¡Ya basta!

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Fernando Islas Blas | Politólogo

Nuestro corazón no ha parado de estrujarse desde el pasado 26 de septiembre cuando las redes sociales eran inundadas con la noticia de la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas originarios de Ayotzinapa. Me atrevo a decir que el número 43 nunca más significará lo mismo para muchos de nosotros, después de la rabia producida por dicho atentado, le siguió la indignación profunda por la incompetencia de las autoridades y su prácticamente definitivo carpetazo al caso Ayotzinapa. De manera inmediata se dio a conocer una barbarie más por parte del ejército mexicano, esta tuvo lugar en Tlatlaya, Estado de México municipio donde militares mataron a 22 comuneros.

En este mismo Estado y como si se tratara de una venganza por parte de Enrique Peña Nieto, el ahora presidente y exgobernador del Estado de México, reactivó el proyecto del tan sonado nuevo aeropuerto, afectando nuevamente a la población de San Salvador Atenco, poblado que sufrió la represión del gobierno “Peña Nietista” cuando este era gobernador y que marcó un precedente importante en cuanto a la línea represiva de gobierno que maneja el oriundo de Atlacomulco.

Mientras tanto, en Querétaro la situación no ha sido color de rosa. Basta con mencionar el caso de Aleida Quintana, activista queretana que tuvo que salir del Estado debido a las constantes amenazas hacia su persona y su familia, la violencia con las cuales se llevaron a cabo estas y la persecución que vivió por parte de integrantes de la Secretaría de Gobernación.

Todo esto debido a la valiente labor que realiza en el constante registro e investigación de desapariciones en Querétaro, tema que para las autoridades locales es sumamente incómodo al grado de culpar a las propias víctimas del fatal destino que tuvieron. Uno de los datos más escalofriantes que da a conocer el grupo T’ek’ei “Grupo interdisciplinario por la equidad” al cual pertenece Aleida, es que tan solo en mayo pasado desaparecieron 40 personas en Querétaro, 19 hombres y 21 mujeres para ser precisos.

El caso de Aleida Quintana no es el único en cuanto amedrentación se refiere, Brenda Rangel ha vivido un auténtico calvario desde que su hermano Héctor desapareció el 10 de noviembre del 2009.

Como si la desaparición de un familiar no fuese lo suficientemente dolorosa, Brenda ha tenido que hacer frente a la incompetencia de las autoridades, la negligencia que les caracteriza y las viejas costumbres que tienen los empoderados de intimidar a las personas que les son incomodas. No obstante la lucha que ha emprendido Brenda, su familia y Desaparecidos Justicia A.C. no ha tenido descanso alguno, al caso de Héctor se han sumado decenas de casos que se encuentran en una situación similar en cuanto al esclarecimiento por parte de las autoridades se refiere.

Este par de casos son tan solo la punta del iceberg, de lo que viene sucediendo en nuestro estado desde hace ya algunos años a pesar que tanto el gobierno como los medios de comunicación se empeñan en maquillarlo y hacerlo pasar como casos aislados.

No podemos dejar de mencionar la tortura y asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa el cual salió huyendo de Veracruz y que el pasado 6 de junio junto a Nadia Vera, Yesenia Quiroz y Olivia Alejandra Negrete, vio el final de su vida el pasado 31 de julio.

La muerte de Rubén se suma a los 75 homicidios de periodistas desde el año 2000 al 2014, 15 de ellos relacionados con el ejercicio periodístico en el estado de Veracruz y 10 de estos han sucedido durante la gestión del actual gobernador Javier Duarte, el cual se ha caracterizado por ser intolerante a cualquier tipo de crítica.

Hoy por hoy se convierte en urgente que se realice un protocolo de seguridad para ejercer el periodismo libre, crítico, objetivo y veraz, sin tener miedo a perder la vida.

Esta columna esta dedicada a todas y todos aquellos compañeros que han sido víctimas de este estado represor y que a causa de su labor periodística han perdido la vida. Desde esta trinchera un servidor promete jamás olvidar que desafortunadamente en nuestro país, la verdad ha costado sangre, pero no por eso hay que dejar de luchar por ella.

Las balas no matan la verdad. Ω

Facebook: Zaturaz 906

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