Hacia un observatorio de movilidad

Bicivia de Centro Sur, Querétaro. Foto: Ketzalkoatl
Bicivia de Centro Sur, Querétaro. Foto: Ketzalkoatl

Saúl Obregón | Urbanista UAQ

Tanto para las autoridades como para el usuario, reconocer en qué nivel nos encontramos como sociedad ante el conocimiento de la eficiencia y seguridad de las vialidades, nos ayudará a ir mejorando nuestras conductas y a reconocer qué podemos hacer y en qué sector en específico podemos apoyar para que se eleven los potenciales de movilidad y reducir la cantidad de accidentes (Comisión Europea, 2012).

En la ciudad de Santiago de Querétaro podemos observar cómo los usuarios de la vía pública realizan actos imprudenciales que ponen en riesgo su integridad o la del resto de usuarios. Peatones que cruzan vialidades al estar el semáforo de automóvil en verde, ciclistas conduciendo en sentido contrario al de la vialidad o por las aceras, en “Saca la Bici” cada miércoles observamos que no respetan la jerarquía vial al no ceder el cruce a los peatones (usuarios que por Ley tienen preferencia ante los ciclistas), automovilistas que circulan en sentido contrario, que utilizan las aceras como estacionamiento, que no respetan los límites de velocidad en zonas escolares, usuarios de transporte público que desean tomar la “ruta” en la puerta de su casa para no caminar a la parada, aunque ello colapse momentáneamente la circulación vehicular, entre muchas otras.

En otros países los programas educativos para la seguridad vial inician durante la educación escolar básica
En el ámbito internacional existe una gran brecha en el análisis y discusión de métodos, programas y estructuras de capacitación para la seguridad vial dependiendo del tipo de usuario de la vía pública (conductor de vehículo, pasajero de vehículo, usuario de autobús de transporte público, motociclista, ciclista y peatón, entre otros más). Si bien en México sólo “reciben” educación los que buscan obtener una licencia de conducir, en países europeos (DGT, 2012), existen propuestas en materia de educación vial, que abarcan desde los primeros años académicos de los infantes hasta cursos a usuarios que cursan el nivel de bachillerato.

Los accidentes de tráfico, no son una buena medida para conocer si el usuario cuenta con suficiente nivel de educación vial, pero sí es válido analizar su evolución para verificar si los programas o acciones tomados por el Estado son efectivos. Es necesario que el usuario de la vía pública esté capacitado para la correcta toma de decisiones, y que no sólo su conocimiento tenga que ver con los conceptos teóricos, sino dependen de una gran habilidad para lograr aplicar este conocimiento en la vialidad; y no es la solución total a los accidentes de tráfico, pero sí puede contribuir en gran medida a la prevención.

En Santiago de Querétaro por medio de un estudio desarrollado en la UAQ, se observó que usuarios como ciclistas y peatones, obtienen mejores calificaciones en la parte del conocimiento de conceptos y de su seguridad vial, pero no obtienen resultados favorables en la aplicación del conocimiento. Esto indica un punto a favor: que los usuarios tienen potencial para rápidamente lograr una educación vial de conceptos, si se tiene la estructura adecuada en conjunto con la práctica y la infraestructura adecuada para ellos; esto irá reduciendo en mayor grado su probabilidad de accidentes viales. En el caso de conductores de una unidad o vehículo, éstos son usuarios que los resultados ubican como conocedores de la reglamentación y de las señales de tránsito, pero no conocen o aplican las cuestiones de seguridad vial y factor humano, que deben de ser principal factor para aquellos quienes tienen la responsabilidad de conducir un vehículo motorizado.

La misma investigación puso de manifiesto la necesidad de que los usuarios de la vía pública tengan un mayor conocimiento aplicado a diversos escenarios y que cada entorno urbano cuente con una estructura técnica para la generación de observatorios metropolitanos de educación y seguridad vial, que se vincule con el área principal de Movilidad Urbana Sostenible, en donde exista un comité de técnicos para la toma de decisiones sobre los planes y programas que han de aplicarse, con base en las necesidades y problemáticas en la comunidad de estudio.

Así, mediante un objetivo y programas especificos no malgastaremos el recurso público en campañas sin sustento técnico, equilibrando con ello la aplicación de nuestros impuestos con la obtención de un beneficio social.

saul.obregon@uaq.mx

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