El Agua (que cada año nos revuelca) Versión 2014

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Por Armando Bayona Celis

Hace unos pocos meses, un compañero del centro donde trabajo me preguntó, mapa en mano, cuál era la extensión de la cuenca del río Querétaro; y qué se podría hacer en la parte alta de la misma (tal como todos los libros de texto recomiendan), para prevenir las inundaciones en la ciudad capital del estado.

Le respondí que no hay mucho problema con la parte alta de esa cuenca, así como tampoco de las otras dos cuyas aguas llegan también a la zona urbana (El Pueblito y Santa Catarina-Jurica). Todas ellas fueron parcialmente desmontadas desde tiempos coloniales y se encuentran estables desde hace varias décadas. El problema es −y está en− la propia ciudad.

En octubre de 2002, escribí un artículo con el mismo título que este, que se publicó en el suplemento “El Informador Ambiental” del Diario de Querétaro (y que se puede consultar en el blog bayotenal-pretextos.blogspot.mx/), en el que se explica que este problema de las inundaciones es añejo, que se debe al crecimiento desorbitado de la ciudad; la inexistente planificación urbana y que, sin embargo, la ciudad había seguido creciendo campantemente por el camino de una vulnerabilidad cada vez mayor, como se vio con las inundaciones en 2003.

Así es: Querétaro se extendió entre las décadas de los mil novecientos sesenta, setenta y ochenta, por las zonas más bajas (algunas de ellas, inundables) del llamadoBajío Queretano para, entre los noventas y la actualidad, treparse por sus paredes, muchas de ellas fallas geológicas, y extenderse por las mesetas que la rodean, aproximadamente de 100 a 250 metros por encima del nivel del Centro Histórico.

El agua de la lluvia, que antes caía sobre el follaje de los matorrales y el suelo, se infiltraba, evaporaba y escurría sólo parcial y lentamente por cauces definidos desde las mesetas y laderas, hoyllega a cada azotea, registro de drenaje y a los propios arroyos de las calles, para descender a gran velocidad por las tuberías y las superficies asfaltadas hasta la zona baja del centro, provocando encharcamientos, botando coladeras, inundando… en forma sumamente eficaz.

Las zonas urbanizadas hasta hoy en la capital estatal suman unas 19 a 20mil hectáreas (digamos 195,000,000 m2) detechos, calles, patios y sistemas de conducción eficaz del agua hacia las partes bajas. Suponiendo que sólo la mitad de ellas estuvieran efectivamente impermeabilizadas(y lo demás fuera área verde), estaríamos hablando de casi 54millones de metros cúbicos anuales en un año promedio* que son conducidos al drenaje, cuando antes eran retenidos en su mayor parte, cifra que aumenta con el crecimiento urbano en un 4, 6, o quizá más porcentaje anual.

Lo anterior es sólo lo que llueve. Pero en cada casa se usa agua que viene de otras partes, del subsuelo y parcialmente del manantial de Infiernillo en el río Moctezuma. Se ha calculado que cada persona consume 170 litros diarios. Entonces los habitantes de la zona conurbada de la ciudad capital del estado, consumen (datos de la población en 2010, año del último censo del INEGI) tanto como 56,400,720 m3 anuales, que han venido creciendo cada año un 2.4%…para aumentar un poquito más el flujo de agua que baja a los drenajes durante un evento lluvioso.

Y claro, esto provoca grandes encharcamientos y verdaderas inundaciones. Y aún más si:

  1. la infraestructura de las zonas bajas no se ha adaptado y ampliado lo suficiente para dar cabida al incremento en agua que cada nuevo fraccionamiento, aporta al drenaje desde las tierras urbanizadas en las zonas altas; y
  2. la era del cambio climático está ya con nosotros, lo que implica que eventos antes excepcionales serán cada vez más comunes; que lo que antes pasaba cada 50 años pasará de aquí en adelante cada 20, quizá 12 años o… mañana mismo.

¿Cómo es posible? Preguntarán algunos. La ley hoy en día asegura que cada nueva urbanización debe autorizarse sólo si incluye un estudio hidrológico que incluya el cálculo de cuánta agua más correrá en un evento lluvioso improbablemente fuerte (técnicamente se habla de periodo de retorno de 25 o 50 años, es decir que se espera sólo una lluvia tan intensa en ese periodo) y, lo más importante, el tipo y dimensiones de las obras que deberá tener el desarrollo para neutralizar o mitigar esos efectos, como tanques de almacenamiento, ampliación de bordos, etc.

Estos estudios los debe revisar y aprobar, según sea el caso, la CONAGUA federal, la CEA estatal, o ambas. Entonces, como existen las obras de mitigación, el agua llovida se debería quedar arriba, en los nuevos fraccionamientos o zonas industriales, almacenada para servir después como agua de riego o ser eliminada lentamente.

Y sin embargo no es así.

