Educación vial, factor clave de convivencia urbana

Calle Mariano Escobedo Querétaro. Foto: Ketzakoatl
Calle Mariano Escobedo Querétaro. Foto: Ketzakoatl


Saul Obregón / Miguel Ríos | Urbanistas, UAQ

En las prisas de los tiempos actuales, entre tener muchas actividades pendientes por realizar y querer llegar en tiempo a nuestros destinos, la movilidad en zonas urbanas, como siempre escuchamos, se ha tornado un tanto complicada, hasta el punto de convertirnos en otras personas cuando transitamos por la vialidad -llámese calle, banqueta o acera, carriles bicicleta, puentes peatonales, entre otros; pero vivir como usuario la movilidad y tener, ya sea un ligero susto o un accidente vial, es cuestión de instantes de tiempo entre tomar una correcta o una mala decisión.

Es preocupante esto, ya que según datos del 2010 de la Secretaría de Salud, se tiene que en zonas urbanas ocurre el 93.88% de los accidentes viales, obtenido de la siguiente forma: 427,267 (totalidad de accidentes en el país en zonas urbanas) / 455,085 (totalidad de accidentes en el país). Algo no está funcionando en la administración y control de las vías urbanas, sumando que cada vez llegan más personas de zonas rurales al núcleo urbano.

Como usuarios de la vía, qué tanto conocemos del entorno que rodea a cada persona en la movilidad, ¿sabemos qué usuario tiene preferencia de paso y en qué condiciones?, ¿sabemos cómo conducir en condiciones climáticas extremas?

La movilidad es un derecho de todos, pero al igual que todo juego, hay reglas que seguir y como tenemos derechos también tenemos obligaciones. Esto se logra adecuando la cultura con el fin de lograr la meta: compartir, y hacer eficiente y segura la movilidad.

Si sabemos que nuestros servidores públicos ya tienen semejante reto con lograr una equidad funcional y efectiva con la movilidad urbana, nosotros como usuarios, aprendamos a ser responsables de la vialidad. Es un compromiso que se comparte entre responsables de la prestación del servicio, autoridades y usuarios. Para lograr una capacitación a la totalidad de los usuarios y lograr la mayor efectividad posible en las acciones que se emprendan, se ejecutó una investigación para desarrollar un indicador que logre medir de forma objetiva el nivel de educación vial de los usuarios en ciudades medias mexicanas, y como caso de estudio, se desarrolló la aplicación en la ciudad de Santiago de Querétaro.

Este indicador está basado en la aplicación de un cuestionario formado por variables que tienen su fundamento en el Plan Mundial de Acción por la Seguridad Vial de la ONU, los programas de capacitación de la Dirección General de Tráfico de España, el Consejo de Seguridad Vial de Costa Rica, la Dirección de Prevención de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Querétaro, y las propuestas de cursos del Instituto de Investigaciones para la Seguridad Vial de Holanda; busca darle una calificación al conocimiento adquirido por el usuario a lo largo de su vida y mediante casos hipotéticos ver este conocimiento aplicado en la vialidad. 

Un ejemplo de lo antes mencionado es una campaña que lleva por nombre “Inteligencia Vial” (Colombia), que hace énfasis en llevar a la práctica lo que uno sabe y aprende, “menos predicar, más aplicar”. Y a las autoridades las insta a demostrar su verdadero liderazgo predicando con el ejemplo. Caso contrario en México, cuántos de nosotros no hemos sido irrespetados como peatones cuando algún burócrata de “altos vuelos” sale con su vehículo de una oficina estatal, deteniendo el policía en turno al peatón para que el servidor público abandone libremente su lugar de trabajo.

Los resultados obtenidos del indicador mencionado, dan una calificación del conocimiento en una escala de 0 a 10, de los siguientes tipos de usuarios: peatón, ciclista, motociclista, usuario de autobús del transporte público, pasajero de vehículo y de conductores de vehículo. Los usuarios que mostraron un mejor conocimiento fueron el peatón, el ciclista y el pasajero de autobús de transporte público con calificaciones entre 7 y 8 (previa comparación con un estudio visual); mientras que el usuario con menor calificación obtenida y que debe de prestársele atención especial en cuanto a situaciones por falta de conocimiento, fue el motociclista con un resultado de 5.5 de calificación.

De las seis variables en análisis: 1)reglamento o recomendaciones, 2)señales de tránsito, 3) situación actual en seguridad vial y factor humano, 4)infraestructura, 5)cortesía y urbanidad, y 6)situaciones aplicadas; el usuario motociclista, obtuvo las más bajas calificaciones en situaciones aplicadas (4.4) y en la variable de reglamento o recomendaciones, promedió 4.8 de calificación. 

En España, se presenta una situación muy parecida con este último usuario, por el incremento y la alta probabilidad de estar en presencia de un accidente vial; por lo que dicho país les creó una campaña de capacitación y conciencia vial, que incluye cumplir con una serie de entrenamientos para conducción en vías urbanas y otra en carreteras. Para tener una idea en qué nivel se está con respecto a la forma de medir en España la conducción de los motociclistas, pueden acceder al sitio www.enmotomasseguro.com

Otro usuario vulnerable es el ciclista. Dentro del estudio obtuvo una calificación de 7.8, y las variables con más bajas calificaciones fueron: a) Conocimiento en situaciones aplicadas, y b)Cortesía y urbanidad. El ciclista demostró bajo conocimiento, al relacionarse con otros usuarios de la vía. Por ejemplo, aunque el peatón cruce de forma no responsable, tendrá la preferencia de paso. Además, debe conocer, al igual que el motociclista, la forma de hacerse ver en la vialidad, señales de maniobras, y su ubicación en el espacio de una vía compartida con otros usuarios; será clave contar con estos conocimientos como inicio. El ciclismo de montaña o de ruta que sale de las zonas urbanas, requerirá al igual que un motociclista en carretera otro tipo de capacitación. 

No obstante, por más promoción con beneficios políticos que se haga a la Ley de Movilidad del Estado de Querétaro, ésta presenta carencias en su reglamentación (de la cual ya se habló hace un año en el presente periódico), y si realmente queremos promover una movilidad integral y respetuosa, deberá reglamentarse cada actor de la movilidad. 

La bicicleta y la motocicleta son vehículos de necesidad, en muchos casos para movernos, en otros casos, un lujo y deporte; en el caso de la motocicleta, como toda maquinaria, el respeto que se nos pide tenerle, significará el conocimiento de las limitaciones, potenciales y debilidades, y de la movilidad que nos otorgue. En el caso de la bicicleta, dependerá de la capacidad del impulso humano y nunca podrá competir en potencia frente a una máquina, por lo que el usuario debe conocer sus alcances; que para ello, al igual que la motocicleta, además de verse dentro de un sistema vial de transporte que se comparte con más usuarios, habrá un espacio destinado para su circulación. 

Esperemos que nuestros representantes actuen en acciones de educación, mismas que al no ser físicas no les dejarán beneficios políticos; sin embargo, valdrá más dicha cultura que una “ciclopista” o un distribuidor vial en donde la ley de la selva prevalezca. Ω

*saul.obregon@uaq.mx

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