La ciudad rebelde

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Mikhail Robles |  Director de Ketzalkoatl.-

Difícil es habitar los océanos de concreto y violencia, construidos negando al otro, esto es, en lo que convirtieron a las ciudades los amos del capital. No ciudades, pues la ciudad es sinónimo de humanidad, es el lugar dónde se reconoce al otro, dónde hay renuncia de la violencia más primitiva a favor de reconocer el derecho del otro a existir, donde el Estado y el capital deben tener su límite a su violencia instauradora, pues los ciudadanos tendrían el poder de derrocarlos o limitarlos en favor del bien común.

Existe un nuevo malestar en la civilización, el empuje al gozar sin límites. La paradoja de la producción y consumo sin límites que se empareja de violencia y  miedo en la ciudad, trae como consecuencia que se geste una sociedad narcisista marcada por la dilapidación de los vínculos sociales, el cimiento mismo de la acción solidaria y ciudadanización. Nuevo malestar promovido por el discurso del capitalismo, en virtud del cual, la realidad social ha sido suplantada por una forma hiperreal del mundo, que produce una excesiva identificación de los sujetos con los dispositivos que tienden a controlar y a determinar las conductas y los discursos que prevalecen en la actual ruptura del lazo social en nuestras ciudades. Querétaro no es excepción.

Fase extrema del desarrollo del capitalismo en la cual vivimos sujetados a una gigantesca red de dispositivos tecnológicos de mercado. Surgió la ciudad concentracionaria, prisión o granja, la ciudad como dispositivo carcelario para desubjetivar a sus habitantes y mantenerlos en servidumbre voluntaria mientras se le pone precio a su vida o a su muerte. Un océano de concreto, pantallas y violencia nos aprisiona.

Las fuerzas del capital tienen que esforzarse enérgicamente por imponer su voluntad a un proceso urbano y a poblaciones enteras que nunca estarán, ni siquiera en las circunstancias más favorables, totalmente bajo su control. La ciudad también puede funcionar  como un ámbito relevante de acción y rebelión política anti esclavitud capitalista. Las características propias de cada lugar son importantes, y su remodelación física y social así como su organización territorial son armas para la lucha política.

Sin embargo los intentos de cambiar el mundo mediante el control obrero y otros movimientos análogos –como los proyectos de propiedad comunitaria, la llamada economía «justa» o «solidaria», sistemas locales de comercio o trueque, la creación de espacios autónomos (como el de los zapatistas en Chiapas)- no han demostrado hasta ahora ser viables como modelo para construir soluciones anticapitalistas más globales, pese a los nobles esfuerzos y sacrificios para mantener en pie esos proyectos frente a feroces hostilidades y represiones implacables.

Los principios como la horizontalidad y la ausencia de jerarquía, o visiones de democracia radical y gobernanza de los bienes comunes, pueden funcionar bien en grupos pequeños pero son imposibles de aplicar a escala de toda una metrópolis.

David Harvey en su libro Ciudades rebeldes (2012) recomienda que para encauzar a una ciudad a la rebeldía anticapitalista sería vital conciliar los principios organizativos y practicas preferidas con la naturaleza de las batallas políticas, sociales y técnicas que habrá que librar y vencer, además que recomienda luchar en tres ejes:

Las organizaciones contra la pobreza deben comprometerse a una lucha política contra la concentración de la riqueza en pocas manos  y a la construcción de relaciones sociales alternativas a las que dominan en el capitalismo.

Detener los claros e inminentes peligros de degradación ambiental y las transformaciones ecológicas descontroladas en la ciudad a favor de los capitales. Esto tampoco es una cuestión solo material, sino también espiritual y moral, que exige un cambio en el concepto humano de la naturaleza así como de la interacción material con ella.

La ley de la acumulación sin fin del capital, socialmente construida e históricamente especifica, tiene que ser cuestionada y finalmente abolida. El crecimiento acumulativo capitalista infinito, es sencillamente imposible. El capital ha llegado ahora a un punto de inflexión en su larga historia, en el que se está empezando a percibir esa imposibilidad inmanente. Cualquier alternativa anticapitalista tiene que abolir el poder de la ley capitalista del valor para regular el mercado mundial.

En la medida en que los lugares de trabajo convencionales están transformándose, en muchas ciudades del llamado mundo capitalista, la organización no sólo en torno al trabajo, sino también en torno a las condiciones del hábitat, construyendo puentes entre los dos, se hace cada vez más crucial.

Fueron los habitantes de la ciudad quienes generaron la Comuna de Paris, que fue un movimiento social urbano que reclamaba los derechos de ciudadanía y el derecho a la ciudad. Fueron los habitantes, un proletariado amplio, los que generaron una lucha de clases y una lucha por los derechos de ciudadanía en el hábitat propio de los trabajadores (la ciudad), pues la dinámica de la explotación capitalista de clase no se limita al lugar de trabajo.

Debemos ampliar nuestra concepción del proletariado para incluir en él a los grupos de productores no organizados de la urbanización, como trabajadores de la construcción, empleadas domésticas, sembradores urbanos, distribuidores de mercancías, choferes de transporte, múltiples oficinistas y múltiples oficios que le dan plusvalor a la ciudad.

Si la ciudad es más que la fábrica, el lugar primordial de la producción de plusvalor, entonces, hay que reconceptualizar la lucha del proletariado, como productor de la ciudad para que reclame el derecho a poseer y controlar lo que al habitar la ciudad a diario produce. Así se organiza la ciudad rebelde para recuperar la ciudad humana. Ω

P.D. Si los gobernantes de las ciudades de Querétaro hablan tanto de que están impulsando la participación ciudadana, entonces sería bueno que dijeran cuánto es el presupuesto anual que le asignarán a este propósito y quién se encargará de manejar estos recursos y quiénes auditarán dicho proceso.

mrobles@ketzalkoatl.com

dektk@ ketzalkoatl.com

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