Tres lecturas sobre las “autodefensas”, el crimen y el gobierno

Mexico-grupos-autodefensa

Teresa E. Hernández-Bolaños | Doctorante en estudios Latinoamericanos

En los últimos meses los reflectores mediáticos han puesto énfasis en el surgimiento, como brote endémico, de los llamados Grupos de Autodefensa Ciudadana, mejor conocidos como “autodefensas”, localizados en el estado de Michoacán (como punto de origen) y con ellos se ha focalizado tanto el fenómeno del narcotráfico y el crimen organizado, como el de la reacción ciudadana ante la violencia. Este desplazamiento y focalización en el estado de Michoacán es extremadamente notorio, tras el viraje que se diera desde los gobiernos panistas hacia la vuelta del régimen priísta; es decir, de la guerra contra el narco como política de Estado a lo largo y ancho del país, al conflicto focalizado en Michoacán y la visibilidad del cártel de Los Caballeros Templarios (escisión de La Familia Michoacana). De ahí que la aparición de estos grupos armados denominados “autodefensas” merece una reflexión aparte dadas las condiciones de su aparición en el escenario nacional.

Recordemos que los primeros meses del gobierno de Peña Nieto fueron de extrema reserva respecto al tema del clima de violencia y muerte que el sexenio calderonista había dejado, y que por supuesto no ha cesado en el país. Las negociaciones respecto a los avances y acuerdos firmados con los Estados Unidos en el marco del Plan o Iniciativa Mérida apenas si se tocaron en el primer año de gobierno peñista, a pesar del aumento de la violencia y los compromisos creados delineados por el gobierno norteamericano, quien financia el Plan o Iniciativa Mérida.

Esta manipulación del tema ha generado una focalización exagerada en el territorio michoacano respecto a la presencia del narcotráfico y el crimen organizado. En unos meses, prácticamente desde el surgimiento de las “autodefensas”, el 24 de febrero de 2013, el resto de los cárteles distribuidos en el territorio nacional, particularmente Los Zetas de extrema popularidad en el gobierno de Calderón, son sacados de los reflectores mediáticos momentáneos para dar paso a Los Caballeros Templarios en disputa precisamente con Los Zetas. Cabe destacar que según expertos, el número de cárteles existentes en 2006 cuando iniciara la guerra calderonista contra el narco (surgida también en Michoacán) en 2006, hasta el fin de su sexenio en 2012, el número de cárteles se multiplicó, cada cártel ha ganado territorio y las disputas por el mismo tendieron a aumentar, producto de las divisiones y la aparición de nuevas organizaciones. Los siguientes mapas muestran la distribución territorial de los diferentes cárteles presentes en el país y los localizados en el estado de Michoacán:

El manejo del escenario ha generado que la reacción social sea visualizada de manera particular; las “autodefensas” michoacanas se definen entonces como fenómeno de apropiación del ejercicio de la fuerza, a través de las armas, para la autodefensa frente a los atropellos del crimen organizado y los cárteles de la droga, ante la mirada e incapacidad del Estado para asegurar la ley y la justicia; todo ello ha desatado una explosión en la opinión pública y la reacción en cadena de “otras autodefensas” que emparentan el fenómeno con las ya conocidas policías comunitarias, los movimientos sociales, rebeldes, guerrilleros o incluso autonómicos. Estas “otras autodefensas” que hoy parecen recorrer el territorio nacional como podemos ver en el mapa siguiente, parecerían legitimar y ampliar el concepto otorgándole contenido social en términos de descontento social; sin embargo, antes de generalizar habría que leer con mirada crítica el propio surgimiento de las “autodefensas” michoacanas, pero sobre todo el papel que hoy juegan en el escenario político del gobierno reformista. Del que podemos hacer al menos tres lecturas:

a) La legitimidad de las “autodefensas”. Para muchos ciudadanos la aparición de las llamadas “autodefensas”, no sólo es legítimo, sino es consecuencia del hartazgo social contenido, surgido de la impotencia e indefensión social frente al fenómeno arrollador de la delincuencia organizada y el narcotráfico que los interpela en su vida y acción cotidiana, sumado a un gobierno incapaz y rebasado que no atiende ni mitiga el problema. Esta naturalidad con la que surgen las “autodefensas” le imprime un sello positivo no sólo a la posesión de armas, algunas de uso exclusivo del ejército, sino incluso a su alianza con el que parece ser su enemigo o parte del problema, el gobierno del Estado mexicano. Esta lectura le imprime también un sentido heroico a la aparición de las “autodefensas” y predice un estallido social o guerra civil en la que otros descontentos sociales podrían insertarse.

b) Las “autodefensas”: cómplices o víctimas de una simulación Una lectura menos ingenua y crédula cuestiona con mayor severidad la aceptación sin reservas de los líderes de las llamadas “autodefensas” para “legalizar” el movimiento, firmando el acuerdo con el gobierno federal y estatal para que las “autodefensas” pasen a formar parte del cuerpo de las Policías Rurales, así como el desarme, aunque estos han sostenido que no lo harán de inmediato. El anuncio y firma del acuerdo del pasado 27 de enero se da justo un par de días después de que Peña anunciara en Davos, tras el cuestionamiento que le hicieran del tema Michoacán en el Foro Económico Mundial, que invitaba a los grupos de “autodefensa” a incorporarse a los cuerpos policiacos y de defensa. Sin duda ni la pregunta ni el objetivo de fondo de la conferencia dictada por Peña era ingenua, quizá más una estrategia que pudiera transmitir un mensaje de control y regulación del conflicto michoacano y nacional por parte del gobierno. Generar confianza en los inversionistas que fueron informados que las reformas peñistas les dan enormes ventajas. Si bien no se puede cuestionar la legitimidad del surgimiento de los grupos de “autodefensa” y el origen de su aparición, si se puede cuestionar la firma del acuerdo y la tolerancia que el gobierno peñista ha tenido con quienes portan armas y toman justicia por propia mano. El mismo gobierno que masacró en Atenco a una sociedad rebelde, de ahí la reflexión en torno a las “autodefensas”, o las utiliza o las controla.

c) Las “autodefensas”: semillero de paramilitarismo Mucho se ha dicho que esta mirada tolerante por parte del gobierno mexicano puede hacer sospechar en el fenómeno del paramilitarismo al estilo colombiano, como destino de las “autodefensas”. La autonomía, el uso de la violencia a través de la posesión de armas, el entrenamiento, etc., puede degenerar el origen y objetivo de las “autodefensas”, convirtiéndolas en grupos paramilitares que en su momento se alían con empresarios, con cárteles de la droga o con sectores corruptos del gobierno. En tanto se entiende al paramilitarismo como la privatización del ejercicio de la fuerza, la ley y la justicia, por sectores afines a los propósitos y razones de Estado ante la incapacidad del mismo para operar contextos regionales dentro del marco de los parámetros institucionales (Proceso 1943), en el que el Estado pierde la capacidad de ser el único proveedor de seguridad y justicia, lo que tiene como resultado final que la violencia termina disparándose, y el propósito degenerándose. Como siempre, la mejor opinión es la de usted.

@estelabol

 

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