Querétaro Sucio

sucio
Fotos: Víctor Xochipa

Pedro Sáenz Martínez | M en C.-

Reza el viejo refrán:…”la educación no se aprende, ¡se mama!”.

En efecto, afirman los pedagogos que más del 90% de la educación del ser humano se adquiere en el hogar, el resto en la escuela. Esa buena moral que nos es inculcada por nuestros padres, incluye el cuidado del lugar en donde vivimos, es decir, del hogar, el barrio, la ciudad, y por ende, el país y el planeta.

Querétaro fue fundada desde el virreinato, se dice que en virtud de que en esa época no existía un “servicio de limpia” como ahora lo conocemos, sus habitantes no mataban a los buitres, zopilotes y otras aves carroñeras, porque eran ellas quienes se encargaban de limpiar, comiendo una serie de desperdicios que desde esos tiempos eran  generados por la población humana.

Los gobiernos queretanos han hecho esfuerzos para recolectar la basura, transportarla, clasificarla y depositarla en lugares destinados ex profeso para ese fin, alguna es posible reciclarla, otra reutilizarla con fines agrícolas u otros, y otra simplemente pasa a ocupar un espacio, por cierto cada vez más grande. De igual manera, colocan recipientes de todo tipo en lugares públicos, invitando a la población a depositar ahí y no en otros sitios su basura. También se hacen campañas públicas permanentes, para orientar a los habitantes en diversos hábitos de higiene para prevenir enfermedades.

Sin embargo, todavía nos falta adoptar como una costumbre propia, la limpieza.

Es así que en diversas escuelas del estado, se llevan a cabo, medidas concernientes para re-educar a los alumnos (y algunos maestros), y fomentar de esta forma, una cultura de la limpieza.

Existe también un Programa de ordenamiento ecológico, por cierto, poco difundido y por lo tanto desconocido por el grueso del pueblo, de tal manera que los pobladores no podemos darle seguimiento y menos exigir su cumplimiento.

Ofende observar diariamente, múltiples muestras de desaseo en las calles y en las escuelas, pero no solamente porque no coincida con nuestra forma de actuar, sino porque finalmente se revierte (tarde o temprano) en nuestra contra, obstruyendo drenajes, desagües, pasos peatonales y vehiculares, pasillos y salones, jardines, etc., contaminando y contribuyendo a deformar el paisaje e interrumpir la recreación en el ambiente.

La Educación Ambiental debe comenzar en el jardín de niños, (no después) y reafirmarse en los niveles de educación posteriores. Es una actividad formativa que nos puede permitir revertir la dinámica de deterioro ambiental en la que estamos todos inmersos.

Indudablemente que en el marco de referencia de esta compleja situación de “crisis ambiental” (calentamiento global), los factores económicos y políticos forman una parte muy importante, pero como dice el refrán:…”la educación por la casa empieza…Ω

psaenzmartinez@yahoo.com

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