La capacidad de reinventar

reinventar

Enrique Kato | Economista.-

Normalmente, al escuchar la palabra reciclar en lo primero que pensamos es en la acción de procesar un material para reutilizarlo. Poco frecuente, al menos en México, es utilizar el término reciclar en la segunda acepción del diccionario, referente a capacitar. Por ejemplo, al ampliar conocimientos u obtener una nueva formación o especialidad, especialmente si una técnica se ha ido modificando y requiere una nueva preparación o formación complementaria. La Real Academia Española tiene una cuarta acepción de reciclar en donde describe la repetición de un mismo ciclo para ampliar o incrementar efectos. Para nuestra discusión esos efectos serían el obtener un mayor dominio en algún campo del conocimiento, quizá a través de la experiencia o aprendizaje en la práctica. Probablemente, estemos de acuerdo en la necesidad de cambio y, al mismo tiempo, de tener capacidad de adaptación para permanecer actualizados. Pero, qué tan frecuente debe ser este proceso.

La humanidad vivió sin cambios continuos durante cientos de generaciones según lo han documentado los historiadores económicos y tecnólogos. Se afirma que fueron prácticamente inexistentes los cambios o disrupciones que conocieron a lo largo de sus vidas las personas que vivieron en los siglos previos a la Revolución Industrial. Durante ese período, los hijos vivían prácticamente igual que sus padres o sus abuelos, con las mismas rutinas de trabajo, dedicando el tiempo libre (si lo hubiera) de forma similar y las novedades quizá lo eran en un sentido más literal. En la actualidad, una persona que habita en una ciudad media o grande, en cualquier lugar del mundo, es testigo de importantes cambios sociales y económicos cada año. Esta dinámica es la que abre una brecha con las generaciones previas, pero también con regiones rurales, especialmente las más apartadas de las grandes concentraciones poblacionales.

En nuestro día a día, somos víctimas de una oleada, aparentemente incesante, de novedades o actualizaciones que ocurren no por una necesidad verdadera, sino gestionada. Los estudiantes del área de negocios aprenden que la obtención de ganancias surge cuando un cliente compra no una vez, sino repetidas veces, es decir, cuando un cliente es recurrente. Una mejor atención y satisfacción del usuario es el proceso natural para que un cliente regrese en el sector de servicios, como hoteles o restaurantes. No obstante, en el ámbito comercial y de fabricación de mercancías se diseña la obsolescencia planeada, que significa un ciclo de vida predeterminado para que al cabo de semanas o meses tengamos la necesidad de reponer nuestros productos sea por descompostura o para actualizar nuevas características. Sea que este ciclo de obsolescencia ocurra en ropa poco durable, en automóviles que se descontinúan rápido o incluso en películas que tienen muchos episodios. Son varios los casos recientes que recurren a la estrategia de dividir el final de una saga en episodio final parte 1 y parte 2 para incrementar los ingresos al doble con la ventaja de que casi no aumentan los costos.

La economía del conocimiento ocurre cuando las empresas combinan computadoras de alta capacidad y personas preparadas: Ian Brinkley

Nadie calificaría como innovación a los productos que surgen de la obsolescencia planeada. De hecho, existen analistas que también descalifican las innovaciones que son nuevas únicamente para las empresas. Para estos analistas una innovación en una empresa, que no lo es en la región, es un proceso de imitación y no necesariamente una creación en sí. Partiendo del adagio que el sol sale para todos, la imitación permite mejorar la situación de la mayoría sin que los innovadores pierdan sus fórmulas de éxito. Esta condición se cumple aunque haya muchos detalles desde la perspectiva legal o de propiedad intelectual. Un aspecto interesante es que la creación es un proceso colectivo que sobrepasa por mucho las fronteras de una empresa, por muy grande que ésta sea. Se recuerda que Isaac Newton dijo: si he visto más lejos es porque estoy parado en hombres de gigantes.

Un sentir popular es que toda la información está disponible al alcance de un clic y no hace falta mucho para ser líder de una tendencia. En cierto sentido esta afirmación es verdadera. Existe consenso en que la experiencia laboral, a la par de la escolaridad, sirve como proceso para detonar el potencial económico y tecnológico. En esta etapa inicial de creación se intenta recolectar la mayor cantidad de información disponible y ponerla al servicio de las necesidades de cada persona o empresa. Un famoso macroeconomista dijo que las primeras investigaciones de los estudiantes de posgrado no son propiamente creaciones sino reinvenciones; sólo con el tiempo se dominan las herramientas y procesos de la creación, en este caso, de conocimiento académico. Se esperaría entonces que en las organizaciones empresariales con áreas de investigación y desarrollo, con personal calificado, presupuesto propio, etcétera, se produjeran más innovaciones. Con datos de Irlanda, los profesores Stephen Ropera y Nola Hewitt-Dundas (2015) hallaron que esta fórmula de esfuerzos de investigación dentro de las organizaciones es efectiva, especialmente al combinarlos con socios externos.

