Obras públicas o caprichos que dejan cicatrices

Cruce peatonal de la ciudad de Querétaro. Foto: Ketzalkoatl
Cruce peatonal de la ciudad de Querétaro. Foto: Ketzalkoatl

Mikhail Robles | Editor

A la mayoría de políticos en el poder sólo les interesan sus deseos más inmediatos, superficiales y mezquinos. La ciudad no les interesa para habitarla sino sólo como sede de sus caprichos y los de su grupo de poder. Claro que en el discurso todos disfrazan sus caprichos de servicios y obras públicos.

Los caprichos son propios de niños, mujeres y hombres inmaduros, locos, criminales, millonarios y políticos. Tienen características inconfundibles: son deseos que tienen que ser satisfechos de inmediato, en forma irracional. Locura novedosa, sorpresiva. Ocurrencias. Satisfacciones dadas por el poder y el dinero.

Así, los responsables de administrar y planificar la ciudad, que deberían ser recordados como los grandes urbanizadores de una ciudad para todos, los recordamos más, por los caprichos de mal gusto que inscriben sobre el texto de la ciudad.

¿A quién se le ocurrió construir un estadio de futbol en lugar de hospitales? ¿De quién se dice que construyó un Hospital que se cayó?, ¿Qué gobernador le construyó una avenida a su amante para acortar la distancia a su casa? ¿Quién autorizó una autopista de cuota a la Cd. de México y no una carretera libre? ¿Y el hospital Teletón? ¿y el centro comercial más grande de Latinoamérica? ¿Quién “modernizó” Plaza Constitución? ¿Quiénes han autorizado cada zona industrial y fraccionamiento privado enquistados en la ciudad obrera?

¿A quién se le ocurrió la idea de maquillar el sistema de transporte de la ciudad disfrazándolo de modernización? ¿Quiénes legislaron para declarar a las corridas de toros como patrimonio cultural intangible de la humanidad? ¿ Quienes avalaron la reforma a los artículos 24 y 40 de la Constitución Mexicana que eliminó la laicidad en las escuelas de educación pública en Querétaro?

¿Quién vetó una ley aprobada en el Congreso Local de Querétaro en 2012, para hacer obligatorio que los automovilistas tengan un seguro de responsabilidad civil? ¿ Quién vetó una iniciativa de ley para prevenir, investigar, sancionar y reparar la desaparición forzada en el estado de Querétaro? ¿Quiénes permitieron tener un parque vehicular de más de 600 mil autos que asfixian la ciudad? ¿Quiénes quieren construir una estación para el tren rápido en el tranquilo barrio de Hércules?

¿Por qué se construyó el Centro de Congresos (antes Ciudad de las Artes) en la reserva ecológica de Él Tángano II? ¿Y qué hay del Hospital del Niño y la Mujer, dotado de celdas solares que no se usan? ¿Y la proliferación de centros comerciales y el abandono de mercados públicos?, ¿Quiénes están obsesionados en rescatar con dinero del erario a un equipo de fútbol de primera división de dudoso origen y pobres resultados? ¿Quiénes tienen el capricho de convertir a Querétaro en una ciudad de 8 millones de personas?

Estos caprichos son como cicatrices en la ciudad, las joyas áureas de los mafiosos que grotescas pretenden adornar los cuellos de sus incultos dueños. Orgullo de bárbaros y vergüenza de ciudadanos. En su afán de perdurar en la memoria a través de sus ocurrencias, son recordados con el dolor de las cicatrices. La ignorancia y la improvisación también perduran en obras grotescas, como textos escritos fuera del contexto de la urbe. Una escritura de pésimos signos y con significados ominosos. Lo mejor que se ha escrito en Querétaro, es el centro Histórico. A partir de que llega la industria y el automóvil, se escribe mal alrededor de lo mejor. Garabatos que ensucian la poesía del centro de vida. Sueños y caprichos de pocos pasan a ser pesadillas de todos, durante mucho tiempo.

Tienen excelentes urbanistas asesorándoles, les pagan para elaborar magníficos planes, pero en la ejecución de la obra muchas veces se impone el capricho del momento para “ahorrar” más dinero, no importa que la ciudad se llene de cicatrices, de No Lugares.

Un No Lugar es un sitio donde no se puede estar ni ser, sólo pasar. Como ejemplos tenemos en Querétaro el Estadio Corregidora, el Estadio Municipal, el hospital Teletón y el Centro de Congresos. También centros comerciales como Antea y Plaza Galerías. Y dolorosamente El Parque Nacional Cimatario, garabateado suciamente por incontables antenas de telecomunicación. Espacios de tránsito rápido para sujetos anónimos, sin identidad. Da lo mismo que estén o no estén. Pero es inconcebible pensar en Querétaro sin su Centro Histórico, El Acueducto, El Cerro del Cimatario y La Peña de Bernal.

La ciudad de pesadilla y miedo es el Querétaro industrial, la megaciudad violenta, capricho y deseo de una elite que repite los mismos errores que hace 70 años se cometieron en el D.F.

La ciudad del deseo de todos, es un sueño compartido, es la ciudad lúdica, sustentable y placentera que no sólo se localiza en el centro y los monumentos históricos. El espacio topológico de la ciudad es escrito por los sueños y la imaginación de todos. Aún no hay ninguna zona en la ciudad, que como en el centro histórico de Querétaro, se antoje para pasear y visitar por placer.

Las ciudades tienen que cambiar, pero hay ciudades que cambian tanto que lo moderno sólo genera nostalgia por el pasado de la ciudad que se mató. Los cambios deben mantener lazos con el pasado provinciano de la ciudad que aún está vivo en Querétaro. Si no, lo que ahora es atractivo para venir, convertido en zonas turísticas morirá. Sería un capricho trágico, todavía otro Querétaro es posible. Ω

mrobles@ketzalkoatl.com

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Lh Hdez dice:

    Sálvese quien pueda

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