“Papi” (Camino al Paraíso)

Cruce de río en San Miguel Allende, Gto. Foto: Ketzalkoatl
Cruce de río en San Miguel Allende, Gto. Foto: Ketzalkoatl

Rubén Sánchez Ramírez | Escritor

Cuando los vio desde lejos, receló de ellos, pues eran cuatro y estaba cayendo la tarde. Contra el sol poniente la silueta opaca dejaba ver su aspecto humilde. Dos de ellos cargaban a la espalda sendas maletas con cobijas. Pedían dinero aprovechando el tope en Avenida Revolución y el camino para San Pedro Mártir, al norte de la ciudad. Frenó el veculo para pasar sin sobresaltos. Uno de ellos, alto y flaco, moreno, de bigote largo y lacio, le estiró la mano solicitando apoyo: – Un pesito hermano, para comer un taco le dijo. Estilaba un tono entre alegre y cortado, porque cre oír decirle para comé, tal como se habla en el sureste mexicano y en las naciones hermanas de Guatemala, Honduras o El Salvador.

Bajan del tren que cruza el municipio de El Marqués y sale por Santa Maa Magdalena, por donde corren las aguas del Valle de Querétaro, que luego tributan al río de la Laja, este al Lerma y luego al Lago de Chapala. Se aventuran, impulsados por el hambre y la necesidad, a buscar q comer y a pedir dinero para poder continuar su viaje.

Vienen de Tapachula son hombres, mujeres y niños- van al Norte en busca del sueño americano, pero antes pasan por este país de pesadilla en que se ha convertido nuestro México, desde el río Suchiate hasta el río Bravo.

Camino al Paraíso en ferrocarril.

A Querétaro, en el año de 1882, al tiempo de la Primer Exposición Industrial, llegó el Ferrocarril Central de México a Ciudad Juárez con un ramal a Guadalajara. La estación se encontraba a un costado de la Alameda. A poca distancia había pasado por debajo de uno de los arcos coloniales del Acueducto, como se aprecia en viejas fotografías. En 1903 el Ferrocarril Nacional llegó procedente de México rumbo a Nuevo Laredo, por donde se encuentra la Vieja Estación, en la Otra Banda” o Barrio de San Sebastián, construida en pleno Porfiriato.

Durante poco menos de cien años, la vida de los habitantes de México, transcurr en los vagones del ferrocarril y en ellos se hizo la Revolución de 1910. Narra Francisco Rojas González en su cuento El caso de Pancho Planas: un viejo revolucionario, aspirante eterno a sargento, viene a visitar a su hija a Querétaro; compra enchiladas en Guadalajara, quesos en la Barca, fresas en Irapuato, cajeta en Celaya y por fin quesos en la Barca, fresas en Irapuato, cajeta en Celaya y por fin oye la tradicional voz: ¡Querétaro!… ¡Que- rétaro!, entre el silbido, las campanadas, el bufar de las cal- deras, el vapor y el penacho de humo negro que corona la portentosa locomotora.

Todaa a fines de los ochentas, un trenecito, El Constitucionalista, recorría de México a Querétaro y viceversa, con pasajeros. Y era cosa de presumir: Grandes ventanales, asientos cómodos, amplios y se brindaba un exquisito desayuno, con un sabroso café de grano. De tal manera que saliendo de la ciudad de México a las 7 de la mañana, alrededor de las 9 treinta ya estabas en la Muy noble y leal Ciudad de Querétaro. Y por la tarde regresábas plácidamente sin moverte del comedor ya transfomado en un lido bar. Y que la vida ruede, sobre las as de ferrocarril. O bien del tan prometido tren rápido que promete viajes rápidos y transtornos rápidos a la otrora apacible ciudad.

La corriente neoliberal de los tecnócratas de los noventas del siglo pasado, despidió a los ferrocarrileros, vend todos sus bienes y derechos de a por hasta 99 años a empresas extranjeras. Ahora discurren por sus as sola- mente carros cargados de contenedores y tanques, pertenecientes a una transnacional. Entre rechinidos y jaloneos, viene el tren, que han llamado La Bestia, desde Ciudad Hidalgo en Chiapas. Se engarza en Lechea y luego en La Griega y se va rumbo a Nuevo Laredo, dejando una estela de lisiados, a como negras historias de atracos, sobornos, extorsiones, secuestros y asesinatos por bandas de Maras.

El viaje dura seis semanas, aproximadamente. Pero parece una eternidad. Salen del infierno de la necesidad de sus países pobres y pasan por este purgatorio, pagando cuotas tan altas como sus vidas. Los que llegan, deben pasar una prueba s al cruzar el río Bravo, en donde muchos mueren ahogados. Y luego hay que cruzar desiertos con los Polleros, burlar a la Border patrol y a los cabrones rancheros gringos que los cazan como animales. Sigue la discriminación, malos tratos, explotación, desempleo, la latente amenaza de repatriación y las leyes antiinmigrantes.

Las Patronas” y Solalinde.

Hay respiro para los migrantes. En un pueblecito llamado La Patrona en su cruce por Veracruz, habitan mujeres valientes y rebosantes de una de las virtudes teologales: la caridad. Se afanan en preparar comida y agua. La embolsan y luego a la vera de la a, las entregan a unas manos ávidas y desesperadas que saben que al hay algo de comer. En You tube, se ve a un joven salvadoreño, que coge una bolsa con comida. Con desencanto ve que es solo pan. Se desalienta, pero reacciona y grita, desde el tren en marcha:

¡Viva México, cabrones!

Por su parte el padre Alejandro Solalinde, en su liberal Ministerio en Ixtepec, Oaxaca, defiende a los Hermanos en el camino, los protege y denuncia las crueles historias de violaciones, asaltos y secuestros que sufren los migrantes por la nefasta policía mexicana (la Migra), los tratantes de blancas y los narcotraficantes que los emplean en granjas o laboratorios como esclavos o para engrosar sus filas, para finalmente exterminarlos y ser enterrados en ocultas fosas comunes, como se vio en San Fernando, Tamaulipas… que ahora se conoce con el mal nombre de Mataulipas.

Papi

En una cajita, junto a la palanca de velocidades del auto, siempre trae algunas monedas, que va repartiendo por el camino: algo a un limpia parabrisas; para quien pide en silla de ruedas, para un anciano, para un niño o para los migrantes, sembrados en las esquinas de las calles, en los semáforos. A ellos ha acostumbrado a preguntar su procedencia y por eso esa tarde preguntó: -¿De dónde vienes? Y él le contestó: De Honduras, Papi.

Siguió su camino y como un triste eco recuerda esas palabras de quienes se sienten desamparados, tan lejos de su patria, de la familia y solos por este temible país. Y la única palabra que les sale es Papi, buscando protección, comprensión y caridad.

Sanchez50ruben@gmail.com

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