No voto en 2015

voto

Armando Bayona Celis | Biólogo/Cartógrafo

Hace ya tiempo que, en los meses antes de las elecciones, ciudadano que soy, me siento a reflexionar y escribir -básicamente para mí mismo- acerca de las razones por las cuales no votaré. Claro, si hubiera razones para ir a votar, pues ésas enlistaría, pero eso no ha pasado. Veamos:

Primero: la ineficiencia del gobierno para cumplir sus obligaciones constitucionales, como dar educación, trabajo y salud universales y de calidad; el crecimiento económico siempre prometido y no cumplido en décadas; la presencia de la corrupción cínica, extendida y cotidiana, y la no representatividad de nuestros representantes, más, en los últimos años, la violencia en crecimiento exponencial y la indiferencia gubernamental hacia la gente y nuestros derechos, cuando no el despojo y la agresión. Toda esta incompetencia y corrupción la pagamos muy cara, con algunos de los sueldos más altos del mundo para puestos de este tipo.

Después: pasemos revista a los partidos políticos, para encontrar que no existen posturas ideológicas, contenido o propuestas mínimamente razonables; vaya, ni siquiera los nombres de los partidos corresponden en absoluto a lo que en realidad son. Eso sí, estructurados cada uno y aliados entre ellos para mantener sus posiciones y recursos económicos; y pelotearse el poder sin importar las necesidades o las preferencias de la gente. Los partidos, sus propósitos reales, su acción, están desligados de la sociedad y sus necesidades, y sólo se presentan ante los ciudadanos (todos lo sabemos) a la hora de la campaña política. 

Sigamos con los procesos electorales, obscenamente caros, manoseados intensamente por los gobiernos y los medios, y que gracias a leyes cada vez más “perfeccionadas” y maneras más sofisticadas de darles la vuelta, son arbitrados por entes que para siquiera ver y menos sancionar las enormes irregularidades, delitos, sobornos, amenazas, en fin, lo que todos los ciudadanos, incluso los consejeros y jueces electorales, sabemos que ocurren. Verdaderamente es envidiable ver que en países que tienen procesos diez o cincuenta veces más baratos y mucho menos intrusivos que los que padecemos y pagamos aquí los ciudadanos, nadie se pelea al final y todos acatan tranquilamente los resultados.

El análisis de los fraudes de antología que han ocurrido en las postrimerías del siglo pasado y en este, y de los dizque candados y dientes y transparencias que hay ahora para evitarlos, llevan a pensar que las cosas siempre están arregladas y que un candidato decente (en el mejor sentido de la palabra) no ganará nunca o, si ganara, es porque ya no es tan decente. Los procesos electorales, en suma, están hechos por y para los partidos políticos y, por tanto, son ajenos a los intereses de la mayoría de los mexicanos. No quisiera referirme a los estridentes y continuos spots, que en cada campaña superan su imbecilidad: nos aplauden, nos dicen que sí podemos, quieren que seamos felices… En muchos países, semejante flujo de idiotez brotando de todos los medios masivos a toda hora es impensable, sería ilegal si alguien se atreviera a intentarlo. Los partidos pelean apasionadamente porque el otro dice su mensaje en más minutos que el de ellos, pero ninguno se disculpa por las propiedades que sus correligionarios tienen en el país y el extranjero; ni se preocupa porque haya desaparecidos y niños muriendo de hambre hoy mismo.

Veamos ahora qué pasa con los votantes y sus motivos. Lo primero, como dice el maestro Enrique Galván Ochoa, es la sencilla ecuación: 1 pobre = 1 voto. Mediante beneficios, amenazas, compromisos morales, promesas y dinero se logran muchísimos votos. Otros muchos sólo van a votar porque “hay que votar” y votan por este porque es el que va a ganar o porque está guapillo el candidato, o porque se me hace que ha de oler rico (verídico) o porque un día lo vi pasar… Y algunos, porque si gana y como es compadre del amigo del cuñado, tal vez me dé chamba… No tenemos estadísticas de cuánta gente hace un análisis y piensa cómo y por qué votar… Y… ¿Acaso hay diferencia? ¿Alguno de los candidatos me ofrece que la ciudad dejará de crecer en el desorden que lo hace? ¿Que realmente mejorará el transporte? Etc. etc. etc….. ¡Pero cómo no! Lo requeteprometen y luego olvidan y no hay manera de castigarlos más que votar en 3 o 6 años por el otro, sí, ése con el que se sienta los domingos en misa…

Es triste pero todos estamos seguros que el que venga hará lo mismo que el anterior, o peor. Es algo que todos los mexicanos sabemos en el fondo, como sabemos que Santa Claus no existe, pero cada vez que hay que votar, tantos vuelven a creer en él, sobre todo si todavía no les va tan mal en su vida y negocios, y van a las casillas una y otra vez. No vaya a ser que se desestabilice el proyecto de nación.

Pero ¿Vas a dejar que decidan por tí? 

