Un México fuerte: La lactancia materna en la agenda política

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Marcela Romero | Gerontóloga Social*

La leche materna aporta toda la energía y nutrimentos que el niño necesita de forma exclusiva desde el nacimiento hasta los seis meses de vida y es considerada una de las medidas más costo-efectivas para evitar enfermedad y muerte en la etapa infantil y preescolar. Me parece que esto lo sabemos ya, ¿verdad? Y que seguramente, si no eres mujer, ni embarazada, querrás creer que no hay razón para dedicarle un tiempo a esta lectura. Sin embargo, la decisión de amamantar, frente a la situación de salud que vive nuestra población, pareciera ser toda una decisión política. Por un lado la decisión en tanto la pertenencia de la mujer sobre su cuerpo; por otro, la decisión de la disciplina que requiere y sus impactos laborales; y finalmente, la decisión sobre garantizar la salud a su descendencia desde los primeros momentos de su vida (con un sabido impacto positivo también en el resto de ésta).

Las generaciones de nuestras abuelas y bisabuelas tenían un aprecio natural indiscutible sobre amamantar, que se vio mermado ante la entrada de las primeras empresas de sucedáneos y distribuidos ¡por las mismas instituciones de salud! (quienes posteriormente atribuyen a la mujer la falta de interés por la lactancia natural). Hoy las posibilidades de que un bebé mexicano sea amamantado son remotas. Los datos de la ENSANUT 2012 arrojan que “las prácticas de lactancia en México están muy por debajo de la recomendación de la OMS. Sólo un poco más de un tercio de los niños son puestos al seno en la primera hora de vida y la lactancia materna exclusiva ha disminuido en niños menores de seis meses. Entre 2006 y 2012 el índice de Lactancia Materna pasó de 22.3 % a 14.5 %. Incluso en medio rural, de 36.9 % a 18.5 %. Las mujeres de las zonas urbanas redujeron considerablemente el tiempo en que amamantan a sus hijos; hace seis años el promedio era de 8.5 meses, actualmente es de 4.9 meses. Muchas mujeres abandonan precozmente la lactancia, generalmente por el medio en el que se desarrollan y viven, un pobre apoyo social y desinformación de las madres, de sus familiares y del personal de salud.”

La lactancia materna en México es una de las acciones más costo-efectivas para mejorar la salud y supervivencia del niño menor de dos años, así como de la morbilidad materna. Su inclusión y mantenimiento en la agenda pública de salud es considerado como uno de los aciertos más eficaces en términos de salud pública. Sin embargo, ante el panorama laboral de las mujeres mexicanas, lograr la lactancia materna exige de esta agenda pública no sólo acciones de salud. Exige incluso considerar al padre en un rol igualmente importante, asunto que aún en muchas partes del mundo apenas avanza con licencias parentales.

La Alianza Mundial pro Lactancia Materna (WABA) busca alcanzar este escenario, un equilibrio entre el trabajo y la vida familiar. Este 2015 se cumple el 25 aniversario de la Declaración de Innocenti de 1990, donde una parte estratégica es justamente “aprobar leyes innovadoras que protejan los derechos de amamantamiento de las trabajadoras y establezcan medios para llevarlos a la práctica”. Mucho se ha logrado en estos 22 años en cuanto lo normativo. También existen hoy lugares de trabajo amigables con la lactancia materna y promoción a esta práctica libre de tabúes. En cambio, el progreso para que las mujeres que trabajan en el sector informal puedan amamantar, es mínimo.

Es importante exigir y colaborar en esta garantía laboral con sindicatos, grupos de trabajadores y de mujeres, gobiernos locales y empleadores en uno o más de los siguientes aspectos legislativos: aumentar la duración de la licencia remunerada de maternidad, ampliar el alcance de la cobertura de a más sectores de mujeres trabajadoras, extender las licencias remuneradas a padres y parientes, fortalecer las políticas contra la discriminación en los lugares de trabajo, legislar a favor de recesos remunerados para la lactancia materna durante la jornada laboral, durante al menos 6 meses o más, monitorear regularmente la aplicación de estas normativas e incluso estudiar y adoptar maneras de valorar el trabajo reproductivo de las mujeres, incluyendo la lactancia materna, para que sea considerado como parte del producto interno bruto del país. Por supuesto, siempre escuchar a las mujeres y sus necesidades, respetando su decisión sobre cómo alimentar y cuidar a sus niños y niñas, apoyando sin prejuicios y sin convertirse en instrumento de intereses comerciales.

Cabe destacar que la Ley General de Salud establece este derecho y obligación de otorgar recesos para la lactancia materna a las mujeres trabajadoras. En las iniciativas presentadas previas, establecían las Lic. Gamboa Montejano y García San Vicente, que: “…La mujer y el hombre son fisiológicamente diferentes; pero son iguales como seres humanos. La igualdad jurídica debe reconocer esa diferencia y tratar a la mujer con las mismas consideraciones y respeto que al varón, pero con atención particular con motivo de la maternidad y precisamente durante el tiempo de procreación. La protección se justifica, en primer lugar, porque toda persona tiene derecho a la salud, en segundo lugar, la ley protege la organización y el desarrollo de la familia. En tercer lugar, la maternidad tiene una función social vital como medio de continuar la descendencia humana. Existen diversas formas de proteger a la trabajadora en su condición de madre, una de ellas es evitar la limitación, restricción o privación de sus derechos laborales con motivo de la maternidad y otra es cuidar de su salud y la de su hijo…”

También la Constitución Política mexicana establece que durante el período de lactancia las mujeres tendrán dos descansos extraordinarios por día, de media hora cada uno para alimentar a sus hijos, además, de asistencia médica y obstétrica, de medicinas, de ayudas para la lactancia y del servicio de guarderías infantiles. Todo ello en consonancia con tratados internacionales en materia de protección de la maternidad de las mujeres trabajadoras, quienes señalan que la maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social. Las madres lactantes entonces tendrán derecho a una o varias interrupciones por día o a una reducción diaria del tiempo de trabajo para la lactancia de su hijo. En dicho período el número y la duración de esas interrupciones y las modalidades relativas a la reducción diaria del tiempo de trabajo serán fijados por la legislación y la práctica nacionales. Estas interrupciones o la reducción diaria del tiempo de trabajo deben contabilizarse como tiempo de trabajo y remunerarse en consecuencia.

En conclusión y de acuerdo con la WABA, Proteger la maternidad en el trabajo tiene importantes beneficios y no sólo, indiscutiblemente los ya sabidos para la mamá y su bebé en cuanto el aspecto de salud y economía. Los padres y las parejas se benefician al ser compañeros igualitarios en la crianza y al compartir las licencias parentales y de paternidad. Los y las bebés se enferman con menor frecuencia, y las familias y naciones al tener tasas de morbilidad y mortalidad más bajas, ahorran en costos de atención de la salud. Los empleadores se benefician al tener una fuerza de trabajo más satisfecha y productiva debido a un menor absentismo laboral, al aumento de la lealtad y a una menor rotación de personal. Los Estados se vuelven más igualitarios y mejoran los recursos humanos, la riqueza y el bienestar de la sociedad. Así pues, arriba la lactancia materna y ¡que viva México!

*Comentarios, dudas y sugerencias en marceromero70@hotmail.com Escúchanos los jueves 14:00 hrs en COMA Y PUNTO de Radio Universidad por el 89.5 fm. Se agradece material informativo para el presente, de la Dra. Karina De la Torre Carbot. Catedráticas UAQ.

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