Empresarios sin recursos

Club de golf campestre Querétaro. Foto: Ketzalkoatl
Club de golf campestre Querétaro. Foto: Ketzalkoatl

por Mikhail Robles | Editorial

La Academia, el Estado y los ricos del mundo han idealizado y mitificado al empresario. De forma que, dejan este ideal fuera del alcance de la gente pobre. Al mismo tiempo, al pobre sólo se le ve como un asalariado eterno, dependiente de distintas iniciativas empresariales y gubernamentales para darle un empleo remunerado raquíticamente.

El mismo debate polarizado políticamente entre derecha e izquierda se pone de uno u otro bando para proteger a ricos o a pobres, pero en donde ambos coinciden (al menos en el discurso), es en suponer que lo urgente es crear millones de empleos asalariados con derechos laborales y prestaciones.

Intentar realizar este ideal es lo que ha permitido en el mundo que las corporaciones capitalistas esclavicen literalmente a millones de seres humanos en los países del sur, al buscar bajar costos de producción y aumentar sus ganancias, porque los gobiernos de izquierda o derecha buscan crear millones de empleos a cualquier costo, debido a que lo consideran la solución económica, véanse los casos de China, India y México.

De acuerdo con algunas visiones comunitarias tradicionales, y algunos movimientos anticapitalistas y ecologistas, es necesario salir de esta trampa de la economía neoliberal globalizada. En esta visión se requiere que muchos pobres entendieran que esta es una condición impuesta, que ser empresario no es algo en sí mismo negativo; que los modos comunitarios autónomos, lo son porque poseen medios de producción propios, mercado interior autónomo, créditos y libertad de operación sin límites ni trabas de monopolios y Gobierno. En las comunidades autónomas tradicionales la mayoría de miembros son empresarios. Porque sencillamente ser empresario es tener la determinación de realizar una tarea o negocio por iniciativa propia y en beneficio de todos.

Los grandes ejecutivos, académicos de élite y funcionarios de gobierno no son empresarios, sino trabajadores que, en general, viven lujosamente, con sobresueldos a expensas de la riqueza generada por los trabajadores que menos ganan. Esa aristocracia es la meta de muchos pobres que ven en ellos el ideal de progreso.

Mucho menos atractivos son los denominados casi despectivamente microempresarios que luchan por sobrevivir, pues según el Inegi en al año 2002, 4.4 millones de empresarios “micro”, ganan en promedio 4 salarios mínimos. Mientras que la aristocracia asalariada gana hasta cien veces más. Esta aristocracia no entiende que sus empleos no son para todo el mundo, que el progreso de ellos es privilegiado; así entonces, crecen las burocracias, la centralización de funciones, la concentración de recursos y la piramidización en las Instituciones, dejando sin recursos a los menos especializados o a los desempleados.

Lo posible es, en la economía autónoma, promover ser emprendedor, para progresar sin necesidad de ascender dentro de una institución, sino producir motivado por el reconocimiento y la recompensa.

Los pobres lo son porque se promueve verlos como asalariados sin empleo. Pero son, de facto, empresarios sin recursos y sin medios de producción propios. Se dan todas las facilidades a grandes corporativos para instalarse en una ciudad, exención de impuestos, donación de tierras, etc., pero al pobre emprendedor que quiere abrir su empresa, le exigen condiciones como si fuera un corporativo: No abundan los microcréditos fáciles, tecnologías en pequeña escala, leyes e impuestos diferenciados, mercado interior libre, etc. La inversión para crear los millones de empleos para la gente pobre, es, de acuerdo a Gabriel Zaid, cien veces mayor que la que se necesita para hacerlos empresarios en sus casas.

La economía ecológica sustentable plantea llevar medios de producción a los lugares donde vive la gente pobre y crear mercados internos locales, no llevar a los pobres a una ciudad donde después hay que atraer inversión extranjera para crear empleos de hambre, cortándole la oportunidad de desarrollar el empresario de la gente pobre.

El progreso que vende el ultra liberalismo capitalista, es prometer a todos, los “lujos” de consumo de productos y servicios alcanzados por la alta tecnología; un sólo modelo de vida, mucha información certificada en una institución educativa, ascenso piramidal por “méritos”, etc.

Este es un progreso sólo posible para una élite, pero es contraprogresista para todos los que no queremos entrar en ese modelo, que como afirma Dany-Robert Dufour (“El arte de reducir cabezas”, Ed. Paidos): Significa la pérdida del cuerpo y la mente, convertirse en un ser acrítico y que vive sin límites, obligado a consumir sin placer y sin deseo.

“Muchas personas están demasiado educadas para no hablar con la boca llena, pero no se preocupan de hacerlo con la cabeza hueca”
George Orson Welles

 

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