En defensa de un Querétaro sustentable

Los Arcos de Querétaro. Foto: Ketzalkoatl
Los Arcos de Querétaro. Foto: Ketzalkoatl

Mikhail Robles | Editor

Si creyéramos a las diarias declaraciones de los funcionarios públicos de nuestra ciudad, resultaría que Querétaro sería poco menos que una ciudad perfecta. Por desgracia para todos, no es así, basta salir a la calle para desmentir dicho discurso progresista. Y no es que no reconozcamos sus buenas intenciones y algunos aciertos, pero la vida se compone de tiempo y se ha perdido mucho del tiempo de nuestra ciudad para hacerla una ciudad humana sustentable.

El pasado 2 de abril el Gobernador del Estado, encabezó la Instalación del Consejo para el Ordenamiento Territorial del Estado de Querétaro para garantizar el futuro y la calidad de vida de los queretanos, además aseguró que el orden es sinónimo de progreso. Extraño es que este Consejo se instale en el quinto año de su gestión, ya cuando la mayor parte de los planes urbanos están hechos.

Difícil es creer en el progreso, cuando hay a diario, una destrucción de la calidad de vida de los queretanos. No se debe creer en la retórica de la modernización al estilo del viejo priísmo, que llevó al Distrito Federal a ser una ciudad monstruosa y maldita, al sólo ser planeada para el lucro de la industria y el comercio. La megalópolis es símbolo de la creencia ciega en el progreso capitalista. Esta creencia ya se abandonó, por fortuna, en los nuevos urbanismos sustentables actuales.

Las monstruosas megalópolis se planean para el dios dinero, el dios de los creyentes en el progreso moderno capitalista. En el dogma del progreso moderno, transformar es el signo de dominar. A la razón la vuelven irracional, al considerarla una y universal, ante todo ligada a la capacidad de dominio. El gran problema en Querétaro es que los grupos de poder político e industrial son fanáticos del progreso capitalista, ponen en el centro de su interés urbano la ganancia económica, sólo hacen caso de indicadores económicos, como lo demuestra el hecho de publicitar hasta el cansancio, que somos el Estado con mayor crecimiento económico y con mejor calidad de vida. Obvian los datos que demuestran que la ciudad se enfermó y descontroló hace mucho.

El crecimiento descontrolado de las urbes se origina al poner como valor principal en su construcción, el lucro económico. El gigantismo que quieren para Querétaro, es para proyectar la ilusión de poder, riqueza y felicidad a los gobernantes y gobernados, para así imponer a la fuerza el sistema irracional no sustentable. Gobernantes y gobernados padecemos de fanatismo en el progreso, somos sus víctimas: no se crea riqueza, sino se dilapida, el consumo es efímero, hay menos tiempo para el ocio que se torna monótono en un espacio que dejó de ser público y es ocupado por los mas de 600 mil autos que quieren circular a diario en la ciudad, los habitantes no habitamos, padecemos la ciudad maldita que se construye para el lucro.

Lo que ahora llaman moderno en Querétaro, ya es viejo en México. A partir de 1946 el presidente priísta Miguel Alemán promovió la ilusión del desarrollo, el bienestar y el progreso. Provocó también una euforia por la riqueza y poder económico al estilo de vida estadunidense, pero que resulta ficticio. El desarrollo estabilizador, como ahora el neoliberalismo, sólo favorece al capital financiero y bancario extranjero, sí, hay crecimiento industrial extranjero, pero sacrificando la economía y el sector agrícola locales, para crear una gorda burocracia gubernamental que administre la pobreza y escasez. Profunda ideología priísta contrarrevolucionaria que mantiene a México dependiente a Norteamérica.

Este viejo y obsoleto modelo de desarrollo implica despilfarro de recursos humanos y naturales. Este es el modelo que se aplica actualmente en la ciudad de Querétaro y es el mismo modelo que produjo la monstruosa y terrible ciudad de México. Dicho viejo modelo desarrollista despilfarrador no debe continuar como fundamento del desarrollo de la ciudad de Querétaro y de ninguna ciudad del mundo, si es que se quiere de verdad una sociedad libre, justa y democrática.

Como primer paso para salir de nuestra crisis de sustentabilidad urbana, es tener un sistema integral de transporte público tipo Metrobús, que motive a las personas a no trasladarse a todo lugar en auto privado, pues de acuerdo a A. Estevan y A. Sanz (1996, Madrid) la superficie urbana dedicada al automóvil en la ciudad industrial es de entre 20 al 40% del total. Muy poca gente se ve caminando en Querétaro, pero ríos caudalosos de autos se ven a todas horas, además de que cada vez hay menos espacio público, pues está siendo devorado por más avenidas, calles, puentes, viaductos y estacionamientos.

Si no renunciamos a querer una gigante ciudad moderna industrial para Querétaro, repetiremos los síntomas de toda metrópolis: contradicciones socioeconómicas, polarización social, un Querétaro organizado residencial y comercialmente en guetos voluntarios para los ricos, y otro Querétaro caótico de guetos involuntarios, arrabalero para los pobres. Inmigración descontrolada con suburbios miserables sólo usados para dormir y delinquir, hacinamiento, frustración, desempleo, destrucción ecológica, trampa infernal de furia y violencias incontenibles. La cultura de la pobreza administrada por una gorda burocracia, sobreviviendo entre los límites de una jaula maquillada con la retórica del progreso.

Qué valores tendríamos que poner en el centro, alrededor de los cuales se construya y se limite nuestra ciudad queretana; sin duda no el dinero, la industria o el mercado, sino su propósito político, su cultura, sus ecosistemas y su arte. Las ciudades griegas y mesoamericanas en sus mejores días no tenían gran crecimiento económico ni excedentes de productos, pero en cambio tenían excedentes de tiempo y espacio libre, disponible, para que el ciudadano habitara la ciudad conversando, reflexionando, deleitándose con la cultura y el arte, con la ciudad erótica, la ciudad construida para preservar la vida a través del amor.

Nosotros somos un pueblo que no cuenta para ustedes: la elite queretana, que sólo defiende sus propios intereses y privilegios. Somos nada para ustedes, pero somos un pueblo que no cree y se opone a su modelo de ciudad moderna industrial obsoleta, que ha destruido la calidad de vida de los habitantes de Querétaro. Ω

mrobles@ketzalkoatl.com

 

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