“Food not bombs” en Querétaro

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Sergio Salazar García Figueroa | Escritor

Hace pocos años que el término de “globalización” cambió de significado puesto que en los ochenta sólo era usado por economistas básicamente, poco a poco el significado comenzó a cambiar ser tomado por las organizaciones y movimientos sociales en contra de la ofensiva del “pensamiento único” neoliberal. El parteaguas de esta nueva acepción se solidifica cuando en noviembre del 99, en Seattle más de 50 mil personas entre los que figuraban grupos como “Food, not bombs” (Alimentos, no bombas) protestaron contra la Ronda del Milenio de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Donde por primera vez se confronta públicamente a una de las instituciones más sombrías que ha construido la globalización financiera.

Un vestigio de ese espíritu que no se resigna, que sigue en cierta forma aquella consigna simple y universal que se proclama en todos los idiomas de planeta y que versa: “Otro mundo es posible”, hoy se reintenta en Querétaro con el movimiento FNB (Alimentos, no bombas por sus siglas en inglés). En un intento loable nace en un principio, bajo una perspectiva de mera réplica al esquema de del reciclaje de alimentos mediante la acción de recoger alimentos que no sean cárnicos (por aquello de la huella ecológica) y que se encuentran en buen estado de supermercados, panaderías y mercados (alimentos sobrantes que de otra manera iría a la basura) y hacer comida vegana o vegetariana para ofrecerla a personas en situación de pobreza, emulando al movimiento original de los Estados Unidos quienes se encargan de recoger para su redistribución además de alimentos ropa, libros o juguetes.

Monty Cantsin, fundador de Food Not Bombs (FNB) de Barcelona lo explica así: “Personas que de otro modo no podrían comer, mientras en la sociedad actual se asesina día a día a miles de personas con armas, bombas como consecuencia del sistema en el que nos vemos inmersos”

Una de las principales tesis que sostiene esta agrupación es que “las prioridades de las grandes corporaciones y de los gobiernos están enfocadas en permitir el hambre en el mundo, por eso existe mucha comida sobrante”.

Basta conocer datos tan impactantes como saber que el dinero que se gasta en el mundo para armas en 1 semana equivale al costo de alimentar a toda la población mundial durante 1 año o que la producción de comida mundial alcanza para 12,000 millones de personas. Sin embargo, en el planeta habitan sólo 7,000 millones de personas, de las cuales 1 de cada 7 pasa hambre y que más de 20,000 personas mueren cada día de hambre mientras las cadenas de distribución alimentaria tiran toneladas de comida consumible.

FNB se ha diseminado por todo el mundo y México no ha sido la excepción; un grupo de entusiastas queretanos justo antes de empezar a trabajar en la recolecta, se percataron que la filosofía de la FNB va más allá, puesto que el movimiento original pretende atacar las raíces de la opresión: capitalismo, militarismo, destrucción ambiental… en suma el Neoliberalismo, para lo cual emplean desde sus orígenes instrumentos como la no-violencia (base del movimiento de Seattle), además de la horizontalidad organizativa, o programas de guerrilla hortícola en las urbes.

Los grupos de FNB vienen sufriendo una continua represión y persecución por parte del Poder y los gobiernos en turno. En 2006 un funcionario de contraterrorismo del FBI etiquetó a “Food Not Bombs” de banda terrorista y en tal calidad se les estaba investigando. En junio de 2011 el alcalde de Orlando (Florida) los calificó de “terroristas alimentarios” e impulsó la detención de hasta 29 activistas por repartir comida gratis en un parque de su ciudad. Esperemos que no sea el caso en nuestra ciudad.

Afortunadamente replicar acciones de este tipo trae beneficios a personas de escasos recursos, pero lo que no se debe perder es “el origen de las cosas” puesto que la ausencia del sentido filosófico es presa del ataque neoliberal, a través de sus mecanismos habituales: desvirtuar o banalizar el tema y luego intentar aniquilarlo con la “normalización” legal o con la “institucionalización” al ser absorbida por alguna institución gubernamental o paragubernamental o comprada por un patrocinador que disfrazados de “corderitos” esconden la verdadera intención del lobo para desvirtuar, descarrilar, desviar el movimiento y convertirlo en “funcional” al sistema Neoliberal, quizás al convertirlo en la clásica idea que no lleva a ninguna lado: “La caridad”. Habrá que recordar que aquí en México la práctica normalizadora es muy común, basta recordar cómo personas que conocimos en nuestra juventud que eran fuertes disidentes al sistema o hasta francos opositores ideológicos fueron “comprados” y literalmente absorbidos por el sistema dominante a cambio de un puesto, una plaza, un hueso, un dinero… la constante y sonante corrupción aceptada a cambio del alineamiento, del silencio.

Un claro ejemplo es lo que pasó con uno de los brazos de la mismísima organización original de FNB en Berkeley California: En septiembre de 2012 Harold Adler (video fotógrafo reconocido en la localidad) “colaboró amablemente”, permitiendo el uso de su “Casa de Arte y Centro Cultural” siendo el anfitrión de un evento que incluyó una comida y la actuación de algunos grupos musicales de moda en ese momento, sórdidos mercachifes de la farándula útiles para este proceso de “banalización” no queda más que decir…¡válgame!

La alimentación (adecuada y suficiente) es un derecho inalienable de toda persona, sin embargo
el dominio de estos recursos protegidos por la “intocable propiedad privada” de las grandes depredadoras corporaciones que detentan desde las tierras, los insumos de producción, las materias primas y los medios de producción y por supuesto los canales de distribución, hoy en manos de unos pocos que aliados con los que manejan la especulación financiera en el mercado internacional (incluyendo el de los alimentos) provocan el que los precios de algunos alimentos sea elevado hasta la estratósfera y por otra parte manipulando la caída de los precios de los productos de los pequeños productores para sacarlos del mercado, con estrategias a todas luces carentes de ética. Pero si no nos podemos bajar de este mundo, sí podemos hacer mucho ruido; así es que FNB está en nuestro estado donde no pasa nada…y los vamos a oir.

M. en M. Sergio Salazar García Figueroa para COMA Y PUNTO de Radio Universidad. Escúchanos los jueves 14:00 hrs por 89.5 fm. Comentarios, dudas y sugerencias en marceromero70@hotmail.com

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