Las ladrilleras y los riesgos a la salud

Ladrilleras en México. Foto: Internet
Ladrilleras en México. Foto: Internet

Por Rocío García | Investigadora del Centro de ciencias de la atmósfera UNAM

En el municipio de Tequisquiapan y el poblado de San Nicolás en el Edo. de Querétaro, la industria ladrillera se ha incrementado desde la década de los sesenta a la par del crecimiento urbano. Los más de 200 hornos ladrilleros distribuidos en distintos sectores dentro del estado representan un problema ambiental.

De la operación de hornos ladrilleros se derivan riesgos a la salud principalmente por las altas emisiones de contaminantes. En general, los factores de riesgo están clasificados de acuerdo a su peligrosidad, exposición y vulnerabilidad. La peligrosidad hace referencia al conjunto de características que crean un fenómeno dañino definido por su nivel de severidad y probabilidad de ocurrencia.

Los hornos ladrilleros típicos a cielo abierto son construidos de forma artesanal, consumen grandes cantidades de combustibles de todo tipo, como leña, aceite automotriz reciclado, carbón, combustóleo, diesel, llantas usadas, basura y plásticos. La combustión ineficiente de estos hornos favorece la emisión de partículas sólidas totales (PST) y gases de invernadero, entre los que se encuentran los óxidos de nitrógeno, de azufre y de carbono.

Ladrilleras y pobreza

La industria del ladrillo es una actividad asociada a los sectores más pobres de la comunidad. En lo particular, en Tequisquiapan y San Nicolás, esta actividad se ha incrementado drásticamente desde la década de los sesenta a la par del crecimiento urbano. Actualmente existen más de 200 hornos distribuidos en distintos sectores dentro del área urbana, que constituyen un riesgo ambiental y de salud.

El tiempo de quemado promedio de diez mil ladrillos en un horno convencional abierto es de 12 horas, a una temperatura aproximada de 600ºC. Este proceso genera alrededor de 86 kg de PST por quema. En el poblado de San Nicolás, un horno a cielo abierto opera en promedio 36 veces al año.

La Agencia para la Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos ha establecido estándares nacionales para la calidad del aire ambiental (NAAQS, por sus siglas en inglés) para proteger a la población de la exposición a grandes cantidades de contaminantes. Los contaminantes criterios son ozono, plomo, monóxido de carbono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno y material particulado respirable. Cuando los niveles de alguno de estos contaminantes exceden los límites máximos permisibles, el área se clasifica como en incumplimiento. Si esto sucede, la EPA aplica ciertas regulaciones federales en las emisiones de contaminantes y designa un periodo para que el área cumpla con el estándar.

Las normas mexicanas NOM–043–SEMAR–NAT– 1993 y NOM–085–ECOL–1994 (SEMARNAT 1993, 1994) regulan las emisiones provenientes de fuentes fijas, las cuales pueden ser aplicables a las generadas por la industria ladrillera. No obstante la importancia socioeconómica de esta industria, no existen regulaciones federales para la planeación y control de la operación de los hornos, a pesar de que contribuyen al detrimento del ambiente, principalmente del aire. Sin embargo, a nivel estatal, la Ley Ecológica para el Estado de Guanajuato, en sus artículos 30 y 31, hace referencia a las actividades y servicios que originen emisiones que puedan producir daños al ambiente y a la salud y bienestar de la población, por lo que es de observancia obligatoria cumplir con los límites y procedimientos que se fijen en las normas técnicas ecológicas estatales.

Es importante tomar en cuenta que las familias dedicadas a esta actividad, deben recibir entrenamiento para desarrollar un proceso más efectivo en la producción y menos riesgoso, por lo que, considerar el nivel de riesgo tóxico y ambiental debe estar asociado a la construcción y eficiencia de operación de los hornos mediante técnica y usos eficientes de combustible. Lo que traería como consecuencia minimizar los riesgos hacia la salud de los pobladores y los impactos negativos al medio natural. Los resultados de la capacitación y entrenamiento que pudieran recibir las diversas asociaciones de ladrilleros podrían fortalecer la toma de decisiones de las autoridades en acciones preventivas y de control en la actividad económica de la industria ladrillera.

*Doctora en Química Atmosférica, UNAM.

 

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