Ya está decidido, en forma holística, el resultado de la elección. Lo saben Soriana, Televisa, los gobiernos de estados y municipios que participan de mil maneras que nadie fiscaliza, los partidos que cambalachean triunfos (que la ciudadanía quería) por otras prebendas, etc., etc. Ah, y sobre todo, lo saben el INE y el Tribunal Electoral.

Pues entonces anula tu voto para que sepan que no te parece ninguno de los candidatos.

Los votos nulos son “mudos” en realidad, se avientan a un montón anónimo en donde no se sabe si la boleta se llenó “mal” por ignorancia, desmadre o conciencia ideológica. Pero los votos nulos ayudan igual que los otros a lograr el objetivo fundamental de la partidocracia: que haya la menor abstención posible. Cada dedo entintado, cada boleta marcada, es un voto de confianza en un sistema que no funciona y dinero para los partidos. Si voy y anulo mi voto les estoy diciendo que ahorita no me gusta lo que me ofrecen, pero que estoy dispuesto a seguir participando.

¡Gracias por participar!

Cada participación aumenta el rating de este reality y le da más de nuestro dinero a los partidos. Y credibilidad al gobierno ante el mundo.

Por eso, desean desesperadamente (y se la viven diciéndonoslo) que vayamos a votar aunque sea por Cantinflas o López Obrador.

Y por eso, por eso mismo, yo no voto.

***

Pero hoy las cosas han cambiado cualitativamente. Creo que sin exagerar podemos decir que la Constitución ha sido profundamente violentada y desmantelada en muchos de sus principales concepciones y postulados. Esto fue perpetrado con urgencia tremenda y con la complicidad de la oposición; y en muchos casos en contra del parecer de la mayoría de los mexicanos.

Las reformas llamadas estructurales, que durante tantos años se ha dicho que necesitaba el país para crecer y progresar, no son más que la oficialización de lo que se ha venido haciendo por años en forma más o menos simulada, y que por supuesto no ha traído crecimiento y mejoría en las condiciones de la mayor parte de la población, que ha sido despojada cada vez más, a favor de los que más tienen. 

El desmantelamiento de PEMEX, la destrucción de extensas áreas naturales por las mineras y constructoras, el incremento en los índices de desigualdad, las enormes ganancias de las grandes empresas y financieras, el desempleo y el aumento de la pobreza, son algunos rasgos de lo que realmente pasa en el país, y que las reformas sólo apuntalan para que vengan con más confianza otros inversionistas a decidir que hacen con nuestro país.

Además, el crimen organizado tiene visiblemente control sobre grandes áreas del país y, probablemente en otras en las que no es tan evidente. Se ha hablado de infiltración en diversos grados en el 70% de los municipios. No parece que la intervención del gobierno federal resuelva las cosas, pero sí ha resultado efectiva para neutralizar a los grupos de autodefensa formados por ciudadanos en contra de los carteles en regiones en donde era ya imposible aguantar los robos, secuestros, desapariciones, violaciones…

Hace todavía unos meses, los “líderes de opinión” en el mundo (cualquier cosa que eso signifique) se hacían de la vista gorda queriendo pensar que ahora sí, México iba a salir de la mediocridad (no veo cómo, si no estaba cambiando nada), pero se han destapado cloacas terroríficas en varios frentes: corrupción, incapacidad, falta de respeto a los derechos humanos, violencia gubernamental y del crimen organizado generalizadas; impunidad casi perfecta, a la vista de todos, y hoy, esos mismos “líderes” ya no pueden elogiar y tienen que reprobar, porque las cosas han llegado a un nivel que no permite ya quedarse callados.

La situación es de tal gravedad y complejidad, que en casi cualquier otro país de los llamados democráticos, hace meses habrían ocurrido renuncias de personajes del más alto nivel, y algunas otras medidas radicales y visibles se habrían tomado, al menos para liberar tensión (lo que los analistas llaman “control de daños”). Aquí indigna y avergüenza la inacción, frescura y desfachatez con la que se conducen los responsables últimos de los fraudes, las masacres y desapariciones, frente a sus propias víctimas, manifestaciones multitudinarias y cotidianas; y la opinión mundial. 

En muchos ámbitos de este país, quizá por la costumbre de tantos años de ver diariamente la corrupción y la violencia, como dijo el semanario inglés The Guardian que le ocurre al propio presidente, no entendemos que no entendemos lo inaceptable de la situación; la enorme tensión política y social en aumento, no vista en muchas décadas, ni siquiera en 1968 o 1994.

Si en otras ocasiones la discusión planteada al principio de este texto era pertinente, creo que hoy está fuera de lugar, es absurda como la orquesta tocando valses en el hundimiento del Titanic. 

Creo que hoy, como nunca, no votar es un deber patriótico, una actitud digna y de humanidad hacia las víctimas, una demostración pacífica de que entendemos lo que está pasando y exigimos respuestas verídicas, prontas y efectivas de las autoridades.. Ω 

bayotenal@yahoo.com.mx

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