“Imagen, Devoción y Oficio. Arte Quiteño del Período Colonial”: un diálogo entre el barroco queretano y el arte colonial andino

Rafael y Tobías de Bernardo Rodríguez 1801 oleo sobre lienzo. Foto: MAQRO
Rafael y Tobías de Bernardo Rodríguez 1801 oleo sobre lienzo. Foto: MAQRO

por José María Cabrera | Filósofo y museógrafo

Podrá visitarla hasta el día 2 de diciembre de 2012, en el MAQRO: Allende 14 sur, Centro Histórico, Querétaro.

Las contradicciones e injusticias que en nuestra época han acarreado indiscutiblemente los procesos de globalización, colonización y de-culturización, nos ponen en guardia y nos exigen la asunción de una postura crítica. Sin embargo, la globalización podría —y debería— plantearse en otros términos: como un necesario y saludable diálogo entre culturas capaces de enriquecerse mutuamente en sus estratos más elevados: la ciencia, el pensar y el arte. Asimismo, debería dirigir sus miras, no a la imposición de un modelo polarizador que ha llevado a un hemisferio al despilfarro, la vacuidad y la estulticia, y al otro a la miseria, la muerte y la desesperación, sino a la búsqueda de una alternativa de convivencia y praxis auténticamente humana, racional, justa y sustentable. Deberíamos dirigir nuestra mirada, antes que a los paradigmas hegemónicos del Norte, hacia aquellos que son uno con nosotros por historia, tradición y sangre; hacia aquellos que están dándonos un histórico ejemplo de dignidad, coraje y amor por la patria. Compartir de nuevo cultura y espíritu con nuestros hermanos del Sur.

Arte con aportes españoles, indígenas y africanos

En este tenor, el pasado 22 de septiembre, el Museo de Arte de Querétaro (MAQRO), celebró su XXIV Aniversario con la muestra “Imagen, Devoción y Oficio: Arte Quiteño del Período Colonial”; la cual llegó a nuestra ciudad en el marco de un histórico convenio de cooperación entre el Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, el Centro Cultural Metropolitano de Quito, el Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, el Museo del Pueblo de Guanajuato, la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Embajada de Ecuador, el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, y el MAQRO. En base a dicho convenio, se han realizado muestras de arte mexicano en Quito (Diego Rivera, José Chávez Morado, Arqueología Maya) y, en correspondencia, las obras de arte colonial quiteño que conforman la exhibición, pertenecientes a la colección del Museo Alberto Mena Caamaño (Pichincha, Ecuador) están itinerando ahora en México, haciendo un oportuno y afortunado alto en Querétaro.

Recorrido de a través del nacimiento y evolución de la escuela quiteña

El MAQRO ha destinado para albergar y exhibir esta muestra su mejor espacio museográfico: la sala 7, ubicada en la planta alta del Exconvento de San Agustín. Su arquitectura, de planteamiento minimalista, es idónea para la exhibición de todo tipo de artes visuales: la limpieza, la luminosidad y la amplitud de los espacios crean un ambiente sereno que invita a la reflexión y que permite a las obras hablar por sí mismas al espectador. Tanto el arte histórico como el contemporáneo pueden hallar cabida y manifestarse con pureza y elegancia; y esta muestra no es la excepción.

El recorrido está organizado con la intención de presentar el nacimiento y la evolución de la Escuela Quiteña, la cual, comparte rasgos esenciales con el arte colonial de otros centros artísticos de América Latina: una temática eminentemente religiosa, congruente con el espíritu contrarreformista del Concilio de Trento; un arte nacido, ora en escuelas regenteadas y vigiladas por las órdenes religiosas, ora en talleres y gremios de oficios; así como una demandante y pujante clientela conformada por la Iglesia, las cofradías y ricos particulares, criollos o peninsulares. Asimismo, se pueden contemplar las técnicas magistrales y peculiares de los artistas quiteños, sobre todo en lo que respecta a la escultura, la cual logró una gran trascendencia regional y en la metrópoli española en el período que va de finales del siglo XVIII y los albores del XIX.

