Un año más sin soluciones en movilidad…pero con reforma energética

Tráfico en la Av. Constituyentes Querétaro. Foto: Ketzalkoatl
Tráfico en la Av. Constituyentes Querétaro. Foto: Ketzalkoatl

Por Saul Obregón| Urbanista UAQ

En coincidencia con otras áreas metropolitanas en América Latina, la de Querétaro ha mostrado recientemente una expansión territorial muy drástica. Si bien demográficamente ha crecido a ritmos mayores que otras áreas urbanas mexicanas similares (de 160 mil 063 habitantes en 1970, a 734 mil 139 habitantes en el 2005); la extensión de la superficie terrestre donde se ubican las actividades que pueden considerarse incorporadas a este conglomerado ha crecido a ritmos mucho más graves. La mancha urbana de la ZMQ experimentó un intenso crecimiento en las décadas recientes, pues en 1970 su superficie era de 31 km2, mientras en 1992 alcanzó los 101 km2 y para el año 2002 llegó a los 130 km2.

Este diferencial en los ritmos de crecimiento demográfico y territorial se expresa, de manera obvia, en la reducción de la densidad poblacional por unidad de superficie. Tan sólo este decremento de la densidad, sin tomar en cuenta otros elementos, implica el surgimiento de modificaciones relevantes en diferentes situaciones que tienen que ver con la movilidad. Si se considera que las dinámicas de ubicación habitacional y de emplazamiento de centros de trabajo se hayan mantenido de forma relativamente autónoma y siguiendo las prevalentes en 1970, se infiere que los desplazamientos crecieron en extensión.

Pero no es solamente el alargamiento de los viajes el único efecto de este crecimiento desmesurado del territorio ocupado por actividades “urbanas”, ni su equivalente incremento en tiempo de viaje, desgaste vehicular y de los propios pasajeros y/o automovilistas o la inferencia que de ahí puede derivarse que muy probablemente las situaciones de congestión, contaminación y accidentalidad hayan empeorado, cuestiones que tendrán que ser demostradas y cuantificadas, sino que muy probablemente las prácticas de movilidad han sido modificadas de manera diversa.
Esta modificación se deriva, principalmente, del curso que ha seguido la ocupación de suelo, anteriormente periurbano por actividades consideradas como parte de lo urbano en la ZMQ. A partir de la década de los 60’s del siglo pasado, el emplazamiento de la industria manufacturera, básicamente impulsada por el capital de la industria de la construcción (ICA, en particular) incorporó a la entonces ciudad de Querétaro una parte significativa de sus terrenos aledaños, de forma tal que la mancha urbana más que se duplicó en un periodo breve de cinco años. La instalación de centros de trabajo en la ciudad de Querétaro, fundamentalmente de industria manufacturera en las décadas de los 60’s y 70’s provocó dos fenómenos una densificación de los terrenos incorporados al mercado inmobiliario urbano y la intensificación del proceso migratorio. A partir de la década de los 80’s del siglo pasado, comienzan a perfilarse los primeros signos de una ocupación diferente en el sentido de que las empresas industriales no necesariamente se instalaron en la mancha urbana ya constituida o en sus inmediaciones, sino en cierta lejanía de ésta, a lo largo de la carretera federal 57.

De manera complementaria y reciente, se observa en las zonas periurbanas de la ZMQ la construcción de unidades residenciales de diverso tipo a partir de las decisiones de los desarrolladores inmobiliarios. Éstos, como en diversas otras ciudades del país, han creado una sobreoferta inimaginable si se analiza la construcción de vivienda meramente como una respuesta aventurada a una demanda efectiva en el futuro cercano. La amplitud de la oferta y el hecho de que esta situación de sobreoferta es prevalente desde hace por lo menos dos décadas, permite pensar que la toma de decisión por parte de los desarrolladores inmobiliarios no está basada en los cálculos de realización de la mercancía vivienda, sino en otras dinámicas del capital inmobiliario en asociación a otras fracciones de capital, como pueden ser el capital financiero especulativo, el capital rentista también especulativo sobre el valor del terreno u otras fracciones más.

Esta tendencia ha dado como resultado un esquema de ciudad dispersa y de densidades habitacionales diferenciales, muy bajas en las zonas periurbanas de reciente desarrollo (construcciones horizontales) provocando la subutilización de la infraestructura y el incremento del costo de los servicios urbanos.

saul.obregon@uaq.mx

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