De choferes y cacharpos

Periplo por el sistema de transporte público queretano

Pasajeros de microbus en Querétaro. Foto: Ketzalkoatl
Pasajeros de microbus en Querétaro. Foto: Víctor Xochipa

26 de marzo 2013, Querétaro, Qro.

Miguel Ortiz

Confieso que hace mucho dejé de usar microbuses, o como dicen acá taxibuses o taxivanes, pero mi bicicleta se descompuso y aunque intenté, por temor, no hacer uso del transporte público urbano, el extraño ritmo de trabajo de mi mecánico de bicis me concedió más de una semana como usuario honoris causa del transporte público queretano.

Después de hacer lo que hago, me dijeron que mi ruta pasaba en la parada de la Alameda, y hacia allá me dirigí. Confieso que sentí un poco de temor cuando camine hacia la dichosa parada, pues formaban los micros una enorme fila en el carril pegado a la Alameda, donde el freno de aire amenazante, el acelerar ruidosamente sin avanzar, la mirada ávida de pasaje, el olor a diésel sin quemar y el familiar humo, activaron mis recuerdos infantiles, suspiré profundo: recordar es volver a vivir. El eterno retorno de la tragicomedia de viajar en camiones deshumanizados, que proyectan la miseria de miras del gobierno y los dueños del transporte público. No es nada nuevo quejarse del transporte público en México. Es otro síntoma más al que ya ni le hacemos caso.

El grito estridente de un trabajador trataba de decir a los choferes cuantos minutos lo separaban de su competencia, gritaba, sudaba y anotaba en un papel, los choferes ni lo volteaban a ver. Una delicia escuchar los motores de tantos camiones y los gritos del checador, en ese momento imagine cómo lo disfrutarían nuestras autoridades: con sus trajecitos, corbatas, y sus iphones- ipads, gestos solemnes de resolver la más grave crisis del mundo, rodeados de sus guarros con gestos fieros de “soy del servicio secreto”, sudando y bufando.

Después de 20 minutos esperando, llego mi ruta, se detuvo, me subí, pagué, me senté, y pude ver después de acomodarme en un transporte público orgulloso de sus desgracias: viejo, feo, caro y abandonado. Abandonado por sus dueños, por el gobierno y los choferes.

Dicen los uniformes de los trabajadores de estos micros y sus unidades, que son Cooperativas. Me dieron ganas de cooperar para retapizar los asientos, limpiar el camión y ponerle amortiguadores. Por el trágico estado de los camiones sabemos que los choferes en su mayoría no son los dueños.

Parece ser que los choferes sólo dejan ver su lado humano cuando se les entrevista. Trabajamos más de doce horas diarias, no tenemos prestaciones y tenemos que entregar la cuenta al patrón, me dijo uno, casi pude ver como se le ponían los ojos vidriosos y rojos, y también casi olvido todas las atrocidades que minutos antes había presenciado, como cuando se paró ocupando dos carriles de Avenida Cimatario, durante casi 5 minutos interrumpiendo el tráfico, porque se quedó platicando con otro chofer contiguo: ¿Qué onda guey? ¿Si le vas a caer al rato con la chabela? A güevo güey, si yo soy el mero valedor de esa torta…

Cuando el chofer esta “capacitando” a su cacharpo, de súbito tienen necesidad de tratar peor a los pasajeros, como para no dejar duda de que el microbús es su micro reino donde ellos mandan. Así en otra ocasión me sorprendí cuando un chofer y su cacharpo le gruñeran a una persona de la 3ª edad, al mostrar ésta, su credencial para solicitar un descuento, y como para que no quedara duda de que se sentían muy ofendidos, el chofer arrancó a todo motor haciendo que el camión se jaloneara y el cacharpo azuzaba al chofer: ¡a la verga, así nunca vas a juntar la cuenta puto!; sólo allí comprendí que para las personas de la tercera edad, enfermos, mujeres embarazadas y con niños pequeños, una verdadera amenaza para su salud es usar cualquier autobús urbano.

Por supuesto que había dentro del microbús una placa que mostraba las credenciales de las Instituciones que acreditan para el descuento, también estaba otra placa a la vista que claramente decía las obligaciones del “prestador del servicio” y también sus derechos. Honestamente pensé que la anciana que fue maltratada por el rey del camión le iba a reclamar, pero no, estuvo muy ocupada en no caerse y acomodarse en su asiento. Y ni hablar de los otros pasajeros que ya aprendieron que con los microbuseros en Querétaro nadie puede, se está indefenso y nadie les protesta. Cuando a un chofer la autoridad no le castiga sus delitos al volante, lo premia y le refuerza esa mala conducta, los choferes ya aprendieron que no es importante hacer bien su trabajo, porque portándose mal, ganan.

