¿Por qué no creamos más mercados públicos?

Mercado Reforma y tianguis del mismo nombre. Centro de San Juan del Rio. Foto: Obtura fotógrafos
Mercado Reforma y tianguis del mismo nombre. Centro de San Juan del Rio. Foto: Obtura fotógrafos

por Enrique Kato Vidal | Economista

“Que se vayan todos” fue una consigna utilizada hacia los políticos en Argentina en 2002. Fue una voz generalizada que clamaba que los políticos no estaban resolviendo los problemas de la gente, sino agravándolos.

En una ciudad como la de Querétaro y su zona metropolitana los problemas surgen en cualquier parte y más aún con el crecimiento urbano que desborda por todas partes. La dinámica se puede constatar de múltiples maneras: el tráfico en las calles, la mancha urbana, la escasez de agua y el aumento de precios y con ello el creciente costo de vida.

Lo que observamos, y vamos registrando día a día, es la acelerada aparición de nuevos conjuntos habitacionales y también tiendas de autoservicios sea en forma de supermercados o de tiendas de conveniencia. Es inevitable pensar en el gran negocio que resulta de la construcción de las grandes extensiones de fraccionamientos o condominios. Y en contraparte resulta lamentable constatar lo rezagado que quedan los servicios públicos en estas nuevas urbanizaciones.

Podríamos preguntarnos cada cuánto se actualizan las rutas de transporte público para atender los nuevos fraccionamientos, cada cuánto se construye un nuevo hospital o clínica del Seguro Social (IMSS) para cubrir la atención de salud en esas zonas donde se han concedido miles de préstamos del Infonavit. Un tema en el que quisiera ampliar es cuántos nuevos mercados públicos se han construido en los municipios de mayor crecimiento poblacional de Querétaro. Adelanto la respuesta: no se ha creado ningún mercado público.

Para mi es claro, y supongo que también lo será para muchos, que requerimos de muchos más mercados públicos para el abasto popular si hoy la mancha urbana se extiende en 31 mil hectáreas, es decir, 30 veces más que en 1970; y dado que la población ha crecido seis veces más desde entonces. La respuesta de las instancias públicas a este fenómeno es nula. En los municipios conurbados de Corregidora y El Marqués es mantener únicamente un mercado público. Desconozco la fecha en que se hayan fundado, pero conociendo la historia de Querétaro esos centros de abasto deben provenir de tiempos remotos.

Las oportunidades de crear nuevos mercados han sido muchas para los encargados del desarrollo urbano. En principio, cada tres años se renuevan a los presidentes municipales. Tampoco es menor el número de inmobiliarias que trabajan en cada municipio ni el número de permisos para construcción de vivienda. Además, los millones de presupuesto anual en obras públicas no parecen haber sido suficientes para edificar un nuevo mercado en la zona conurbada.

Padecemos la omisión de los poderes ejecutivo. Nuestra legislación les mandata a planear y ofrecer los servicios públicos que requerimos. Su inacción nos vuelve indefensos ante los monopolios que surgen y que exprimen los presupuestos de las familias otorgándoles a cambio productos o servicios de cualquier calidad, si acaso tuvieran calidad. La estrategia que parece haber seguido las autoridades de los municipios y del estado es que la inversión privada se encargaría de resolver los problemas sociales, incluidos los de la ciudad. Esta política con tintes neoliberales parece existir incluso antes de los años ochenta cuando se popularizan las políticas de libre mercado.

Las autoridades deben encargarse de los problemas cuando éstos son pequeños

Requerimos de la acción de las instancias públicas. Requerimos saber que existen personas encargadas a cargo de la conducción del destino del territorio donde habitamos.

Requerimos la representación popular para enfrentar los capitales predadores que atentan contra el tejido social, la producción local, la identidad comunitaria, el comercio justo, y estilos de vida saludable. El llamado que hacemos a quienes investimos como autoridades es que se encarguen de los problemas cuando son pequeños. Desde los ochenta se conoce esa teoría que cobra su nombre por un ejemplo: el de ventanas rotas.

El ejemplo ilustra como un problema va escalándose por la falta de presencia de una autoridad. Ante una ventana rota, vendrían más ventanas rotas, luego la ocupación del lugar, y sucesivamente hasta que ese territorio se convierta en el lugar más inseguro. La enseñanza es que se requiere intervención para mejorar el espacio urbano y para garantizar la calidad de vida de los vecinos.

En Querétaro, pero también en el país, hace tiempo que los problemas de comercio dejaron de ser pequeños. La cadena Wal Mart es el nuevo nombre de la dependencia alimentaria que tenemos. Su crecimiento acelerado que alcanza a abrir una nueva tienda cada día en algún lugar del país es la amenaza a la soberanía alimentaria pero también laboral al ser el mayor empleador en México. Recientemente, se revelaron actos de corrupción donde lograron documentarse pagos a funcionarios por $24 millones de dólares, entre otras cosas para lograr la apertura rápida de los establecimientos.

Estos hechos de corrupción contrastan con el trato preferencial que se da con el director general de Wal Mart México que es recibido directamente por Felipe Calderón en la residencia oficial de Los Pinos y de nueva cuenta dos meses después en Cartagena de Indias, Colombia como parte de la Cumbre de Las Américas. El propósito de la reunión fue las inversiones de esa empresa y la contratación de muchos miles más de asociados como la franquicia a sus trabajadores. A muchos años de distancia deberíamos recuperar esa voz argentina que clama por que los políticos se encarguen de los asuntos públicos o si no mejor que se vayan todos.

La teoría de las ventanas rotas se basa en el contagio de las conductas incívicas. Toma su nombre del experimento que llevó a cabo Philip Zimbardo: abandonó un auto en el Bronx, sin placas y con las puertas abiertas. Su objetivo era ver qué ocurría.

Esta teoría, elaborada por James Wilson y George Kelling dice que si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos.

Sostiene que es necesario reparar las pequeñas fallas, antes de que la imitación las vuelva difíciles o imposibles de subsanar.

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s