Ciertamente la probabilidad de imitación es mucho mayor entre más cercanos territorialmente se encuentren las personas, pero los esfuerzos de innovación no permanecen dentro de los límites de las empresas innovadoras, ni siquiera dentro de sus regiones geográficas. Algunos economistas han realizado cálculos para determinar si el esfuerzo de innovación de un país puede incrementar la productividad en otro. La evidencia es favorable según la reportan David Coe y E. Helpman (1995) usando cifras de investigación y desarrollo (I+D) y comercio internacional. A primera vista, parecería que se trata de un proceso fácil e instantáneo.

Dos razones por las que innovar suele ser complicado. Primero, el mecanismo para convertir una idea en un producto o resultado concretos está inmerso en una serie de tareas de prueba y error, donde la experimentación conlleva incertidumbre y probabilidad de fracaso, al igual que costos y tiempo para madurar y consolidar. Segundo, las investigaciones muestran que los cambios o innovaciones que toman lugar en una empresa requieren, además de tiempo, inversiones adicionales para reconfigurar procesos y obtener bienes complementarios. Los gastos adicionales pueden ser incluso del mismo monto que la inversión principal. Respecto al período para ver los beneficios, Walter Powell y Kaisa Snellman (2004) citaron que el rendimiento productivo de las computadoras en los centros de trabajo fue positivo en el corto plazo, pero que los rendimientos al plazo de tres y siete años se multiplicaron por dos y ocho, respectivamente.

El epígrafe de esta sección es atribuida a Les Luthiers. En una versión actual del epígrafe quizá se reemplazaría el teléfono por tener a la persona indicada en facebook. Considero que esta es la circunstancia que se vive en los estados del sur y sureste mexicano. El Banco de México publicó una encuesta sobre innovación en su Reporte sobre las economías regionales (octubre – diciembre, 2015). La característica en común en todo el país fue que el principal obstáculo para innovar son los elevados costos que conlleva. Por su parte, la característica distinta de la región sur de México es la dificultad para hallar personal calificado con la cual desarrollar la innovación. Esta escasez de talento es el doble en comparación a cualquier otra región del país. Por lo tanto, la falta de innovación, en las zonas de menor desarrollo, se detiene en la primera etapa de gestación por falta de expertos, incluso aunque hubiera la información necesaria y los recursos financieros para ello.

Para la región del centro de país, el estudio de Banco de México reveló que el principal obstáculo para innovar fue la falta de financiamiento. Comparado con el sur, en la región centro hay más facilidad para disponer de instalaciones y personal necesarios para lograr el éxito innovador. No obstante, al reconocer como obstáculo el financiamiento, esto implicaría, por una parte, la existencia de mercados con poder de compra suficiente para cubrir los costos de la innovación y, por otra, aversión al riesgo, concepto para denotar a quienes evaden invertir en proyectos con alta incertidumbre. De hecho, lo normal es que seamos adversos al riesgo, quizá por ello la mayoría de las innovaciones no son radicales sino mejoras incrementales.

En el estudio de Stephen Ropera, et al. (2015) se encontró que las empresas que innovan teniendo como socio a los usuarios (clientes o compradores) suelen tener mayores ventas. Un resultado menos favorable se obtuvo cuando la fuente tecnológica de la innovación era el proveedor. Sin lugar a dudas, en ambos casos, se trata de avances, independientemente de si se logra mediante imitación o innovación. Otros autores reportan innovaciones quizá menores, que pudieran clasificarse como no convencionales, en organizaciones que trabajan por proyectos en ambientes con recursos escasos, como en la arquitectura, la ingeniería o la construcción. La fuente para estas innovaciones la conceptualizan como bricolaje, en el sentido de resolver una situación a partir de los pocos elementos disponibles. El resultado es poder ofrecer un servicio diferente con base en una recombinación de recursos. La idea que destaca es que la empresa usuaria percibe como de mayor calidad el servicio recibido. Existen cinco características deseables en las actividades dedicadas a la creación de conocimiento, según el manual de Frascati, éstas son: novedad, creatividad, incertidumbre, sistematicidad y reproducibilidad. Lo más importante es que mantengamos la capacidad de reinventarnos, la búsqueda de conocimiento y la difusión para un mayor bienestar. Ω

enriquekato@uaq.mx,

Google.com/+EnriqueKato

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