Desacoplamiento y tecnología

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Enrique Kato | Economista.-

Suele afirmarse que el progreso tecnológico es una vía para lograr un mayor nivel de vida. Quizá por ello a los gobiernos de los países pobres se les recomienda frecuentemente que deben invertir cada año en ciencia y tecnología como mínimo un 1% del valor de su economía. También parece existir un consenso en que existe un exceso de estudiantes universitarios en las áreas de sociales y humanidades, mientras que se registra escasez de aspirantes en las áreas de ingeniería y ciencias básicas, aunque se considera que cursar alguna de las ingenierías podría proporcionar al egresado una mayor expectativa salarial y una trayectoria profesional con mayor probabilidad de éxito. A su vez, se esperaría como sociedad que una mayor base de ingenieros y científicos pueda servir como soporte para un desarrollo industrial y económico; en este caso el actual botón de muestra es Corea, aunque previamente lo fue Japón.

Definitivamente, las innovaciones tecnológicas tienen el potencial de transformar las sociedades e incrementar sustancialmente la calidad de vida, como ocurrió con la máquina de vapor, la electricidad, la aviación, la informática y el internet. La era en que vivimos se caracteriza por la digitalización de todo, por la disponibilidad inmediata y frecuentemente sin costo a través de una consulta en el ciberespacio. Al igual que durante la Revolución Industrial, en la actualidad persiste un temor ludita de que los avances tecnológicos podrían destruir más empleos de los que se crearían con base en las innovaciones. En opinión de Erik Brynjolfsson, del Massachussets Institute of Technology (MIT), se requerirán décadas antes de que las nuevas tecnologías, como el internet y la digitalización, brinden todos sus beneficios, con el consecuente riesgo social de períodos donde los costos sean mayores que los beneficios, pudiendo surgir desempleo tecnológico, término con que se conoce a la destrucción de empleo ocasionado por los nuevos métodos de producción.

Un profesionista gana casi el doble que una persona que sólo terminó la prepa,

pero hay carreras que son más rentables que otras: Instituto Mexicano para la Competitividad

No todas las innovaciones tecnológicas deben contener semillas destructoras de empleo, pero el avance de la inteligencia artificial y la capacidad de cómputo han facilitado la automatización de trabajos y la desaparición de puestos de trabajo. Se estima que existe una alta probabilidad de que desaparezcan en el futuro cercano muchos de los trabajos que realizan oficinistas, al igual que los de agentes de venta o servicios en general. En cambio, entre los trabajos con baja probabilidad de reemplazo se encuentran los administrativos, los educativos y del sector salud. Quizá, en el pasado reciente, la estrategia ganadora consistía en que las personas, en la medida de lo posible, dedicarán más años de su vida a la adquisición de educación formal para obtener algún título universitario, o mínimamente un certificado de preparatoria, que permitiera obtener un ingreso suficiente para solventar las necesidades de la vida.

Hacia el futuro, en materia de empleos la educación formal sigue siendo parte de una estrategia ganadora, la cual debe privilegiar la elección de profesiones del tipo no rutinarias, difíciles de automatizar, que sean flexibles o que impliquen procesos creativos. La falta de información estadística impide un análisis sobre la situación de México; los datos disponibles provienen de Estados Unidos y muestran un incremento sostenido de los empleos (flexibles) no rutinarios, que comprende a tres de cada cinco puestos de trabajo; en contraparte, se ha registrado un declive permanente de los empleos rutinarios, caracterizados por atender instrucciones explicitas o bien definidas.

La ciencia es más que la tabla periódica, es una aproximación al mundo una forma crítica para entender, explorar e interactuar con el mundo: Barack Obama

Para los jóvenes más ambiciosos el futuro no se trata únicamente de elegir una profesión prometedora y de destacar en su gremio. Para generaciones de tecnólogos y de tecnófilos la región de Silicon Valley, en San Francisco, California, es un ícono donde se ubican empresas como Google, Apple y Netflix. A partir de esta experiencia surgieron en todos los países políticas públicas para promover emprendimientos (start-ups) tecnológicos, siendo las universidades aliados en estos procesos. En contraste, el inversionista Peter Thiel, fundador de empresas tecnológicas, considera que son prescindibles los estudios universitarios. Como muestra cada año a través de la iniciativa Thiel Fellowship recluta a jóvenes menores de 20 años para que inicien sus empresas de base tecnológica bajo su mentorazgo. La oferta no es menor, P. Thiel es un multimillonario asociado a empresas como Facebook, PayPal, LinkedIn y Airbnb.

