Evocación de Cuba

cuba

Rubén Sánchez |  Escritor.-

Cuando salí de Cuba

Mi madre y mis hijos se quedaron allá, en la Habana.  -Decía José Antonio, en su “idioma cubano”, vertiginoso y cambalachando la “r” por una “l”, cual si fuera un nenito. En sus primeros días en Querétaro, cuando hasta altas horas de la noche platicábamos en el Jardín Zenea, no renegaba tanto de la situación en su país, pues aún no alcanzaba a establecer las comparaciones. Después se hizo un crítico recalcitrante. Y yo por instinto me defendía y defendía a Cuba. Más severo se hizo, cuando se estableció en la docencia y pronto se adaptó a la vida rural de los poblados cercanos a Pachucha en el Estado de Hidalgo, de nombres con reminiscencias nahuas, que pronto  aprendió a pronunciar adecuadamente, como jugando trabalenguas. Bebió pulque natural y “curado”, comió gusanos de maguey, barbacoa, tortillas y chile, todo pasado con una fría coca cola. “Aguas negras del capitalismo”, decía entre risas. Con esa dieta prontamente tuvo que tomar dos medidas de suma urgencia: hacerle tres hoyos al cinturón y adoptar una figura de ranchero mexicano: chaparro y panzón. Dice con humorismo: soy de los “Tapados de Villa”. Entiéndase “tapados de hebilla”, cubierta por el cada vez más prominente abdomen.  Es de los últimos seres en éste planeta  que usan sombrero. También usa botas y ropa como cualquier mortal norteño de México. Sabe montar a caballo, realmente es su profesión. Impartió cursos de “Equinoterapia”, pero más repartió ilusiones, esperanza y fuerza para vivir a algunas personas que han quedado baldadas por accidentes o bien por alguna deficiencia infortunada al nacer. Su piel ha ido cambiando de tono, por los secos soles de Pachuca y sus ojos claros reflejan una mirada limpia que se percibe a través de sus lentes, quizá por eso se enamoró Ana María, poco tiempo después de ambos presentir su presencia en el “ciberespacio”, con acuerdo a los amores modernos.

Para mi sorpresa, no sabía bailar muy bien ni con el sabor que el prototipo cubano nos ha impuesto ni tampoco conocía toda la música, que procedente de la isla llegó a México en oleadas intermitentes con Benny Moré, Celia Cruz y La Matancera. O entre las rumberas: Ninón Sevilla, María Antonieta Pons y Rosa Carmina, todas ellas de formas voluptuosas y muy gruesas a la vista  comparativa con las modelos anoréxicas actuales. Movían todo su ser al ritmo de los fondos propicios de la música cubana y sus sones, que llenaban gran parte de los actos musicales en las películas viejas, o bien el fondo alegre que daba el “Mambo” de Pérez Prado con las acrobacias de “Resortes” o  el “Chachachá” de Enrique Jorrín, sabrosamente bailado por “Tin tan” y la pléyade de mujeres guapas que lo rodeaban.

Su esperanza inmediata es reunir a la familia aquí en México. Quitarlos de prohibiciones y de la escasez que sufren en la Isla, agravada por el Boicot gringo o aislamiento propiciado por Castro, en donde quedó detenido el tiempo en los años de mediados de los cincuentas. Circulan los mismos carros, los edificios se han deteriorado, la Habana ha envejecido, todo ha cambiado, menos Fidel ni Raúl, aferrados al poder. Por eso salió Luís Aguilé, otro argentino radicado en Cuba, no sin antes componer esta triste canción de adiós a la Isla.

Hasta siempre: Cuba en México

Cuba no sólo nos invadió desde antes de los años treintas del siglo pasado con rumba, danzones y boleros. A fines de los cincuentas, también nos invadió con ideas de libertad y autonomía de los pueblos a dirigir sus destinos. Lázaro Cárdenas, muchos años después de haber dejado la presidencia, hizo una manifestación pública en apoyó a la Revolución Cubana, en 1959, reseñada por Elena Poniatowska, culminando con la frase: “Cárdenas es el Padre de todo esto”. Y luego en 1961, cuando la invasión de Playa Girón, defendió la Revolución hablando sobre el todo de un carro, en pleno zócalo. Y después vino “el apoyo” de Rusia, el otro Imperio en expansión y en prenda la Isla y en vilo el bienestar y la seguridad de su población, así como pasó con varios pueblos europeos: Hungría, Checoslovaquia y Rumania entre otros.

En México, poco antes del 2 de octubre de Tlatelolco, supimos de la muerte del “Che” Ernesto Guevara de la Serna, quien para ese tiempo era el indiscutible prototipo del revolucionario y líder político, en gran parte por su carisma. Guevara, se había unido al Movimiento 26 de Julio, en México, con el grupo integrado por revolucionarios cubanos exiliados a las órdenes de Fidel Castro, contra el dictador Fulgencio Batista, apoyado por los gringos. El “Granma”, salió de Tuxpan y desde la Sierra Maestra combatieron y llevaron a la Revolución Cubana al triunfo en 1959. En 1965, el “Che” reapareció en Bolivia, nuevamente en la guerrilla con los mineros. Luego fue capturado por el ejército y asesinado cerca de Vallegrande el 9 de octubre de 1967. Murió el “Che” y nació su leyenda.

