanos de aquellos conocimientos de impureza y pecado imposibilitando que rindiera frutos lo que para algunos fue un pedazo histórico de su vida.

1. Especializado en estudios históricos en la Facultad de Filosofía 2. Revista ciudades 62, abril-junio de 2004, RNIU, Puebla, México
alfonso_martz@live.com.mx

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