La invitación a formar parte del Fellowship recibió este año 2 800 solicitudes de quienes consideraron que valía más instruirse en este formato, abandonando la universidad para recibir $100 mil dólares “de beca” para dedicar tiempo a iniciar su propia empresa tecnológica. Se aceptaron únicamente a 20 jóvenes quienes han formulado propuestas en el campo de la salud y medicina, software, medios de comunicación web, logística, entre otros. Esta iniciativa para obtener educación no formal está en franca contradicción con la tendencia laboral en los países desarrollados conocida como Empleos STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática). Casualmente la palabra STEM significa tallo en inglés, lo que brinda la noción de incipiente o de un árbol en crecimiento. A diferencia de los adherentes a la iniciativa de Thiel, los empleos agrupados en la categoría STEM requieren gran dedicación a la educación formal (escolarizada) y a la fecha se identifica, tanto en Estados Unidos, como en Inglaterra, salarios más altos y un mayor crecimiento de este tipo de empleos, respecto a los no tecnológicos.

Sólo se vive una vez,

pero una vez es más que suficiente si se hace bien

En México, la Secretaría del Trabajo publicó, con cifras de 2015, que los empleos mejor pagados del país  son en las profesiones de arquitectura, ciencias físico matemáticas e ingenierías ($12 500 al mes). En el otro extremo, las profesiones con menores salarios son para los profesionistas en el campo de las humanidades, las ciencias sociales y las artes ($10 000 al mes). Al respecto, el principio económico de la escasez pudiera ser relevante para entender estas diferencias salariales. El mayor salario en las áreas laborales con alto conocimiento tecnológico puede deberse al bajo número de egresados que es insuficiente para cubrir todos los puestos de trabajo disponibles. En Estados Unidos, la Brookings Institution estima que uno de cada cinco empleos está asociado a la tecnología, a la ingeniería o la matemática, y que el sobre sueldo para los trabajadores STEM es de 10% a 14% en aquel país. Más interesante resulta que las ciudades con mayor actividad de innovación, y con más proporción de empleos en áreas tecnológicas, registran menores tasas de desempleo, más exportaciones y mayores ingresos familiares. Es decir, no únicamente existe un beneficio individual para los trabajadores especializados y sus familias, sino también un impacto favorable para su entorno territorial.

Dos componentes divulgados por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) permiten conocer si existe en México la misma relación positiva que en Estados Unidos. Exploré si los datos estadísticos reportaban correlación entre el subcomponente de innovación y el laboral, éste último incluyen la productividad, el salario y las condiciones de trabajo. Los resultados muestran que las áreas metropolitanas con más de un millón de habitantes, con mayor capacidad innovadora y mayor adaptación de las empresas a nuevos entornos económicos, como lo mide el IMCO, son Valle de México, Monterrey, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Guadalajara.  Solamente Monterrey y San Luis Potosí aparecen en la lista de las 10 ciudades con mejores condiciones laborales, el resto de los centros urbanos innovadores se ubican en los lugares 23, 28, 44 y 51 de un total de 78 regiones estudiadas.

El caso de Querétaro es el de una ciudad que clasifica en el quinto lugar con mayor capacidad de innovación, pero en condiciones laborales ocupa el lugar 44 de 78. En general, no se halla en el país una correlación positiva en donde a mayor grado de innovación se obtengan beneficios salariales y mejores condiciones de trabajo. A pesar de ello no existen otras opciones para los futuros profesionistas, quizá la lista pudiera ampliarse un poco para incluir a Mérida, León, Tijuana y Toluca. La falta de un impulso favorable del sector innovador al mundo laboral podría deberse al bajo número de empleos en estas empresas. En México, se calcula un total de 10 millones de profesionistas, una cifra reducida para un país de 120 millones de habitantes. Se requiere que las ciudades innovadoras del país coordinen sus políticas tecnológicas con las salariales. Se trata de lograr mayor productividad y competitividad, pero también de cerrar la brecha entre la contribución del trabajo, el retorno sobre las inversiones y la modernización de las ciudades.

Una frase de Stephen Covey reza <No soy un producto de mis circunstancias; soy un producto de mis decisiones>. El reciente estudio de las ciudades competitivas y sustentables de Banamex e IMCO revela que, en todo México, no solamente existe un importante rezago en materia laboral, incluyendo las extensas jornadas de trabajo, sino también un deficiente uso del agua, la escasez de áreas verdes y dificultades de movilidad en las ciudades. Sería deseable que a la vez que buscamos que destaquen a nivel mundial las empresas y las ciudades de México, también deberíamos buscar que sobresalgan la calidad de vida y la movilidad urbana. Ω

enriquekato@uaq.mx | Google.com/+EnriqueKato

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