Sin embargo, la Escuela Quiteña de Arte tiene un sabor propio y original que vale la pena señalar. Representa una de las vertientes más originales y ricas del Barroco Andino, un estilo que se desarrolló en el territorio de la llamada Real Audiencia de Quito, que abarcaba desde Pasto y Popayán (Colombia) por el norte, hasta Piura y Cajamarca (Perú) por el sur. Sin duda, comporta de una de las manifestaciones más ricas del mestizaje y del sincretismo artístico de la América colonial; donde la participación y expresión de los indígenas, sometidos brutalmente por los conquistadores, parece ínfima y poco trascendente frente al dominante aporte del arte europeo.

No obstante, y de manera por demás sutil y sigilosa, el sabor indígena logró abrirse paso entre las formas convencionales de la espiritualidad española. En la pintura, por ejemplo, se da el empleo de los rasgos mestizos y de los atuendos locales en el tratamiento de los personajes; se hacen referencias veladas a costumbres indígenas que hunden sus raíces en el tiempo primigenio de su cosmovisión originaria. Se representan escenas ubicadas en ambientes que evocan el recio paisaje andino, sus ciudades, villas y arquitectura. Se sustituyen, con un lúdico y rebelde ímpetu, los animales de la iconografía europea con la fauna local (llamas, cuyos, monos, zarigüeyas, tapires, felinos, etc.), sucediendo otro tanto con la flora. Es común también, la “naturalización” de los santos europeos, tanto en apariencia como en nombres, sustituyendo la nomenclatura de las personas divinas y sus advocaciones con la de las poblaciones locales. Así, María adquiere las autóctonas, insólitas y musicales denominaciones de Chiquinquirá y de Quito; ya sea como madre, ya como alada, bella y melancólica virgen apocalíptica.

Asimismo, se recurre al uso de una compleja narrativa secuencial y simultánea en la pintura, heredera de la concepción no lineal del tiempo propia de las culturas precolombinas. En la escultura, y la pintura, además, se da el empleo de materiales autóctonos, ajenos al taller español, pero que en un intenso y original mestizaje físico y espiritual, empatan a la perfección en la obra de arte: palo de balsa, palma chonta, piedra guamanga, fibras de agaváceas como el henequén y el chaguarquero, cochinilla, semillas, baba de cactáceas, etc.

En la mejor sala del MAQRO, esta exposición

Además de los aportes españoles e indígenas, este arte recibe la influencia de los esclavos africanos transterrados cruelmente a nuestro continente, participando en un rico crisol que amalgama armónicamente ecos flamencos, italianos y moriscos. Todo ello le confiere una rica y característica sensibilidad mestiza, exuberante, esplendente, sensual, mística y sumamente vital.

“Imagen, Devoción y Oficio: Arte Quiteño del Período Colonial”, trae a Querétaro una sustancial selección de piezas que nos acercan a ese arte tan similar al nuestro en espíritu, y tan lejano a la par en lenguaje y referentes. Aunque la exhibición está compuesta en su gran parte por obras de factura anónima, incluye obras de los más importantes artistas del período: Bernardo Rodríguez, Dionisio Alsedo Herrea, Manuel Samaniego, Nicolás Javier Goríbar y Miguel de Santiago, entre otros.

Podemos contemplar óleos sobre lienzo, madera y latón; un Nacimiento o Belén que reúne piezas de todo el período; espléndidas esculturas en madera tallada y policromada, de encarnación mate o brillante, esculturas para vestir; además de un plano dieciochesco de la ciudad de Quito. Todo ello compone un atractivo discurso museológico que nos invita a transitar un doble camino: primero, el de establecer un diálogo y un encuentro con una rica tradición artística que tiene mucho en común con nuestro arte virreinal, tanto en temas y lenguaje plástico, como en sensibilidad. En segundo término, el de reconocer dicha tradición en su propia y justa valía, en su peculiar tratamiento de la imaginería religiosa y en el gusto inconfundible que lo hermana con las restantes escuelas del Barroco Andino: un arte que sabe armonizar el fasto con la suavidad y el misticismo con la sensualidad. Todo esto en el inmejorable escenario que ofrece el MAQRO, ubicado en uno de los recintos más emblemáticos del barroco de Latinoamérica: el Exconvento de San Agustín de Querétaro.

Recomiendo a usted, amable lectora o lector, que se dé un tiempo para visitar esta importante y excepcional exhibición, donde se hermanan los espléndidos caminos del barroco novohispano y el quiteño.

*paideia.uaq2012@gmail.com

 

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