Una economía humana, al servicio del 99%

Oxfam México   | ONG.-

Necesitamos construir juntos un nuevo consenso y dar la vuelta a esta situación para diseñar un modelo económico cuyo principal propósito sea estar al servicio del 99% de la población, no de los intereses del 1% más rico. Quienes primero deberían beneficiarse de esta nueva economía son las personas en situación de pobreza, independientemente de si viven en Uganda o en Estados Unidos. La humanidad tiene un talento increíble, una enorme riqueza y una imaginación infinita. Debemos emplear estos recursos para trabajar en la construcción de una economía más humana que beneficie al conjunto de la ciudadanía, y no sólo a unos pocos privilegiados.

Una economía humana daría lugar a sociedades mejores y más justas. Garantizaría empleos estables en los que se pagarían salarios dignos. Nadie viviría con miedo a caer enfermo por no poder asumir el coste. Todos los niños y niñas tendrían la oportunidad de desarrollar su potencial. Nuestra economía florecería dentro de los límites de nuestro planeta, y permitiría que las generaciones futuras recibieran un mundo mejor y más sostenible.

Los mercados son un motor esencial del crecimiento y la prosperidad, pero no podemos seguir aceptando la falacia de que es el motor quien dirige el coche o quien decide en qué dirección se debe avanzar. Los mercados deben gestionarse con prudencia en aras del bien común, de manera que los beneficios del crecimiento se “distribuyan de forma equitativa, garantizando además tanto una respuesta adecuada ante el cambio climático como la prestación de servicios sanitarios y educativos a la mayoría de la población (en especial, aunque no exclusivamente, en los países más pobres).

Una economía humana debería contar con una serie de elementos básicos cuyo objetivo sea abordar los problemas que han contribuido a generar la actual crisis de desigualdad. Este informe es tan sólo un primer paso a la hora de esbozar estos problemas fundamentales, aunque sienta las bases sobre las que se empezará a construir una economía humana en la que:

1. Los Gobiernos trabajarán a favor del 99% de la población. Un Gobierno que rinde cuentas ante la ciudadanía y antepone sus necesidades es el arma más importante para luchar contra la desigualdad extrema y la clave de una economía humana. Los Gobiernos deben escuchar al conjunto de la ciudadanía, no sólo a una minoría más poderosa y a sus lobistas. Es necesario revitalizar el espacio que ocupa la sociedad civil, especialmente para que se hagan oír las voces de las mujeres y de los colectivos excluidos. Cuanto mayor sea la rendición de cuentas de nuestros Gobiernos, más justas serán nuestras sociedades.

2. Los Gobiernos no sólo competirán, sino que cooperarán entre sí. La globalización no puede seguir siendo una implacable “carrera a la baja” en materia de fiscalidad y derechos laborales, al servicio exclusivo de los que más tienen. Debemos poner fin a la era de los paraísos fiscales de una vez por todas. Los países deben cooperar, en pie de igualdad, en la construcción de un nuevo consenso mundial y en la creación de un círculo virtuoso que garantice unas condiciones salariales dignas, la protección del medio ambiente y un sistema fiscal justo.

3. Las empresas operarán en beneficio de toda la población. Los Gobiernos deben apoyar modelos empresariales que impulsen claramente el tipo de capitalismo que beneficia al conjunto de la población y que construye un futuro más sostenible. Los beneficios de la actividad empresarial deben ir a parar a quienes contribuyeron a generarlos y los hicieron posibles: tiene que producirse un retorno justo al conjunto de la sociedad, los trabajadores y trabajadoras y las comunidades locales. Es necesario poner fin al lobby empresarial depredador y al secuestro de los procesos democráticos. Los Gobiernos deben garantizar que las empresas paguen salarios dignos a sus trabajadores y trabajadoras, que tributen lo que les corresponde y que asuman la responsabilidad de su impacto sobre el planeta.

4. Acabar con la concentración extrema de la riqueza para acabar con la pobreza extrema. La “edad dorada” que vivimos en la actualidad está socavando nuestro futuro, y debe llegar a su fin. Debemos lograr que los más ricos contribuyan equitativamente a la sociedad y no permitir que disfruten de privilegios injustos. Para ello, deben tributar lo que les corresponde: debemos recuperar y/o elevar los impuestos tanto sobre el patrimonio como sobre las rentas más altas, a fin de garantizar un sistema más progresivo, y acabar con la evasión y elusión fiscal de las grandes fortunas.

5. Una economía humana beneficiará tanto a hombres como a mujeres. La igualdad de género estará en el centro de la economía, garantizando que ambas mitades de la humanidad tengan las mismas oportunidades en la vida y puedan desarrollarse y llevar una vida plena. Los obstáculos al avance de las mujeres, como el acceso a la educación y a la atención sanitaria, desaparecerán de una vez por todas.

Las normas sociales no deben determinar el papel que desempeñe la mujer en la sociedad; y, en particular, se debe reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado.

6. Los recursos tecnológicos se aprovecharán en beneficio del 99% de la población. Las nuevas tecnologías tienen un enorme potencial para mejorar nuestras vidas. Pero esto solo será posible con una intervención activa por parte de los Gobiernos, especialmente en lo que se refiere al control de la tecnología. Las investigaciones respaldadas desde el sector público ya han dado lugar a algunas de las mayores innovaciones de los últimos tiempos, como por ejemplo los móviles inteligentes (smartphone). Los Gobiernos deben intervenir para garantizar que la tecnología contribuya a reducir la desigualdad, no a incrementarla.

7. La economía humana funcionará con energías renovables. Los combustibles fósiles han impulsado el crecimiento económico desde la era de la industrialización, pero son incompatibles con una economía cuya prioridad sean las necesidades de la mayoría de la población. La contaminación atmosférica generada por la combustión de carbón provoca millones de muertes prematuras en todo el mundo, y la destrucción que produce el cambio climático afecta en mayor medida a las personas más pobres y vulnerables. Las energías renovables y sostenibles pueden ofrecer acceso universal a la energía e impulsar un crecimiento que respete los límites sostenibles de nuestro planeta.

8. La economía humana valorará y cuantificará lo verdaderamente importante. Más allá del PIB, debemos medir el progreso humano utilizando los muchos métodos de medición alternativos que existen. Estas nuevas formas de medir el progreso deben contemplar íntegramente el trabajo no remunerado que llevan a cabo las mujeres en todo el mundo, y reflejar no sólo la magnitud de la actividad económica, sino también la distribución de la renta y la riqueza. Asimismo, deben estar estrechamente vinculadas a la sostenibilidad, contribuyendo a construir un futuro mejor tanto ahora como para las generaciones futuras. Esto nos permitirá cuantificar el verdadero progreso de nuestras sociedades.

Es posible avanzar hacia una economía más humana.  Podemos y debemos construir una economía más humana antes de que sea demasiado tarde. Ω

http://www.oxfammexico.org/wp-content/uploads/2017/01/bp-economy-for-99-percent-160117-es.pdf

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