La tradición dicta que hay que aguantar. Muchos pasajeros en su viaje se sumen en un mutismo absoluto, en un auténtico ejercicio faquirístico, quizá para disfrutar a todo volumen del altruista y buen gusto del melómano chofer, que va de los Ángeles Azules a Espinoza Paz, sin descartar nunca algún moderno concierto de música electrónica.

También los choferes tienen vocación evangélica, pues muchas veces parece que al subir al camión nos acercamos a un altar pues a decir de ellos mismos, Chuchito y la Lupita los cuidan siempre, y lo menos que hay que hacer es darles su lugar. Queda muy clara su devoción y la denominación de su fe, tal vez ese mismo fervor exigen de los pasajeros que tenemos la esperanza de que nos vean cuando queremos subir al camión y de que nos escuchen cuando pedimos que nos bajen.

Los pasajeros padecen estrés pre traumático: ojalá y ya no tarde tanto el camión, que se pare para poder subir, que tenga cambio, que me oiga cuando pida bajar, que no se salga de ruta, que no se vaya a 1km por hora, etc., y también de estrés postraumático: son frecuentes las pesadillas de mis amigos usuarios de autobuses urbanos, donde la hermana o la mamá se va a casar con un chofer de micro. Angustiados me preguntan que qué significa su sueño y que si es posible que se cumpla.

En una ocasión escuché a un grupo de choferes en su “base” narrar a carcajada suelta, sus proezas al provocar accidentes a otros autos y atropellamientos a peatones. Al parecer sus organizaciones tienen acostumbrada la buena práctica organizacional de premiar y motivar a sus peores choferes para que no sean procesados penalmente cuando cometen un delito. ¿Negociando con quién? ¿Pagando con qué?

De muy poco sirven las buenas intenciones de mejorar el transporte público, poniendo en las unidades internet, tarjeta de prepago, cámaras de vigilancia en cada camión, etc., pues lo fundamental en este problema es el estado físico de las unidades, son viejas; y también el estado físico y mental de los choferes, están estresados, mal pagados, desmotivados y se comportan groseros con sus clientes, no son conscientes de que deben ser amables, han logrado parecerse a algunos burócratas del IMSS, que al saber que tienen unos clientes cautivos, no se esfuerzan en mejorar, pues tienen su chamba segura. Los usuarios les temen y con razón. Sé que no siempre se comportan así, pero muchas veces sí.

De los dueños de los camiones nadie sabe nada, salvo cuando protestan porque no quieren una modernización del transporte público a fondo. Sobre todo se hacen sentir en tiempos electorales, que ahora parece que nunca se acaban.

Encabronado con los choferes, las autoridades de transporte y los dueños de los camiones, resolví comprarme otra bicicleta que me liberara del estrés y las pesadillas que ya padecía, pero el mecánico de bicis se aplicó y yo me despedí de ese infierno llamado sistema de transporte público urbano. Sólo puedo recomendar ahora para su salud, que se alejen de cualquier camión urbano o se vuelvan clientes exigentes de los choferes, los dueños y el gobierno, para que humanicen este servicio sin pretexto.

No se ve que las autoridades quieran sinceramente mejorar de raíz el sistema de transporte, sólo se oye su permanente retorica electorera que administra la miseria de este gremio.

Compadezco a los usuarios sinceramente y deseo con todas mis fuerzas que el gobernador, los presidentes municipales y los diputados (guarros-asistentes incluidos) viajen tan sólo un día en microbús.

Pero como en estos tiempos en Querétaro, a nuestros diputados y al Gobierno Estatal gustan de proteger las más valiosas tradiciones queretanas, yo creo que dentro de poco declararán patrimonio cultural eterno, al transporte público queretano, incluyendo choferes (vestidos de blanco y coronados de flores, como en Chalma) y unidades, en misa solemne con el obispo en la ahora sagrada plaza de toros de Juriquilla.

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. la verdad al transporte publico de aqui todavia le falta MUCHO por recorrer…. yo soy de la opinion que el chofer tiene en gran medida la culpa pero tambien el patron….. no creen que esto cambiaria si en vez de escuchar del patron “si no te apuras a llegar a tal lado 100 pesos menos”…. o “no es mi pedo si te pagan con credencial a mi me das tanto diario”…. no crees que cambiaria un poco?.. yo tengo esa esperanza jajaja (no es sarcasmo jaja) y la otra parte es donde el gobierno interviene BIEN patriarquizando el transporte publico por que asi todo el transporte seria uno solo y no tendrian “teoricamente” contra quien competir… Y a esperanzas mias tal vez modernizarian las unidades y tal vez un servicio de vez en cuando…. asi como ahorita estan con lo del gas natural e invirtiendo en nuevas unidades que funcionen con gas….. sigo con la esperanza por que a fuerzas tengo que usar ese medio toooodoooooss los dias….. Por que otra cosa…. resulta que no solo atropellan peatones…. tambien ciclistas… y no solo los camioneros…. también los conductores irresponsables de vehiculos particulares….

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s