Reforma fiscal: recaudar más ¿y gastar mejor?

Manifestación en Plaza de Armas en contra de la reforma energética. Foto: Ketzalkoatl
Manifestación en Plaza de Armas en contra de la reforma energética. Foto: Ketzalkoatl

Por Enrique Kato | Economista.- 

Los impuestos existen para financiar el gasto público. Y las reformas fiscales se proponen para recaudar más ingresos y, casi siempre implícitamente, se formula un compromiso doble a cambio de la reforma: distribuir mejor la carga fiscal y ejercer mejor el gasto de gobierno. El análisis de qué es mejor en los asuntos de la hacienda pública no es sencillo. Normalmente, los economistas afirmamos que la progresividad fiscal es un indicador de que los ingresos del gobierno se recaudan bien.

Impuestos y Reformas, ¿por qué existen?

Entendemos por progresividad que aquel contribuyente que posea más recursos es quien que aporta más a las finanzas públicas.
Por lo tanto, es regresivo cuando los contribuyentes de altos ingresos reciben créditos fiscales para no pagar y eventualmente se les puede condonar su deuda con el fisco.

Otra posibilidad de regresividad ocurre cuando la carga fiscal del gobierno se concentra en los contribuyentes de ingreso medio, en lugar de distribuirse proporcionalmente como ocurre baja una distribución fiscal progresiva. El caso mexicano se caracteriza por las dos situaciones descritas alta carga fiscal de los estratos medios y baja o nula aportación de contribuyentes de ingresos altos.

 

Cómo mide el coeficiente de Gini

Aunque es conocido el análisis de la progresividad, es menos conocida la forma en que se puede evaluar el gasto público. Se esperaría que una justa recaudación de impuestos, y un gasto público bien dirigido, debiera incidir en una menor desigualdad social. Retomo para ese propósito el indicador del coeficiente de Gini, que en una sola cifra revela el grado de desigualdad.

El coeficiente de Gini es un instrumento útil, y analíticamente poderoso, y permite comparar a una sociedad en dos momentos: antes del pago de impuesto y después de ejercido el gasto público. La expectativa es percibir una sociedad inequitativa antes del cobro de impuestos y que la recaudación y gasto públicos sirvan para reducir la desigualdad, tal como lo postula el principio de progresividad fiscal. El coeficiente toma como valor mínimo cero y como máximo uno. Una cifra baja indica más igualdad, un valor alto revela mayor desigualdad. Países equitativos o igualitarios como Japón, Dinamarca y Alemania tienen coeficientes de Gini menores a 0.25. En cambio, países inequitativos con una distribución desigual del ingreso como Colombia, Haití, Honduras o Sudáfrica tienen coeficientes superiores a 0.55 puntos. México tiene cifras cercanas aunque debajo del grupo más inequitativo.

En el club de países industriales y desarrollados, agrupados bajo las siglas de OECD, el coeficiente de Gini se reduce de 0.457 a 0.314. Esta reducción se puede lograr cobrando equitativamente los impuestos y ejerciendo el gasto a favor de la población desprotegida, y ofreciendo ventajas a quienes no las tienen. El resultado es una sociedad más justa.

En el México de los ochenta del siglo pasado el coeficiente de Gini, antes de impuestos, registraba 0.453. La crisis de mediados de los noventa repuntó la cifra a 0.532. Los datos más recientes no registran aún el impacto total de la crisis actual. En la era pre crisis, en 2008, la cifra era ligeramente mayor a la de 1980: 0.494. Si bien se logró reducir la desigualdad de 1995 hacia finales de la década pasada, no somos una sociedad más equitativa de lo que fuimos en los ochenta del siglo XX, que no fue la década dorada del país. Tampoco hemos considerado el incremento de los impuestos posteriores a la crisis de 1995 o de 2008, ni los enormes presupuestos a desarrollo social que se prolongan por décadas.

Para evaluar la eficiencia de la hacienda pública para reducir las brechas sociales podemos comparar el coeficiente de Gini después de impuestos y transferencias a la población. En los ochenta prácticamente no se reduce, a mediados de los noventa se reduce de 0.532 a 0.519, y las cifras más recientes muestran una reducción de 0.494 a 0.476. Aunque existe reducción de la desigualdad, esta no es comparable a lo que observamos en el grupo de países desarrollados. La explicación puede ser doble: una recaudación inequitativa o un ejercicio del gasto inequitativo, es decir, a favor de los estratos de más ingresos. También cabe la interpretación de que ambas pesquisas puedan ocurrir al mismo tiempo.

 

La desigualdad no se debe a la falta de dinero

La desigualdad vigente en el país no es resultado de la falta de dinero. Cada año se recauda más por concepto de Impuestos Sobre la Renta (ISR) y por Impuesto al Valor Agregado. En los últimos 15 años, como proporción del PIB, la captación de ISR y de IVA se ha incrementado de 3.3% a 5% y de 2.4% a 3.9%, respectivamente. Además, cada año se destina una mayor proporción del gasto a la función de desarrollo social, que incluye las partidas de educación, salud, vivienda, seguridad social, entre otras. Estas tendencias significan que ha habido más recursos y también más fondeo para la función social. Sin embargo, no se ha concretado mayor equidad social. Y la solución de fondo no vendrá ni recaudando más dinero a los de siempre ni tampoco ejerciéndolo como siempre.

Decidí enfocar el análisis soslayando la reforma energética. No obstante, en el caso de que la hacienda pública pierda los recursos petroleros (la renta petrolera) eso significará que para financiar el país que conocemos se requerirán de más impuestos a la actividad económica de la población. Pero ya no será el país que conocemos. Dado el bajo crecimiento de la productividad, los impuestos significan menor poder de compra que no se podrá compensar vendiendo o trabajando más, porque el empobrecimiento será generalizado. Por tanto, las exportaciones seguirán cobrando importancia en nuestra economía, como también las importaciones de insumos para la elaboración de esos productos exportables y continuará la baja en los salarios como ancla de costos.

El fortalecimiento de las finanzas públicas se logra con una economía sólida y en crecimiento. Se requiere de estabilidad en el trabajo y de una remuneración que permita la capacitación y el entrenamiento laborales. Al tener las mayorías resuelto el trabajo y el medio de vida, se reducirá significativamente la presión financiera que hoy existe a causa de los grandes montos destinados al desarrollo social. Hoy deberíamos recordar las discusiones de los setenta y los ochenta sobre los ingresos petroleros como palanca para el desarrollo. Perder la renta petrolera, presionará las finanzas de nuestras familias y se debilita la economía nacional.

No se requiere tasas de impuesto más altas para lograr una mayor recaudación, sino de una sociedad más justa para lograr una economía en crecimiento. Ω

 

enrileo@gmail.com

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