EL TLC, palanca de colonización de México

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Mikhail Robles | Editor

Es un lugar común de los políticos corrientes y la prensa comercial, decir muchas más alabanzas al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que críticas al mismo. Felipe Calderón, “El pequeño”, el año pasado lo defendía así: “Hemos hecho del libre comercio una palanca del desarrollo” que “le ha permitido a México exportar un valor de manufacturas mayor que todo el volumen de manufacturas exportadas por el Mercosur y toda Sudamérica” (Felipe Calderón dixit, Septiembre, 2012).

Y si se toma como dato aislado como lo toma Calderón, hasta dan ganas de aplaudirle a los tratados de libre comercio, pues los datos de exportación pueden alcanzar hasta el 60 por ciento del valor total latinoamericano, frente al 28 por ciento del Mercosur, pero lo que no se dice por los defensores del TLCAN es que la mayoría de los insumos de nuestras “exportaciones”, previamente se importan. Como las maquiladoras que en promedio compran en el país sólo el 2.89% de sus componentes y envases.

Hay en México dos cadenas de manufacturas de “exportación”, la automotriz-autopartes y la eléctrica-electrónica y se imponen en el valor total de exportaciones “Made in Mexico” (con el 75 por ciento en las importaciones y 84 por ciento en exportaciones), pero se encuentran bajo el control del capital transnacional.

Bajo el capítulo 11 del TLCAN, los inversionistas extranjeros tienen derecho a impugnar las políticas o la legislación de los gobiernos nacionales con el argumento –descarado- de que estas políticas afectan a su capacidad para obtener ganancias. Pueden cuestionar medidas del gobierno mexicano de exigir el uso de productos locales, las medidas que protejan la salud de la población o del medio ambiente. Las empresas privadas puede demandar por daños y perjuicios al gobierno ante tribunales extranjeros, pasando de facto a segundo término las políticas públicas y las estrategias de desarrollo nacional.

En el imperio neoliberal de los TLCs no hay ni mayor bienestar, ni estabilidad social, ni esperanza para los jóvenes; pero la obstinada élite del México neoliberal, educada bajo la tutela de los colonizadores en sus muy caras universidades, se empeña en ampliar y profundizar el esquema, las reglas, y el alcance de los privilegios del capital trasnacional. En 2012 había 53.3 millones de personas pobres en México (45.5% del total, Informe medición de pobreza 2012 CONEVAL).

El TLCAN y los ahora 48 tratados de libre comercio de México con otros países, son eufemismos con los que se disfraza la neocolonización de México y así solapar a distintos grupos capitalistas del mundo, para que exploten libremente los recursos humanos y naturales de este país. Son herramientas jurídicas que legalizan la explotación y depredación de nuestro país, dejando indefensos a los pueblos que sólo tienen que seguir aguantando en silencio su explotación a manos del capataz-gobierno al servicio del capital internacional.

El Tribunal Permanente de los Pueblos TPP, capítulo México, juzga la desviación de poder del Estado Mexicano a través del TLCAN para beneficiar a empresas extranjeras privadas. Ha documentado minuciosamente los daños que sufre México de forma estructural y casi irreversible en los siguientes ejes: violencia estructural e impunidad en contra del pueblo, violencia en contra de migrantes, crímenes contra las mujeres, violencia laboral, violencia contra la agricultura y el maíz nativo, devastación ambiental y violencia simbólica en el manejo de los medios informativos.

Las reformas estructurales que promueve el Gobierno Federal como si fueran una novedad, en realidad sólo obedecen a las exigencias de los colonizadores del capital transnacional, y si alguien todavía las defiende a estas alturas, es porque pertenece a la élite de la servidumbre de los colonizadores o se ha dejado engañar por la excesiva propaganda del gobierno, omnipresente en todos los medios masivos de desinformación.

Quienes promueven en las nuevas generaciones, el dogma de que bajo estas condiciones sistémicas de la nación mexicana, esta puede llegar a ser un país de primer mundo, son ignorantes o cómplices de los poderes que nos colonizan desde fuera y dentro del país. Es un deber ético de todo educador, desenmascarar y señalar a los opresores. Hacer un contrapeso real al arrogante poder colonizador y la seducción de su manipulación mediática. Ω

dektk@post.com

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