En gran medida por esos ideales y la represión, algunos de los sobrevivientes del 68 y del 71, ya habían formado grupos guerrilleros como “La liga 23 de septiembre”, que actuaba en las zonas urbanas, asaltando bancos, secuestrando ricos y matando policías. El estado intensificó entonces la “Guerra sucia” y hubo más muertes y más desaparecidos. Por su parte el “Ejército de los Pobres” de Vázquez Rojas y Lucio Cabañas en la Sierra Guerrerense ya tenía más tiempo como miembro del Movimiento de Liberación Nacional y del clandestino Partido Comunista Mexicano. Lucio fue perseguido por el Ejército y murió en 1974, junto a un numeroso grupo de guerrilleros, en la región de Ocotal. Era pan de cada día la muerte. Y había un tenso clima de violencia política y gente desaparecida: campesinos, obreros, sindicalistas, luchadores sociales, maestros, médicos, ferrocarrileros y estudiantes. Echeverría en su doble discurso, apoyaba a los exiliados chilenos, que salieron de su Patria, perseguidos por los militares y la CIA, por el nefasto golpe de Pinochet y el asesinato de Salvador Allende, en la Casa de la Moneda; de Víctor Jara en el Estadio Nacional y la muerte de Pablo Neruda en Isla Negra. En Septiembre 11 de  1973 la Unidad Popular, finalmente fue derrocada, en lo que fue el último intento de la corriente socialista en América y en el mundo.

Estábamos ya en la orilla de otra época: el descenso de la opción por el socialismo, el desmantelamiento de los estados nacionalistas y la globalización, con una hegemonía más ruda de los países capitalistas, después de practicar una larga y cruel purga a los movimientos sociales de la izquierda en el mundo, a través de los ejércitos de gorilas  y cómplices gobiernos civiles, instaurando el Neoliberalismo de Reagan y Tatcher. Y después cayó la URSS, cuyo poder central era Moscú. Rusia y todo el socialismo fue desmantelado, tiempo después de la llamada “Guerra Fría”; en lo que para Moscú y Washington eran puras amenazas, para los países de América Latina, Asia y Europa Oriental, se materializaba en cruentas guerras civiles. En gran parte la debacle del socialismo fue por los muchos abusos y errores propios, que rayaron en el dogmatismo y el desvío de los postulados de Carlos Marx, Engels, Lenin y Trotzky o Mao… y la necia realidad, que nos enseña que nada sano se puede construir con represión y a costa de las libertades humanas, como Octavio Paz empezó a escribirlo años antes.  Ya casi a fines del siglo, en 1989, el Muro de Berlín fue derruido… en lo que fue el fin de toda una época y ahora sólo la Cuba de Castro permanece, tan acosada como siempre, durante más de 50 años, con sus enormes errores y sus no menos grandes virtudes. Y a nombre del socialismo se tuvo un ideal para vivir y para morir. Y a nombre del socialismo se cometieron miles de barbaridades… y cuantos y cuantos jóvenes prendaron su vida en ello.

Te amo

A principios de los 80, se dejó escuchar un nuevo tipo de música procedente de la Isla: Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, que al inicio hicieron una apología musical de la Revolución, mucha de ella con versos de José Martí, poco a poco cambiaron a música romántica con claros tintes comerciales. Yolanda (Te amo), El Breve Espacio y otras se dejaron escuchar, pero ya eran propiamente baladas comerciales. Ya para ese tiempo la Revolución Cubana había pasado a peor vida, a sus 21 años, y Fidel tan campante. El florecimiento de la Revolución en sus inicios, generó toda una corriente en pro del socialismo, a nivel mundial, que finalmente expiró a inicios de los noventas. Se llamó a ese movimiento musical “La nueva trova”. Establecía una enorme distancia con la música tradicional de Cuba, aunque esta siguió sobreviviendo en los múltiples lugares: restaurantes, cantinas, bares, tal cual fue el caso del Buenavista Social Club de “Compay Segundo”, recientemente fallecido.

La nueva música de protesta, enfocó sus baterías en contra de Fidel y Raúl Castro y los saldos de la Revolución Cubana, en franca decadencia. El  absolutismo ha matado toda esperanza. Dicen los nuevos cantores, de los apologistas de la Revolución (Milanés y Rodríguez): “Se hicieron millonarios cantándole a los pobres”. Hace pocos años, Juanes y Juan Luis Guerra, junto con Olga Tañón, cantaron en la enorme Plaza de la Revolución, sumándose a un movimiento ya incontrolable que pide cambios en la Isla, no sé si auspiciados por los recalcitrantes críticos  cubanos de Miami y ahora promovidos por Obama y el Papa argentino.

¿Tiene razón José Antonio? Sí. Ante la cruda realidad, la escasez  y la férrea dictadura de Castro. Comparto su anhelo y  su esperanza de ver siempre los grandes ojos que abrían Lizeth y Ema (“Tití”), cuando se paraban frente a los aparadores de las Tiendas Comerciales en su visita a México y se extasiaban al ver la enorme variedad de productos de todo el planeta, al alcance de la mano o del poder adquisitivo de nuestro maltratado peso, pero sin sufrir la angustia cuando “Tití” exclama: ¡Se nos acabó la sal!… la exigua ración a que los someten en la Isla.

¿Tengo razón yo en mi defensa instintiva de Cuba? Sí. Pues en mi juventud, hubo una razón para vivir y para morir. Todavía aún quedan soñadores de aquellos. Se ven con inusual boina, morral al hombro, informalmente vestidos, pero con un brillo de esperanza en los ojos, como nunca se ha vuelto a ver en esta tierra.

Brindo por todos ellos con y por  una “Cuba Libre”, cualquier cosa que esto signifique. Ω

sanchez50ruben@gmail.com

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