Afrodita en la cocina

arroz-con-leche

El Sibarita | Bon vivant

Nutrir el cuerpo es un acto de supervivencia, aunque también de amor y erotismo; en “Afrodita. Cuentos, recetas y otros afrodisíacos”, Isabel Allende da cuenta de esto último.  Corría el año de 1996 y la muerte de su hija Paula había ocurrido hacía 6 años. Pese a haber exorcizado su dolor con “Paula”, Isabel, como toda madre, se hallaba sumida en una tristeza profunda y difícil de surcar, hasta que una noche sueña que se sumerge en una piscina llena del más exquisito arroz con leche, sueño que resultaría ser la punta de lanza de otras experiencias similares, donde el apetito y los alimentos se mezclan con el deseo sexual y el erotismo.

Es mi dulce preferido —el arroz con leche, no la marsopa—tanto es así que en 1991, en un restaurante de Madrid, pedí cuatro platos de arroz con leche y luego ordené un quinto de postre. Me los comí sin parpadear, con la vaga esperanza de que aquel nostálgico plato de mi niñez me ayudaría a soportar la angustia de ver a mi hija muy enferma. Ni mi alma ni mi hija se aliviaron, pero el arroz con leche quedó asociado en mi memoria con el consuelo espiritual. 

En el sueño, en cambio, nada había de elevado: yo me zambullía y esa crema deliciosa me acariciaba la piel, resbalaba por mis pliegues y me llenaba la boca. Desperté feliz y me abalancé sobre mi marido antes que el infortunado alcanzara a darse cuenta de lo que ocurría. A la semana siguiente soñé que colocaba a Antonio Banderas desnudo sobre una tortilla mejicana, le echaba guacamole y salsa picante, lo enrollaba y me lo comía con avidez. 

Esta vez desperté aterrada. Y poco después soñé… bueno, no vale la pena seguir enumerando, basta decir que cuando le conté a mi madre esas truculencias, me aconsejó ver a un psiquiatra o un cocinero. Vas a engordar, agregó, y así me decidí a enfrentar el problema con la única solución que conozco para mis obsesiones: Después de la muerte de mi hija Paula, pasé tres años tratando de exorcizar la tristeza con ritos inútiles. Fueron tres siglos con la sensación de que el mundo había perdido los colores y un gris universal se extendía sobre las cosas inexorablemente. No puedo precisar el momento en que aparecieron los primeros pincelazos de color, pero cuando comenzaron los sueños de comida supe que estaba llegando al final del largo túnel del duelo y por fin emergía al otro lado, a plena luz, con unos deseos tremendos de volver a comer y a retozar. Y así, poco a poco, kilo a kilo y beso a beso, nació este proyecto”.

Afrodita se estaba gestando. Y es que sí, en oposición a la muerte y a la pérdida, Allende compone una sinfonía de sensaciones gozosas mezclando el amor,  las recetas, los afrodisíacos, la pasión y el deseo de vida. Había nacido “Afrodita. Cuentos, recetas y otros afrodisíacos”.

Como si de cocinar un plato se tratara, “Afrodita” está aderezado con anécdotas de la vida de su creadora, que comparte con nosotros los lectores sus pasiones, sus dolores, sus miedos. Es un compendio de relatos breves que nos llevan de la mano en su quehacer diario.

Quienes han leído otras obras de Allende, a menudo me dicen que esta es la que menos les ha complacido, que prefieren “La casa de los espíritus”, “Paula” o “La ciudad de las bestias”.

A mi sí que me gusta, aunque no sea una obra de reciente confección. Me gusta ese desparpajo para asumirse, con el omnipresente recuerdo de su pérdida, pero con muy buen humor “me di cuenta que una de las pocas cosas que hombres y mujeres tenemos en común es el sexo y la comida”. Me gusta porque elige la autenticidad y no la pose. Es, antes que parecer.

Y sí, la amplitud de horizonte literario e interno es requerida, “Así como el aroma del cuerpo es excitante, del mismo modo lo es el de la comida fresca y bien preparada. Los perfumes de la buena cocina no sólo nos hacen salivar, también nos hacen palpitar de un deseo que si no es erótico, se parece mucho”.

Es “Afrodita” un verdadero manjar para los sentidos, pero sobre todo reune la visión de una mujer que no tiene ni pizca de empacho en compartir lo que le gusta y lo que no, tanto en la cocina como en la alcoba.  Como debe ser. 

elsibarita@chef.net

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s