¿Altar de muertos para el campo mexicano?

ARTURO CAMPOS CEDILLO

Por Marcela Romero

Como cada año desde su primera vez el 16 de Octubre de 1981, se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, marcado así por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Recuerdo cómo desde que inició la primera carrera de Nutrición de este estado a la que tengo el orgullo de pertenecer, nuestra coordinación acertadamente se aseguró de hacernos parte sensible de tal evento. Cada año esperábamos a la deliberación de la asamblea de la FAOsobre el estado de arte de la alimentación en el mundo y el pertinente lema para cada año, buscando unir y encausar esfuerzos y voluntades institucionales y políticas. Así pues por veintiséis años de nuestra licenciatura, hemos celebrado y abordado diversos temas, desde “El árbol” y el “Agua”, hasta el estancamiento que se dio en el tema de la precaria situación alimentaria. No porque así lo deseemos, sino porque sin duda las políticas progresistas se han enfocado en mejoras urbanas, científicas y tecnológicas, no así en políticas que salvaguarden la humanidad misma, su desarrollo y subsistencia. Cuando se habla de comer, se piensa hoy en todo, productos, restaurantes, dinero…menos en la  producción del alimento en el campo. De ahí que, al menos en México, nos invada la duda sobre las grandes conquistas revolucionarias a celebrar el siguiente mes o si ante la duda de si es una batalla inconclusa será mejor tan sólo hacerle un altarcito y empezar los preparativos navideños. Qué cosas.

Los países fuertes, desarrollados, reconocen el valor del campo y su papel directo en el sostén de aquello llamado Soberanía. Las civilizaciones se dieron lugar en tierras fértiles, pasando de nómadas a sedentarias. Las civilizaciones más bélicas eran las que se sabían más necesitadas de la biodiversidad de otras. Civilizaciones tan abundantes como fueron las nuestras, permanecían más pacíficas y soberanas. El juego geopolítico surge como se da el mismo sostén del humano: En torno al alimento.

La agricultura familiar es históricamente la célula de la autosuficiencia alimentaria de todo país, a fin de no ser vulnerable al exterior, a fin de ser soberano. Este año el lema del Día Mundial de la Alimentación es “Alimentar al mundo, cuidar el planeta”, centrado justamente en la agricultura familiar y los pequeños agricultores, tema también de su Año internacional. Y no es para menos si consideramos que hay más de 570 millones de explotaciones agrícolasen el mundo, de las cuales 500 millones pertenecen a familias. En América del Norte y Central se estima que el 83% de la producción agrícola depende de esta agricultura de familias campesinas que, cabe señalar como en otras partes del mundo, muchas veces no ven ni en sus mesas lo que producen o no alcanzar a acceder a ello con el dinero de la venta. De estas condiciones difíciles se deriva el abandono del campo y la migración. Es evidente que cualquiera prefiere hoy buscar enlistarse en las filas de obreros (si cuenta con la formación elemental) o cualquier otra cosa, ante la pérdida de todo concepto identitario grato que pudiera significarles ser tan sólo campesinos. Las mujeres atraviesan también grandes retos tras la migración de los hombres de la familia y deban convertirse en la cabeza de las tierras, además de la familia y luchar por asirse de apoyos en medio de una política de campo focalizada, burocrática y regida por hombres.

La producción agrícola encabezada por estas familias en situaciones de rezago va más allá aún. Debemos concientizarnos que la solución de los problemas nutricios por los que atraviesa nuestra población citadina, dependen de la producción de alimentos, de los no-industrializados, de los paridos por el ser humano y la tierra. Las estimaciones 2013 de la FAO indican que 868 millones de personas viven con un subconsumo energético, el 26% de los niños y niñas padecen retraso de crecimiento, 2,000 millones sufren algún cuadro carencial de micronutrimentos y 1,400 millones tienen sobrepeso (500 millones de estos con obesidad). El costo humano de esta problemática es incuestionable y sin duda, el costo económico ha sido tan contundente también que obligó a medidas de todo tipo como en México ha sido el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria (ANSA) y la Cruzada contra el Hambre. Tan sólo el problema de la obesidad y enfermedades no transmisibles (como son la diabetes y la hipertensión), costaron en el 2010 alrededor de 1.4 billones de dólares en el mundo. Cabe señalar que hoy es bien sabido por la ciencia que estos padecimientos están relacionados íntimamente con la situación de pobreza y desnutrición, no sólo de un aspecto de inconciencia en la forma de alimentarnos. La disponibilidad y el acceso de los alimentos es un tema central en la solución de este panorama. Producir lo suficiente y con ello hacerlo accesible. Un país que no apoya al campo y sus familias agricultoras, poco puede abonar a la solución del hambre y la malnutrición.

La política interna debe fortalecerse y fortalecer al campo, mucho antes de sólo favorecer la política externa. Es increíble cómo un país biodiverso excelso como el nuestro tenga un 75% de su población en estado de inseguridad alimentaria y los primeros lugares de padecimientos no trasmisibles en el mundo. Queremos entonces que el ANSA y otras estrategias vuelvan sus ojos al campo, a la salvaguarda de sus ecosistemas y microsistemas de producción. Protegiendo a las familias agricultoras para que coman, produzcan y puedan ser parte fuerte del sistema, no deban así abandonarlo.

Los consumidores somos también parte de la solución: Nuestra decisión de compra define el país que queremos. Involucrarnos y comprometernos con la política agraria, la compra de productos regionales, la salvaguarda de nuestros granos y semillas, de nuestras tradiciones alimentarias, del consumo de vegetales de forma estacional, su aprovechamiento…Increíble ver que los granos sirven más para el alimento animal que para el nuestro y que pocos alcanzan a consumir siquiera esa carne. Todo ello se vuelve tema urgente de abordar, dentro de muchos otros como también la presencia de los magnates de los transgénicosen el país tomando ya casi ni por la fuerza nuestras mesas y nuestros organismos. La FAO y nosotros invitamos a todos y todas al consumo consciente y a fortalecer el colectivo para dirigir las decisiones y con ello, un futuro más esperanzador para nuestras familias. Es momento de hacerlo. Podemos empezar por nuestra siguiente compra.

Comentarios, dudas y sugerencias en marceromero70@hotmail.com  Escúchanos los jueves 14:00 hrs en COMA Y PUNTO de Radio Universidad por el 89.5 fm Programa de la Licenciatura en Nutrición de la UAQ donde Marcela Romero es catedrática. M. Romero es Licenciada en Nutrición, Gerontóloga Social, docente de Bioética, Seguridad Alimentaria y práctica Poblacional. Productora y locutora de Coma y Punto.

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