La violencia que se oculta (intencionalmente)

Zona industrial Querétaro. Foto: Ketzalkoatl
Zona industrial Querétaro. Foto: Ketzalkoatl

Por Mikhail Robles| Editor

Condenan la contaminación, la destrucción ambiental y la extinción de especies, pero no condenan al capitalismo. Condenan la desaparición forzada, la corrupción política, al narcotráfico, el tráfico de personas y de armas, pero no al capitalismo.

Para el psicoanalista y filósofo esloveno Slavoj Zizek, se debe hacer la distinción entre tres tipos de violencia: subjetiva, simbólica y sistémica. La violencia subjetiva es aquella que resulta más evidente y es la única que se toma en cuenta para evidenciarla en los mass media, pues es la que encarnan sujetos que cometen crímenes en el orden político, social, familiar. La violencia simbólica se ejerce por cualquier poder a través del lenguaje; es más difícil de advertir que la anterior pues crea la realidad a través de la ideología de las clases dominantes, naturalizando y ocultando la violencia sistémica y sólo evidenciando la violencia subjetiva. Finalmente, la violencia sistémica es aquella que es inherente al modelo económico y político del capitalismo neoliberal. Es el tipo menos perceptible, porque se le normaliza y naturaliza en el discurso dominante, pero es la causa principal de la violencia social al mantener el imperativo del goce sin límites de los hombres y evitar cualquier perdida (no aceptar ningún límite, no querer perder nada).

Se pretende de forma mediática combatir a la violencia subjetiva, pero se deja intacta y oculta a quién la causa: la violencia sistémica capitalista. Mientras no se le nombre permanecerá intocable.

En este esquema, empresarios como los hermanos Servitje, los miembros del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), son empresarios que actúan según Zizek como “comunistas liberales”, porque se presentan públicamente como abanderados de la honestidad, la justicia, la responsabilidad social y las causas ecológicas, pero al mismo tiempo realizan negocios multimillonarios, monopolios que violentan y dañan a millones de personas.

“Mientras que luchan contra la violencia subjetiva, los comunistas liberales son los auténticos agentes de la violencia estructural que crea las condiciones para las explosiones de violencia subjetiva. […] son en la actualidad el enemigo de cualquier lucha progresista.” (Zizek, Sobre la violencia 2009)

Tal y como sentenció el Tribunal Permanente de los Pueblos capitulo México el pasado noviembre: “Las empresas transnacionales cometieron numerosos crímenes de lesa humanidad, violaron distintos derechos humanos y provocaron devastación ambiental en el suelo mexicano, permite fundar la responsabilidad de las mentadas empresas, en tanto habilitaron, exacerbaron, o facilitaron esas violaciones, obtuvieron enormes ganancias y trasladaron a las comunidades los costos ambientales de su accionar. Si bien no ha podido establecerse en las audiencias el conjunto de las responsabilidades empresarias, el Tribunal ha constatado la participación de un gran número de ellas, con diferentes grados de implicación”.

Ante los hechos abrumadores de violencia en nuestro país: desapariciones, guerra civil encubierta como guerra al narcotráfico, violencia contra migrantes, violencia contra estudiantes (como doloroso ejemplo Ayotzinapa), destrucción ambiental, degradación, violencia corporativa-económica, corrupción del Estado, etc. Esta violencia sólo puede explicarse cabalmente si se tiene en cuenta la violencia sistémica del capitalismo encubierta, normalizada y naturalizada por la violencia discursiva de sus clases dominantes, responsables de nuevos racismos, clasismos y segregación de grandes comunidades a las que se priva de existencia discursiva y representación en la sociedad instituida.

Congruente con su posición de amo empresarial y ocultando la violencia generada por su corporativo monopólico Bimbo (http://elpoderdelconsumidor.org/saludnutricional/multan-a-bimbo-por-falso-pan-integral/), el empresario Roberto Servitje, fundador de Grupo Bimbo, ejerciendo violencia simbólica, porque puede, dijo el pasado 15 de enero, que algunos grupos inconformes se han aprovechado de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y le han dado al caso “una dimensión que no tiene”.

Hay inconformidad de algunos grupos que no han podido ubicarse y aprovechan cualquier cosa, como esto de Ayotzinapa, que es muy triste porque se le ha dado una dimensión que no tiene. Y se están aprovechando. Con respeto a todos ustedes los medios, también exacerban la situación”.

Discurso violento amplificado por toda la “clase” empresarial a través del CCE el pasado 19 de enero, en dónde el organismo presidido por Gerardo Gutiérrez Candiani dio línea al Estado para castigar a los padres de familia y normalistas que confrontaron a los soldados del 27 Batallón de Infantería de Iguala, Guerrero, una semana antes, ante la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa; de los cuales sentenció : “Además de manifestar su intención de sabotear procesos electorales, y en una nueva y grave acción, inédita en México, provocaron con violencia e irresponsabilidad a las fuerzas armadas en las propias instalaciones de éstas”.

Expresado, sin ninguna pizca de vergüenza, este discurso empresarial violento es la batuta que dirige el discurso político de la presidencia de la república -ese que dice, emulando a sus patrones del CCE, sobre Ayotzinapa “este instante, este momento en la historia de México, de tragedia y de dolor, no puede dejarnos atrapados” (EPN 27 de enero)-, y muestra la asimetría política y económica con la que se confrontan mediáticamente los acólitos del sistema capitalista, los empresarios y políticos con toda la legalidad de su violencia sistémica y simbólica y por otro lado los familiares y victimas de desaparición forzada de 43 estudiantes pobres de Ayotzinapa que no han recibido justicia. Ese discurso, que elaboro una verdad histórica para no dialogar con las familias victimas de la violencia sistémica.

Dicha asimetría de los interlocutores hace muy poco para establecer un diálogo confiable, pues de origen esta pervertido, al asumir que la palabra de la clase dominante vale más que la de las víctimas de la violencia simbólica y sistémica. Si no se señala y ataca la violencia sistémica capitalista, si se recurre al discurso capitalista para terminar y aplastar a las violencias subjetivas, el resultado es el incremento de violencias, tanto sistémica como simbólicas y subjetivas. La violencia sistémica capitalista vuelve el “Estado de derecho” un “estado de sumisión” a los intereses capitalistas corporativos. Esta realidad debe ayudar a romper la ficción promovida por el discurso de clase dominante, de que el capitalismo lleva dentro de sí, de forma exclusiva, el proyecto de Estado de derecho y ciudadanía.

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