Las fiestas navideñas de antaño

Navidad en los mercados públicos. Foto: Ketzalkoatl
Navidad en los mercados públicos. Foto: Ketzalkoatl

 

por Beatriz Padilla | Historiadora

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, vivió en esta Ciudad el Lic. José María Sotelo, en la casona que se encuentra en la esquina de la hoy calle Luis Pasteur sur # 23 (Secretaría de Educación del Estado), esta calle se denominaba calle de Posadas, debido a que en el hoy Hotel Mesón de Santa Rosa, existió una posada con ese mismo nombre y en la contra esquina, se encontraba otra posada llamada de San Antonio, en donde hoy día se encuentran varios restaurantes con mesas, sillas y sombrillas sobre la Plaza de la Independencia.

El Lic. Sotelo era muy popular en esta Ciudad, debido a que siempre tomaba parte activa en los festejos públicos y pertenecía a la aristocrática sociedad queretana de aquella época, pero sobre todo, eran muy conocidas y apreciadas las fiestas que organizaba en su casa cada año.

Cuando las personas preguntaban a otras que ¿a dónde iban?, contestaban que a la fiesta de la calle de Posadas, con el tiempo fueron acortando su respuesta y decían que iban a la fiesta de Posadas, se cree que tal vez de aquí tomaron ese nombre estas festividades.

En aquellos tiempos, ese tipo de celebraciones tenían carácter religioso, pero nuestro personaje las hacía con tal pompa y circunstancia… que parecía que los templos se prolongaban a través de las calles y de las plazas, en donde se mezclaban las ceremonias litúrgicas con las explosiones de entusiasmo de las multitudes.

En la casa del Lic. Sotelo los corredores, el patio y algunas de las habitaciones de la señorial mansión, se adornaban con faroles ‘andadores’, con cadenillas de papel de China, de múltiples colores, con farolillos de papel policromado, cuya luz difusa y tenue, contrastaba con la amarillenta que emitían las velas de cera colocadas en artísticos candelabros de metal o de finísimo cristal que adornaban la sala, en cuya mesa de ‘tortuga’ y sobre ‘andas’ se encontraban los ‘peregrinos’, primorosas esculturas exponentes de la bella estatuaria religiosa que dio a conocer el genio de aquel artista queretano, que se llamó Mariano Arce y que tanta personalidad adquirió por sus obras inmortales.

En el patio, lucía suspendida de cordel corredizo, descomunal ‘piñata’ en cuyo inflado ‘vientre’ se guardaban piñones, colaciones, cacahuates, etc., toda para esa chiquillería, alegre, bullanguera, que saltaba y gritaba: ‘Anda niñita no te dilates, con la canasta de los cacahuates’, o bien: ‘Vengan confites y canelones, para los muchachos que son muy tragones’.

Lo más granado de la sociedad queretana, ya fueran civiles, militares o eclesiásticos, estaban presentes y justamente el Juez Eclesiástico, Dr. Joaquín de Oteiza…tras los cumplidos y aspiración del perfumado rapé, iniciaba el rezo de las ‘Posadas’, cuyos cantos eran acompañados en el clavicordio que con singular maestría tocaba la señorita Tulitas, hija del anfitrión y por el bullicioso sonar de pitos de agua que imitaban: ora el gorgeo(sic) del gorrión o el trinar del canario y que eran tocados por la chiquillería que llena de júbilo hacía sonar igualmente los panderos y los tamborcillos. Y tras la liquidación de la piñata, seguía el espléndido refresco, en el que figuraba la roja sangría de buen vino de Castilla, el blanco y amarillento rompope de exquisito jerez y yemas de huevo, los ricos canelones, la fruta de horno que era la especialidad de las Beatas Carmelitas, las rosquitas y las puchas, salidas de las manos sin mácula de las Madres Rosas, las natillas y en resumen, todo lo que constituía la repostería de aquella época, todo se servía con regia esplendidez en la casa del Sr. Lic. Sotelo, él que no conforme con tan variado, rico y suculento obsequio, todavía ofrecía exquisitos y blandos buñuelos, rociados con almíbar y grajeas(sic) de colores, o bien, los humildes bañados con caliente y concentrada miel de piloncillo, todos acompañados del imprescindible atole de color.

Así se vivían estas tradicionales fiestas navideñas en el Querétaro del siglo XIX.

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