Tomando el juego muy en serio

Foto de Lîlâ: Jardín de Infancia Waldorf
Foto de Lîlâ: Jardín de Infancia Waldorf

Claudia Borbolla | Guía Waldorf

En los últimos años, el incremento de actividades escolares y extracurriculares en la vida de los niños ha creado una serie de consecuencias que no fueron previstas y que ahora han resultado en serios problemas sociales e incluso médicos. Cada día hay más niños diagnosticados con diversas variedades de trastornos, medicados, que asisten a terapia y que tienen una dificultad seria para relacionarse con otros niños si no están a cargo de estas relaciones e interacciones los adultos. Podemos entonces, prever peligrosas consecuencias de la privación del juego.

Todos podemos saber, a partir de nuestro conocimiento de nosotros mismos, que la empatía, la confianza y la solidaridad sólo pueden ser aprendidas a partir de nuestra relación con otros seres humanos. Es lamentable que, en nuestro afán por ayudar a nuestros hijos a “llegar primero”, hayamos olvidado que para un niño el aprender un deporte, matemáticas de alto nivel, habilidades de liderazgo, computación y robótica no representan una experiencia auténticamente humana. Desde el inicio de los tiempos, los mamíferos hemos aprendido acerca del respeto, el intercambio, las negociaciones y las reglas a través del juego libre.

El juego infantil es mucho más que una forma de entretener a los niños, evitar la obesidad y quemar calorías, mucho más que una actividad “extra” que quita tiempo a los niños de aprender –exclusivamente desde el cerebro- tantas cosas como la interminable lista de contenidos a cubrir en las escuelas.

Observando el juego infantil –no sólo el humano- podemos ver que éste involucra incluso un vocabulario propio, mayormente estudiado en los perros y en los monos, en quienes una postura corporal puede indicar “estoy jugando” y otra “esto no es un juego”. Los chimpancés tienen incluso una “cara de juego”, que parece un poco de agresión pero con los músculos correspondientes a la sonrisa relajados. De hecho, la mayoría de las especies poseen de 10 a 100 señales de juego que utilizan para solicitar la actividad o para comunicar al otro durante el juego “de pelea” que éste sigue siendo sólo un juego. De manera análoga, en los humanos la sonrisa de un niño es una expresión de apertura que indica que no hay enojo involucrado incluso en gestos que parecen de pelea.

En los últimos tiempos, el juego libre se ha convertido para los niños y niñas en algo ajeno, infrecuente y casi un lujo. Esto se debe a la visión de que no es una actividad útil o digna de agregar a su “currículum vitae”.

Pero, si el juego es sólo un “artículo de lujo”, ¿por qué ha persistido a lo largo de los años? ¿Por qué los niños no dejan de jugar?

El juego, como lo revelan diversos estudios, es una parte medular del crecimiento y desarrollo neurológico. El juego infantil –el juego libre- es la única forma que tienen los niños y niñas para construir cerebros cognitivamente complejos, especializados, sensibles, reactivos y adecuados socialmente.

En la Pedagogía Waldorf nos gusta pensar que los seres humanos nos aferramos a ciertas actitudes y actividades a partir de la sabiduría que nos es inherente desde el nacimiento, por esto sabemos que, en el juego libre, suceden cosas que en ningún otro contexto pueden ser desarrolladas: Los niños que muestran más capacidad para el juego socio-imaginativo, también muestran más imaginación, menos agresión y más habilidad en el uso del lenguaje (Sara Smilansky).

Los puntos esenciales de una primera infancia sana, incluida la formación de relaciones, de confianza con adultos comprensivos y el descubrimiento del mundo, el desarrollo del movimiento y el lenguaje, suceden a través del juego libre.

El cerebro no es un órgano aislado, a través del juego libre se estimulan las manos, los ojos, el corazón y el cerebro como parte del todo.

Al nacer, el cerebro tiene la capacidad de aprender a andar, correr, saltar y muchas otras cosas; pero la capacidad cerebral sólo se estimula si el niño hace estas cosas, en lugar de limitarse a ver cómo éstas se realizan, por ejemplo, en una pantalla.
Existe un lazo directo entre el juego y el desarrollo de las capacidades matemáticas.

Permitiendo y fomentando el juego libre, estaremos contribuyendo a la prevención de:
El aumento de las enfermedades mentales que ahora inician desde la infancia.

Las dificultades en la forma de comunicarse y socializar de los niños entre sí, incluyendo una mayor agresión en las relaciones sociales de los futuros adultos de nuestra comunidad.

Un cambio en el desarrollo del pensamiento, con una pérdida del pensamiento divergente (varias soluciones para un problema) así como un creciente énfasis en el pensamiento convergente (una sola solución posible).
¡Vámonos a Jugar!

waldorflila@gmail.com
http://www.waldorfqueretaro.com

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s