Japón, los mendigos de la abundancia

Kamagasaki era un centro de contratación temporal de trabajadores
Kamagasaki era un centro de contratación temporal de trabajadores

Luisa Zapata | Reportera

Osaka. Su economía supera a las de Tailandia y Hong Kong juntas, Osaka es la capital urbana de la segunda aglomeración más grande de Japón. Es considerada una ciudad elegante, ideal para el shopping, tiene excelentes restaurantes y hoteles de clase mundial, amén de una inagotable vida nocturna. Su área metropolitana aglutina a una enorme cantidad de complejos industriales y comerciales, por mar, el puerto de Kobe es el más importante del país, en el que más transacciones se realizan. Hay tanta bonanza que como necesitaban un aeropuerto y no cabía debido a la densidad de la urbe, fabricaron una isla artificial de 511 hectáreas para construirlo. “Japón es la dictadura de la tecnología”, me decía un amigo recién llegado de allá “si anuncian que el metro arriba a las 9:06 hrs, a esa hora llega, todos viven gobernados por la tecnología”, el ritmo de consumo es vertiginoso, todos deben poseer lo último, lo más reciente. También tienen el templo Shitennoji, el santuario Sumiyoshi y el castillo de Osaka. Suena como el paraíso. Y al igual que el paraíso cristiano también hubo expulsados. Y viven a 15 minutos de Osaka.

Kamagasaki. Los ‘no iyukusha’ (literalmente los que acampan en los parques) son los sin trabajo, los expulsados, los inservibles. Su hogar está en el barrio de Kamagasaki, y este no aparece en ninguna guía turística de Japón, es su vergüenza, es el reflejo de que la incapacidad para resolver los problemas sociales se da también en los países que presumen de un funcionamiento casi perfecto.

En este barrio de 2 km cuadrados viven cerca de 30 mil personas (un 90% son hombres) con una edad promedio de 60 años, es una especie de geriátrico callejero. En su juventud fueron trabajadores exitosos del sistema, pero el mismo sistema los eliminó cuando la crisis del 91, la mecanización del trabajo y la reestructuración de las empresas. Viven dónde y cómo pueden, hacen sus dormitorios con material de desecho, tan desechables como lo son ellos mismos para el sistema que los aniquiló en vida. Se protegen de la deshonra, de no haber podido ser lo que los demás. Apenas saliendo del metro se ven personas estremecidas de frio que esperan por una comida caliente, dos veces por semana hacen una fila de 2000 personas para recibir el único alimento nutritivo que consumen. Muchos ancianos mueren abandonados, entre el alcohol y el frío.

Kamagasaki era un centro de contratación temporal de trabajadores. Aunque desde hace tiempo no funciona como tal, las puertas de la construcción principal se abren diariamente desde las 5:30 de la mañana, el edificio se llena de gentes sin hogar que desean dormir en el suelo, porque al menos estarán bajo techo y sin preocuparse de que los shinogui (un grupo que se dedica a robar a quienes duermen a la intemperie) los ataquen o golpeen. Muchos viven en este lugar porque no pueden costearse el billete de regreso a sus pueblos natales. Dura realidad, pero realidad ante todo.

Antes fueron trabajadores exitosos, algunos dicen que tenían autos costosos y comían en lujosos restaurantes, hoy no son nadie, son fantasmas, son invisibles.

Los marginados japoneses no tienen cabida en un modelo social basado en la eficiencia y la competitividad, donde son relegados los más débiles, pero inclusive en la naturaleza salvaje, el macho alfa provee a los demás machos de la manada, porque sabe que son complementarios, instintivamente sabe de la imposibilidad de coexistir entre sólo machos dominantes, sabe que cada quien tiene distintas particularidades y funciones en su sociedad. Una buena lección poco aprendida, sin embargo.

Hoy día hay quienes dicen que la política oficial al respecto es esperar pacientemente, esperar a que estas personas, en su mayoría ancianos, mueran.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. KETZALKOATL PERIÓDICO dice:

    Reblogueó esto en Ketzalkoatl, Cultura y Entretenimientoy comentado:

    Japón, los mendigos de la abundancia

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