Doy dos ejemplos de esto:

El parque industrial El Marqués es quizá el más bien planeado y establecido del estado. Andando por sus calles, se siente uno en país primermundista. Calles perfectamente pavimentadas, prácticamente cada talud (ya que el parque está en una loma) estabilizado, empastado y regado con pipas de agua tratada, botes de basura, paradas de autobús techadas y con asientos, cajeros automáticos, edificios con diseño audaz, muchos árboles, etc.

La otra tarde lo atravesé en medio de un aguacero. Por las calles corrían arroyos crecidos que, como si lo hicieran a propósito, se deslizaban por las aceras, evitando pasar por registros de todo el ancho de la calle, que sólo en una mínima porción lograban captar un poco de agua; los pocos baldíos dejaban bajar corrientes de lodo y piedras hacia la calle y, en la salida del parque, un amplio río de casi 60 metros de ancho y 20 centímetros de profundidad desembocaba hacia la autopista 57, durante un buen rato.

El otroejemplo fue divulgado ampliamente en los medios. El nuevo pasobajo los Arcos del Acueducto, inundado con varios decímetros de agua en 2013…

Y en 2014, continúan las inundaciones, desbordes de drenes y daños por el agua. Creo que no necesito hacer un recuento.

¿Por qué pasa esto?

Porque, como escribióGoethe: “Gris es toda teoría y siempre verde el árbol dorado de la vida”. Los modelos son simplificaciones…

Y cuando los modelos los hacen empresas cuyo objeto es conseguir los permisos para las obras lo antes posible, e invirtiendo lo menos para ganar más, pues los resultados pueden ser demasiado burdos, erróneos o incluso amañados.

Y no existe una supervisión adecuada antes, durante y después de la obra, de hecho me han comentado que muchas de las obras de mitigación no se llevan a cabo y si se hacen no funcionan como se supone que deberían hacerlo. Y nadie dice nada… O no los oyen.

Hablando de los deslaves en 2013 en la Autopista del Sol (México-Acapulco), el Ingeniero Enrique Santoyo, con 50 años de experiencia en mecánica de suelos y construcción de caminos, le comentaba a Carmen Aristegui el 20 de septiembre de ese año, que estos problemas se debían a la complejidad geológica del terreno y a que no se invierte lo suficiente, de hecho sólo un 0.1% del valor de las obras, en la elaboración del proyecto, cuando debía ser entre el 1 y el 2%.

Por cierto, el que es en mi opinión elmejor camino del estado de Querétaro,es el que va de San Joaquín a la llamada Casa de Máquinas donde se encuentran las turbinas hidroeléctricas de la presa Zimapán. Bien trazado, con todas las obras, muros de piedra, drenes, canales… necesarias para que no se deslaven los taludes, en fin. Mi compañero, el mismo al que me refiero al inicio de este texto, ingeniero jubilado de la CFE, me comentó que la Comisión tiene por norma invertir el 3% del valor de la obra en proyecto y supervisión de la ejecución (¿Seguirá la CFE teniendo esta norma en el futuro?).

Y bueno, la causa primera de este asunto, es que una ciudad que precisamente por la escasez de agua y espacio que la amenazan NO DEBERÍA ESTAR CRECIENDO desde hace más de una década, lo sigue haciendo como si nada.

El espacio técnicamente más apto para construir era, en principio, muy limitado, básicamente los terrenos planos agrícolas, menosel área cercana a la falla “5 de febrero” y zonas inundables bien conocidas. Pero esta tierra es de alto valor, así que la estrategia de crecimiento de las empresas desarrolladoras fue el adquirir tierras temporaleras y de uso común de los ejidos, de mucho menos valor económico, en lomas, mesetas y cañadas, algunas con vegetación natural en buen o moderado estado de conservación y con frecuencia zonas de recarga del también pequeño acuífero.

Las empresas de desarrollo inmobiliario compraron tierras muy baratas, creando en los ejidatarios la expectativa de vender a “buen” precio y volverse “urbanos”, y luego, al conseguir cambios de uso del suelo (que se merecen un artículo aparte), estas adquirieron mucho más valor (lo que significa crédito bancario) por obra y gracia de la especulación.

Este negocio debe ser tan bueno que ni siquiera hace falta que se vendan todos los predios o las casas para mantener funcionando el mecanismo de levantar nuevos fraccionamientos, incluso en tiempos de crisis inmobiliaria.

La ciudad, creciendo mucho más de lo necesario (abundan los predios y viviendas vacías), no sólo es en sí misma la causa física de las inundaciones, y seguirá siéndolo, sino que además es una de las ciudades más dispersas del país, lo que encarece todos los servicios que pagamos con nuestros impuestos y disminuye la calidad de vida en términos de tiempos de traslado, calidad del aire y… paradójicamente, escasez de agua.

*Considerando una precipitación media de 560 mm (o 560 l/m2) anuales

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