Terapia Sistémica y resiliencia familiar

pazuelo

Trabajando con los recursos de las familias. (Extracto)

Por Dr. Roberto Pereira

Un buen comienzo de la vida no determina un buen final,

pero tampoco un mal comienzo determina un resultado vital desfavorable”

El concepto de resiliencia aplicado al campo socio-psicológico nace en 1982, con la publicación de Werner y Smith “Vulnerables pero invencibles: un estudio longitudinal de niños y jóvenes resilientes”. El concepto trata de expresar la capacidad de un individuo –o de una familia- para enfrentarse a circunstancias adversas, condiciones de vida difíciles, a situaciones potencialmente traumáticas y recuperarse saliendo fortalecido y con más recursos. Es un concepto tomado prestado de la Física y de la Ingeniería de Materiales, donde se define como la capacidad de un material para recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. Así se utiliza, por ejemplo, para valorar las capacidades de los submarinos para soportar la presión del agua al sumergirse a diferentes profundidades, recuperándose al emerger; ningún submarino tiene la misma resiliencia que otro, por similares que sean, ni su deformación y recuperación va a ser igual si la inmersión la hacen en aguas distintas, lo que sorprendentemente nos hace pensar en algunos parecidos entre los submarinos y los seres humanos.

La resiliencia es un proceso dinámico, que tiene lugar a lo largo del tiempo, y se sustenta en la interacción existente entre la persona y el entorno, entre la familia y el medio social. Es el resultado de un equilibrio entre factores de riesgo, factores protectores y personalidad de cada individuo, funcionalidad y estructura familiar, y puede variar con el transcurso del tiempo y con los cambios del contexto. Ahora bien, resiliencia implica algo más que sobrevivir, más o menos indemne, al acontecimiento traumático, a las circunstancias adversas. Incluye la capacidad de ser transformado por ellas e incluso construir sobre ellas, dotándolas de sentido, y permitiendo no sólo continuar viviendo, sino tener éxito en algún aspecto vital y poder disfrutar de la vida. La resiliencia se forja a causa de la adversidad, las dificultades a las que nos enfrentamos en la vida ayudan a que aparezca lo mejor que hay en nosotros cuando somos capaces de superarlas. Una crisis en un peligro y una oportunidad: si se superan, las personas, los sistemas, salen reforzados de la experiencia y con nuevos recursos. Confrontar a los seres humanos con circunstancias adversas, con dificultades, para que puedan encontrar en sí mismos los recursos para hacerlos frente es un proceso formativo muy utilizado y reivindicado por numerosas escuelas filosóficas y educativas. Si lo pensamos bien esta es la base de la psicoterapia sistémica: ayudar a los pacientes y a las familias a encontrar sus propios recursos para enfrentarse a sus problemas.

Podríamos definir la Resiliencia Familiar como la capacidad de una familia para recuperarse de circunstancias adversas y salir de ellas fortalecida y con mayores recursos para afrontar otras dificultades de la vida. Más en concreto, designaría “los procesos de superación y adaptación que tienen lugar en la familia como unidad funcional”. La aplicación del modelo sistémico amplía inevitablemente el foco con el que examinaremos la situación, definida como traumática y los efectos que produce. Así, entenderemos que la exposición a una situación traumática no afecta únicamente a los individuos que eventualmente se enfrentan a ella, sino también al conjunto de los miembros del sistema relacional. Señala Cyrulnik cómo en ocasiones no son las personas directamente implicadas en una experiencia traumática las que resultan más afectadas, sino sus cónyuges u otros familiares cercanos, ya que, en su opinión, “no es el acontecimiento traumático lo que se transmite y altera a la persona próxima, sino su representación”. Cuando el herido tiene un entorno bien constituido, a veces supera mejor el trauma que la persona próxima, a la que consideramos protegida y por ello abandonamos al horror de lo que imagina”. De la misma manera, los recursos que tiene un sistema familiar para adaptarse a las “crisis”, a los grandes “cambios de reglas” inferirán determinadamente en las posibilidades de uno de sus miembros (o de toda la familia) para salir bien librado, de manera resiliente, de la situación traumática.

Patterson afirma, por ejemplo, que los factores estresantes afectan a los niños en la medida que interrumpen los procesos decisivos en la familia. Añadiríamos que les afecta también en la medida que la familia considere esos factores como “traumáticos”, o el sentido que le den tenga unas implicaciones más sencillas de absorber y superar.

Podemos distinguir dos tipos distintos de abordaje de la resiliencia familiar. En el modelo más tradicional, el objetivo es estudiar los factores familiares –estructura y funcionamiento familiar, tipos de relación, reglas comunicacionales, etcétera.- que facilitan la aparición de la resiliencia en los individuos que la componen. Así, el foco se proyectará sobre las características de la familia –la calidad de las relaciones, la nutrición afectiva provista o la estabilidad de la estructura familiar- y, se estudiará el efecto de estas características sobre la resiliencia de los individuos afectados. Este es un modelo llamémosle más tradicional, que no tiene en cuenta algunas de las características del funcionamiento de los sistemas abiertos.

El segundo caso, más innovador, insertado dentro de la epistemología sistémica, es el que centra su atención en la familia resiliente, en la resiliencia de la familia en su totalidad. Se preocupa por determinar cuáles son los mecanismos del funcionamiento familiar que actúan como factores de protección de la resiliencia, y cuáles se pueden definir como factores de riesgo, de manera que pueda actuarse promoviendo los primeros y disminuyendo los segundos. Esto es precisamente en lo que se centra la Terapia Familiar Sistémica.

Ahora bien, debe aclararse que la Resilencia Familiar no se puede determinar en un momento concreto, ante una situación singular. Cada una de ellas será distinta, y los recursos de los que dispone la familia en ese momento no serán los mismos que el mes o el año anterior. La resiliencia familiar es un Proceso, que se extiende a lo largo de numerosas interacciones que se desarrollan a lo largo del tiempo. Es un proceso de adaptación a la nueva situación creada tras el enfrentamiento con la situación potencialmente traumática, que exigiría reorganizar el funcionamiento familiar, los canales de comunicación, redistribuir roles, movilizar los afectos y la capacidad de escuchar, empatía y reconocimiento. A pesar de esta dificultad, hay una serie de características del funcionamiento familiar que “facilitan” el proceso de Resiliencia Familiar, y unos factores de riesgo que lo dificultan. Los factores de riesgo no son diferentes a los ya nombrados brevemente, que hemos clasificado en factores individuales, familiares, micro y macro sociales.

Terminaremos con un resumen tomado de Walsh, que sintetiza lo que la autora llama los principios básicos de la Resiliencia Familiar: • Todas las familias tienen posibilidades de resiliencia • La resiliencia individual se comprende y favorece mejor en el contexto de la familia y del mundo social en general, entendiéndolo como la interacción de procesos individuales, familiares y ambientales. • Los procesos familiares adaptados fomentan la resiliencia, amortiguando el estrés y facilitando la recuperación individual. • Los procesos familiares inadaptados aumentan la vulnerabilidad y el riesgo de traumatismo individual y desajuste familiar. • Las situaciones de crisis, puntuales o continuadas afectan a toda la familia, afectando tanto a sus miembros como el funcionamiento familiar. Según como enfrente una familia las crisis que se le plantean, los mismos factores estresantes pueden dar lugar a distintas consecuencias.

Etfasis de México

Centro de Atención Psicoterapéutica

etfasisdemexico@gmail.com

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