Los paradigmas del cambio social Colectividad, bienes comunes y justicia para todos

Atardecer de San Miguel de Allende, Gto. Foto: Ketzalkoatl
Atardecer de San Miguel de Allende, Gto. Foto: Ketzalkoatl

Alejandro Angulo | Analista ambiental y escritor .-

Un movimiento se ha puesto en marcha a escala mundial, apareciendo en múltiples escenarios y librando una batalla en diversas parcelas de la estructura social. ¿Y qué es? lo que tienen en común, además de su convergencia temporal, las demostraciones de fuerza en Alemania, Inglaterra e Israel y Chile y muy recientemente en Turquía y Brasil, los cuales fueron precedidos por los levantamientos contra las monarquías de Egipto, Libia y otros más, mientras en Australia se debate una nueva ley ambiental que pretende obligar a los contaminadores a asumir los costos y por otro lado, emergen nuevos planteamientos en el renglón de los derechos humanos y, aquellos de incidencia en los derechos fundamentales de orden colectivo y difuso. El sismo aparece con nuevos rostros sociales, sin embargo, dicho movimiento no es una réplica de otros en el ayer, ahora, se erigen desde una plataforma ideológica, que traspasa a los distintos pisos de la sociedad, ya sea por medio de la confrontación abierta, las reformas al sistema jurídico, la oposición a las medidas económicas de ajuste, la distribución de las cargas y costos ambientales, la defensa ciudadana de especies y espacios naturales, los foros internacionales para la reducción de emisiones contaminantes, la iniciativa del PNUMA “Hacia una Economía Verde” , la preocupación por reducir los costos económicos (que impactan en la economía global) derivados de los mal llamados desastres naturales, el agotamiento de una era del petróleo, el crecimiento demográfico y el asentamiento mayoritario de la población en las urbes creando ciudades caóticas inmersas en procesos segregacionales, condenando a perpetuidad la marginación de las poblaciones rurales de los países en desarrollo, y además, la amenaza de una crisis hídrica que puede conducirnos a nuevos conflictos y mayores pérdidas de vidas.

La cuestión que resalta de todo ello, son tres aspectos: la imperiosa necesidad de una justicia para todos; la colectividad como centro de gravedad y; los bienes y derechos comunes. Y es que, la inmensa mayoría sabe y ha calado el lado injusto de los sistemas jurídicos, convertidos hoy en día en oficinas administrativas, opacas y revestidas de mera legalidad que las convierten en ficción de impartición de justicia; pero en forma paralela, camina el gigante de la colectividad, que rechaza los poderes unipersonales, el control monopólico, la exclusión de los demás en la toma de decisiones bajo el rostro de una empobrecida democracia representativa y de políticas públicas ensordecidas; pero también, ésta colectividad coloca como enunciado de la crítica, la pertinencia de hacer valer el interés común, por encima del prevaleciente interés privado.

Bajo esta dimensión contextual, en México en los últimos 2 años, se han presentado varios movimientos que cabalgan sobre estos argumentos presupuestales: la movilización colectiva en la capital de Guanajuato, en contra de la decisión unilateral del ayuntamiento de otorgar un cambio de uso del suelo justo en los terrenos de la Bufa, en provecho del interés particular y por encima del bien común, que llegó al referéndum; el otro caso se registró en el norte, en Los Cabos, donde apareció la colectividad en la playa agrupando a más de 10 mil personas, para esgrimir el bien común contra la decisión de autorizar la explotación minera de un par de empresas; y el tercero, en la capital de Querétaro, que frente a la sinrazón pública de otorgar un cambio de uso del suelo para uso habitacional residencial en un área considerada la más valiosa por sus servicios ambientales y grado de conservación, la colectividad de ambientalistas, demandaron al municipio para lograr revocar el acuerdo.

La colectividad, como dispositivo de accionar de la sociedad, es una fuerza que desencadena una energía social en la búsqueda de la justicia para todos y los bienes comunes, tan fundamentales para rebasar la crisis civilizatoria que está poniendo en riesgo el futuro de las próximas generaciones.

“Los bienes comunes son las redes de la vida que nos sustentan. Son el aire, el agua, las semillas, el espacio sideral, la diversidad de culturas y el genoma humano. Son una red tejida para gestar los procesos productivos, reproductivos y creativos. Son o nos proporcionan los medios para alimentarnos, comunicarnos, educarnos y trasportarnos; hasta absorben los desechos de nuestro consumo.

La diversidad y vitalidad de los bienes comunes constituyen la clave para poder enfrentar el cambio epocal que vivimos a inicios del siglo XXI. No obstante, la vertiginosa crisis ecológica, los procesos omnipresentes de concentración, así como la privatización de la vida y del conocimiento, en otras palabras: la fragmentación y el confinamiento de nuestros entornos comunes trajeron aparejados el despojo, de cada vez más personas, de éste su sustento. Algunos han podido canjear el acceso a los commons por el acceso a otros medios. Sustituyendo así, con la compra de bienes privados, parte de la seguridad que los bienes comunes brindan. Otros, la mayoría, no.

“El desmantelamiento de nuestros entornos comunes ha desencadenado fisión social e inseguridad, tanto en el sur como en el norte.” (David Bollier: Los bienes comunes: un sector soslayado de la creación de riqueza, 2008).

El Caso del Parque Gezi

“Los conflictos al interior de una sociedad se dan casi siempre alrededor del tema de la apropiación o privatización de los bienes comunes.

Un parque es un bien común como el caso del parque Gezi en Estambul que el gobierno turco quiere convertir en bien privado. La reacción de los jóvenes es natural y saludable cuando intenta impedirlo. La acción autoritaria del gobierno frente a este hecho lo deslegitimiza y a consecuencia de ello los jóvenes se manifiestan además para pedir la renuncia del gobierno y para cambiar el rumbo del estado. Todo esto indica un alto nivel de conciencia para reconocer cuales son los bienes comunes que el gobierno turco está pisoteando.” (Arquitectura Sustentable, 2013).

El Caso Brasileño

“El sistema de transportes es un bien común que en las grandes ciudades es muy complejo de implementar y en su propia complejidad puede resolverse positivamente con una acción combinada de lo público y lo privado siempre con la función reguladora del estado. La calidad de los servicios se mide por las frecuencias, el estado de los medios utilizados, confort y seguridad de los vehículos, por la pertinencia de los recorridos y los tiempos de viaje. La restricción en su uso puede estar dada (entre otros elementos) por los costos del viaje. Este último aspecto es el que desató la reacción de inmensas muchedumbres en las ciudades brasileñas.”(Arquitectura Sustentable, 2013) . Ω

aangulocarrera@yahoo.com.mx

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